Desde que la cápsula de la sonda espacial japonesa Hayabusa 2 aterrizó en el desierto australiano con muestras del asteroide Ryugu a finales de 2020, los análisis de esa lejana roca espacial no han dejado de asombrar a los científicos. La enorme cantidad de información … que está facilitando esta roca oscura, con forma de peonza y de apenas 900 metros de diámetro es, de hecho, una fuente inagotable de información sobre los remotos orígenes de nuestro Sistema Solar.
Los ejemplos abundan. Hasta ahora, y gracias a los granos de polvo y roca arrancados de la superficie de Ryugu por la sonda nipona hemos sabido, por ejemplo, que contienen polvo estelar más antiguo que el propio Sistema Solar, e incluso hemos encontrado diminutas gotas de agua carbonatada en su interior. Estudios recientes, como los que revelan que el magnetismo de las muestras de Ryugu conservan un registro intacto de hace más de 4.500 millones de años, demuestran que este asteroide es una auténtica ‘cápsula del tiempo’ que nos permite asomarnos a una época violenta y caótica, justo cuando los planetas estaban empezando a formarse.
Las cinco letras de la vida
Pero la noticia de hoy nos lleva un paso más allá, porque se adentra de lleno en uno de los mayores misterios de la ciencia: el origen de los componentes de la vida. Un nuevo artículo recién publicado en ‘Nature Astronomy‘, acaba de revelar que en las entrañas de Ryugu se esconde la colección completa del ‘alfabeto’ genético. Un equipo de investigación japonés, en efecto, ha encontrado las cinco bases nucleicas (o nucleobases) canónicas que forman los componentes básicos del ADN: adenina, guanina, citosina, timina y uracilo (A, G, C, T, U).
Con las múltiples combinaciones de esas únicas cinco letras, se ‘escriben’ el ADN y el ARN (aunque este último no utiliza la timina), que son los inmensos manuales de instrucciones que le dicen a cada célula de nuestro cuerpo cómo debe construirse y funcionar.
El hallazgo arroja nueva luz sobre cómo llegaron a nuestro planeta los ingredientes clave para nuestro origen
Por eso, encontrar todas las piezas en un asteroide que lleva miles de millones de años flotando en el vacío espacial constituye todo un hito para la ciencia. Es cierto que anteriormente ya se había detectado uracilo y algunas vitaminas (como la niacina) en Ryugu, pero las diminutas cantidades de muestra analizadas habían impedido tener la foto completa. Ahora, gracias a la mejora en las técnicas de extracción química y el uso de espectrometría de masas de altísima resolución, los investigadores han podido confirmar la presencia de las cinco bases.

La historia de Ryugu muestra la detección de las cinco nucleobases canónicas en las muestras tomadas en el asteroide Ryugu por la misión Hayabusa 2.
(JAMSTEC)
‘Recetas’ diferentes
Pero el estudio no se detiene ahí. De hecho, los científicos también compararon las muestras de Ryugu con las del asteroide Bennu (traídas por la misión OSIRIS-REx de la NASA) y con meteoritos caídos en la Tierra, como los famosos meteoritos Orgueil o Murchison.
Y lo que descubrieron es que cada cuerpo celeste tiene su propia ‘receta’. En Ryugu, la proporción entre las familias de purinas (adenina y guanina) y pirimidinas (citosina, timina y uracilo) es casi de empate técnico (una proporción cercana a 1:1). Sin embargo, en el meteorito Orgueil y en el asteroide Bennu ganan por goleada las pirimidinas, mientras que en el meteorito Murchison dominan las purinas.
Encontrar el ‘alfabeto’ genético completo en una roca que lleva miles de millones de años flotando en el espacio helado es un hito sin precedentes
¿Por qué se dan estas diferencias si todos son asteroides primitivos? Los investigadores hallaron que esa proporción está íntimamente ligada a la cantidad de amoniaco presente en el entorno durante su formación. Es decir, el ambiente químico y la abundancia de ciertas moléculas en el cuerpo progenitor determinaron qué ‘letra’ de la vida se fabricaban con mayor facilidad bajo la radiación espacial.
En favor de la panspermia
«La detección de diversas bases nucleicas en materiales de asteroides y meteoritos -escriben los autores- demuestra su presencia generalizada en todo el Sistema Solar y refuerza la hipótesis de que los asteroides carbonáceos contribuyeron al inventario químico prebiótico de la Tierra primitiva». Ante afirmaciones como esta es fácil dejarse llevar por la imaginación y pensar que la vida, tal y como la conocemos, vino directamente del espacio exterior (una teoría conocida como panspermia). Pero muchos expertos llaman a la prudencia y a fijarse en los verdaderos tesoros químicos que esconde el estudio.
El entorno químico y la abundancia de amoniaco determinaron qué ‘letras’ de la vida se fabricaban con mayor facilidad en cada roca bajo la radiación cósmica
Es el caso de César Menor Salvan, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá. «Lo primero que hay que tener en cuenta -advierte el científico español- es que estos resultados no dicen que el origen de la vida tenga lugar en el espacio, ni que sea necesario que los materiales para que la vida comenzara vinieran del espacio. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que este trabajo no nos explica nada sobre el origen de la vida. No responde a ninguna de las preguntas pendientes sobre el origen de la vida, del mismo modo que si encuentras arena, arcilla y rocas en el campo no explicas el origen y evolución de la arquitectura o de la cerámica».
Para Menor Salvan, el valor real de este trabajo reside precisamente en que confirma las sospechas de los astrobiólogos. «Los resultados no son sorprendentes ni novedosos -asegura- y ahí precisamente radica su interés. Son resultados consistentes con todo lo que sabíamos y se había visto anteriormente. ¡Eso es lo bueno! Lo que nos dice es que podemos predecir la composición de estos materiales y, con esto y los resultados de Bennu, tenemos una idea muy clara de cuáles son los materiales orgánicos que pueden formarse en condiciones prebióticas en cualquier lugar del Universo».
Con todo, el nuevo estudio no explica el origen de la vida, del mismo modo que encontrar arena y arcilla en el campo no explica el origen de la arquitectura
En definitiva, el oscuro polvo de Ryugu no contiene microbios ni organismos vivos, pero sí todas las piezas que se necesitan para construirlos. Piezas que, a bordo de miles de asteroides, llovieron sobre los océanos de la Tierra joven, aportando a la ‘sopa primordial’ los ingredientes necesarios para que, en algún momento y por procesos químicos que aún intentamos desentrañar, la vida pudiera surgir. Nada mal, para tratarse de una sola roca…
