Martes, 17 de marzo 2026, 20:35

| Actualizado 22:19h.

Donald Trump tiene en el punto de mira a Cuba y también a quien lleva ocho años al frente del país caribeño, Miguel Díaz-Canel. «Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Liberarla o tomarla, la verdad es que podría hacer con ella lo que quisiera, si le digo la verdad», reconocía el lunes. El presidente de Estados Unidos ha afirmado en varias ocasiones que miembros de su círculo están en contacto con La Habana, y el diario ‘The New York Times’ avanza este martes que una de las principales exigencias del republicano es la dimisión del presidente cubano, cuyas raíces asturianas nunca ha ocultado. Su intención con ello, según el periódico estadounidense, no sería un cambio de régimen, sino un régimen que se pliegue ante el magnate como en el caso de la Venezuela de Nicolás Maduro.

Cuando Raúl Castro decidió en 2013 que Díaz-Canel sería el vicepresidente de su Gobierno, lo presentó a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la siguiente manera: «No es un advenedizo, tampoco un improvisado». Aquella frase encerraba mucho contenido para un régimen, el cubano, tan sensible a la simbología de las palabras. Raúl Castro, con esa frase, venía a decir, salvando lógicamente el contexto histórico y político, lo que el general Francisco Franco había dicho en aquel mensaje de Navidad de 1969, cuando pronunció aquello de «todo está atado y bien atado». Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdezes un hombre nacido, criado y doctorado en el Partido Comunista de Cuba (PCC), por lo tanto, como bien decía Raúl, no es un advenedizo y tampoco un «improvisado», porque con él en el poder se aseguraba la continuidad del castrismo, pero sin los Castro.

Miguel Mario Díaz-Canel (20 de abril de 1960) nació en Placetas, en la provincia de Villa Clara. Es ingeniero electrónico y comenzó su carrera profesional en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Dejó el ejército en 1985, licenciándose con el grado de capitán.

Díaz-Canel tiene raíces asturianas. Es bisnieto de un castropolense, Ramón Díaz-Canel, que a mediados del siglo XIX emigró a Cuba, entonces provincia española de ultramar. Allí, en La Habana, este asturiano fundó una fábrica de muebles, La Perla, que acumuló gran fama en la capital de la mayor de las Antillas.

Aunque es asturiano de tercera generación, siempre manifestó mucho interés por saber la historia de su familia. «Conocía Asturias y sabía bien lo que aquí pasaba», comentaba hace años el exconcejal de IU en Gijón Jesús Montes Estrada.

El exedil conoció personalmente al presidente del país caribeño. Fue en noviembre de 2013, en los funerales en memoria de un veterano de Sierra Maestra –zona montañosa donde comenzó la revolución liderada por Fidel– en el cementerio de Colón, a los que el exconcejal gijonés había sido invitado. «Me lo presentaron y me contó la historia de su familia, que eran originarios de Castropol. Me sorprendió el grado de conocimiento que tenía de Asturias sin haber estado en ella nunca», recuerda Montes Estrada. «Recordaba, incluso, hasta las ayudas de cooperación que desde el Ayuntamiento de Gijón se concedían a las entidades cubanas siendo yo concejal», añadía.

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