El 7 de junio de 1933 era miércoles. Ese día, desde sus estudios de calle Lazcano, comenzó sus emisiones EAJ-9 Radio Málaga, convirtiéndose en … la segunda emisora existente en la capital –la primera fue EAJ-25– y la tercera de la provincia. Nacida al calor de la legislación aprobada por la Segunda República para impulsar la radiodifusión con la concesión de 62 nuevas licencias, su propietario y director fue Ricardo Puente Rodríguez, ingeniero superior de telecomunicaciones y oficial de Correos y Telégrafos. La emisora fue testigo de los acontecimientos históricos vividos en España en la década de los años treinta del pasado siglo y protagonista de los mismos ya que fue incautada, primero por las autoridades republicanas tras el estallido de la Guerra Civil y, posteriormente, tras la toma de Málaga en febrero de 1937, por la tropas franquistas, pasando a ser una de las estaciones que dio lugar a Radio Nacional de España. Su dueño nunca fue resarcido por esta apropiación y ahora su historia es rescatada del olvido.

Lo ha hecho el periodista Francisco García, una de las voces históricas de la radiodifusión malagueña y un apasionado de este medio, quien tras quince años de investigación publica la obra ‘Carne de Radio. Historia de un botín de la Guerra Civil en Málaga’, editada por el grupo educativo Novaschool, con prólogo del catedrático de Periodismo Juan Antonio García Galindo y que en sus 430 páginas –donde se recogen casi 900 anotaciones documentales y 160 ilustraciones gráficas– recorre la trayectoria y las vicisitudes de esta emisora y sus integrantes con revelaciones inéditas que contribuyen a conocer la historia de la radio y de Málaga. Un libro que se presenta este miércoles el Museo de la Aduana a pocos días de que el próximo 27 de marzo se cumpla un siglo del inicio de las emisiones de radiofónicas en la provincia con EAJ-25.

Ricardo Puente, en una imagen recogida en el libro.

Ricardo Puente, en una imagen recogida en el libro.

Sur

El libro, cuya portada es una recreación hecha por el dibujante Ángel Idígoras, recoge la trayectoria de Puente Rodríguez, integrante de Izquierda Republicana, quien tras sufrir la represión de los elementos más extremistas del Frente Popular como de los sublevados, llegó a ser juzgado en dos ocasiones por idéntico delito –rebelión militar– siendo absuelto en la primera y sentenciado a muerte en la segunda, aunque esta pena le fue conmutada por la de prisión cumpliendo seis años en varias cárceles. Paralelamente, se le abrió un expediente de responsabilidad civil por el que le fueron incautadas todas sus propiedades, aunque tiempo después, tras una revisión, le fueron devueltas todas menos una, EAJ-9, que ya estaba bajo la tutela de RNE, pasando sus estudios durante unos años a la Aduana. Asimismo, se le inhabilitó su reincorporación profesional por lo que tuvo que volver a opositar para lograr entrar en Telefónica.

Sentenciado a muerte

La investigación de García revela que tras su fallecimiento en 1981 su hijo Fernando presentó un recurso de casación ante la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo que anuló la sentencia de muerte de su padre, «siendo hasta hoy el único fallo de tales singularidades en la historia de la jurisprudencia española», según destaca el autor. Este fallo judicial sería, posteriormente recogido en un informe elaborado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre la reparación de la justicia en tiempos de guerra. Sin embargo, ni Ricardo Puente Rodríguez ni sus familiares recuperaron ni fueron resarcidos por la incautación de EAJ-9.

Tampón de la emisora.

Tampón de la emisora.

Sur

Una emisora de la que formaron parte, según se recoge en el libro, como primer ‘speaker’ Francisco Morales López, periodista que fundó la revista ‘La Saeta’; como técnico Eduardo Lorca del Rosal, que había sido pionero de la radiodifusión chilena; o Porfirio Smerdou, aficionado al a radio y cónsul de México en Málaga.

La obra desvela también el relevante papel jugado por Antonio Martínez Nieto en el fracaso del golpe del 18 de julio de 1936 en Málaga

Otra de las aportaciones de esta investigación es desvelar por primera ver el papel jugado por Antonio Martínez Nieto, colaborador de la emisora y que profesionalmente era telegrafista de Italcable, en el fracaso en Málaga del golpe de Estado de 1936. Y es que este izquierdista, por su trabajo y gracias a sus compañeros de Ceuta y Melilla, conoció en la tarde del 17 de julio el alzamiento de las tropas en Marruecos y dio cuenta a las autoridades republicanas para que estuvieran alerta y al día siguiente sofocar la sublevación de los militares malagueños. El libro sigue el hilo de la vida de novela de Martínez Nieto durante la Guerra Civil y la posguerra hasta que comenzó a trabajar para los estadounidenses por su conocimientos en telecomunicaciones. Pero esa ya es ‘carne’ de otra historia.