El padre de Dionisio Ramos tenía un quiosco de almendras garrapiñadas, bombones y frutos secos frente al Teatro Principal. Durante las entradas, salidas y descansos de las obras, él, que era el menor de sus tres hermanos, las vendía pizpireto en el patio de butacas. Con siete años ya se quedó maravillado por ese mundo. Pero… ¿Quién fue Dionisio Ramos? Así se titula un capítulo de Don Paco Martínez Soria. Aplausos y mutis, la biografía que Óscar Abad ha escrito del actor aragonés. De «pieza clave en su vida y su obra» le cataloga el autor. Y no exagera. Porque este burgalés se pasó 23 años al lado del célebre cómico. Fue su «mánager, secretario, apoderado, gerente, contable…, pero, sobre todo, amigo y sombra fiel desde 1959». De él dijo el propio Martínez Soria en una entrevista en julio de 1974: «Es como de mi familia y no me preocupo del negocio para nada. Él lleva absolutamente todo (…)». Y, sin embargo, ahora mismo en su ciudad para la mayoría se trata de un desconocido. Para sacarle de ese olvido y al hilo del centenario de su nacimiento, su familia orquesta un homenaje este sábado en la Sala Polisón (19 h., entrada libre), que se hará extensivo al protagonista de películas como La ciudad no es para mí, ¡Se armó el Belén! o Don erre que erre. Se presentará el libro y se estrenarán dos vídeos, uno sobre cada una de estas dos figuras. Tanto monta…
Siempre a mano para salir al escenario, a los 11 años, el padre de Plácido Domingo, dueño de una compañía de zarzuela, le ofreció una frase en Agua, azucarillos y aguardiente. Tenía que decir ‘Yo quiero mearrrrrrr’. «Este fue el primer papel de su vida», desvelan sus sobrinos Enrique y Joaquín Ramos, quien heredó esa vena dramática, pues actuó en Ágora Teatro muchos años.
Ese debut continuó con otras apariciones fugaces o solo para hacer bulto. Ahí siempre se encontraba Dionisio, que incluso llegó a trabajar en el Principal a las órdenes del empresario Mariano Sáez antes de que lo declararan en ruina.
La Guerra Civil marcó un antes y un después en su vida. Con 17 años, ya metido en el arte de Talía, dejó su ciudad y giró como actor de reparto en relevantes compañías, como las de Enrique Rambal, Tina Gascó o Mary Delgado. Se asentó cuando Conrado Blanco, empresario de origen burgalés, le encomendó la gerencia de la suya y del Teatro Lara de Madrid. Alternaba esta labor con la escritura de sus propias piezas teatrales. La primera se tituló La cigarrera de Madrid. «Era un dramón impresionante», anota Joaquín, quien leyó en algún momento una copia que se traspapeló y hoy está perdida.
De gira en Barcelona, en 1959 coincide con Martínez Soria. Le ofrece la gerencia de su compañía y de todos sus negocios. Acepta y al mismo tiempo escribe y adapta comedias para el intérprete: Te casas a los 60… ¿Y qué?, que se llevó al cine, Que se deja usted el paraguas, El gran testarudo, Que mala sangre tienes…
Potaje, fútbol y San Pedro. Muchas de estas obras se estrenan en los Sampedros, en el Avenida y en el Gran Teatro. Solían tirarse una semana en cartel «a teatro lleno todos los días». Y en ese tiempo, Joaquín y Enrique compartieron mantel con su tío y Martínez Soria. «Le encantaba Burgos, la ciudad, la gente… Era una gozada. Siempre que venía iba a comer a casa. Primero mi abuela Flora y luego mi madre, Dolores, le preparaban un potaje de Burgos…», rememoran los dos hermanos, que también recuerdan «perfectamente» como cita fija los famosos cangrejos en La Ventilla y el café o un vermucito en el Rhin.
En su memoria ambos aparecen como «personas entrañables». Desmienten la mala leche que persigue al aragonés. Otra cosa, dicen, es su exigencia en el trabajo. «Quería que las cosas salieran redondas», observan estos testigos privilegiados entre cajas de las funciones. «Nada más salir a escena, ya le estaban aplaudiendo».
Cuentan que su tío era «serio, afable, con nosotros muy cariñoso, aunque no lo era tanto en general, y muy desprendido». Destacan que siempre presumió de burgalés, fue seguidor del Burgos CF, los hizo socios «y siempre que podía iba al campo», y aficionado a los toros.
La muerte de Martínez Soria en 1982 deja varado a Ramos. Dos años después, retoma su actividad, por poco tiempo. Mientras ensayaba Guárdame el secreto, Lucas con la compañía de Antonio Garisa, un infarto acaba con su vida en 1985. Tenía 58 años. El 3 de junio hubiera cumplido los 100.