Pudo sacar algo positivo de su dramática historia de adolescente encerrada en un campo de concentración en EE UU por ser hija de emigrantes japoneses … durante la Segunda Guerra Mundial, una discriminación que supuso incluso que le negaran el título de estudios universitarios por su condición. Ruth Asawa (Norwalk, California, EE UU, 1926-2013) construyó su creatividad en base a sus vivencias, como el viaje a México donde aprendió las técnicas de cestería que utilizó para crear sus aclamadas esculturas de alambre infinito. Y llegó a saborear el éxito pronto dentro de aquel país, profeta en la tierra que al principio la negó. Un aplauso que ha ido creciendo hasta alcanzar el ámbito internacional y que ha obtenido recientemente en los museos MoMA de San Francisco y Nueva York, desde donde llegan las 250 piezas que componen la exposición que el Guggenheim ofrece hasta el 13 de septiembre, la primera gran retrospectiva dedicada en Europa a esta artista revolucionaria que recorre todas las aristas de sus seis décadas de trabajo.

Ruth Asawa con dos de sus hijos delante de las puertas de madera de secuoya de su casa que se exponen en el Guggenheim.

Ruth Asawa con dos de sus hijos delante de las puertas de madera de secuoya de su casa que se exponen en el Guggenheim.

E. C:

Así lo confirmaban este miércoles en la presentación de la muestra Janet Bishop y Cara Manes, curadores del MoMa de San Francisco y del de Nueva York, respectivamente, quienes, sin aportar datos concretos de visitantes, sí explicaron cómo la exposición de Asawa en ambos centros ha sido la más visitada desde que irrumpiera la pandemia. «En San Francisco ha sido la muestra más recomendada por el público», aseguró Bishop, mientras que Manes señaló cómo los artistas que la han disfrutado han destacado la inspiración obtenida para sus propios procesos creativos. En la rueda de prensa estuvieron también Geaninne Gutiérrez-Guimarães, curator del Guggenheim Bilbao; y Miren Arzalluz, su directora.

Calas.

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L. A. G.

Entre las 120.000 personas de ascendencia japonesa que sufrieron con ella el encierro en aquel campo de concentración, en su caso 18 meses, había dibujantes que habían trabajado para la Disney y le enseñaron los primeros pasos hacia una carrera prolífica y original. Las salas del Guggenheim Bilbao recibirán a los visitantes llenas de la delicadeza y elegancia de sus propuestas, no solo de las esculturas de alambre infinito entrelazado que alguien le ofreció vender como objetos decorativos para los hogares estadounidenses (y no aceptó), sino de sus acuarelas y litografías de flores y árboles y de las curiosas creaciones geométricas con papiroflexia. Un arte que enseñó a los seis hijos que tuvo con su marido, el arquitecto estadounidense, Albert Lanier, al que conoció en el Black Mountain College, una escuela de arte progresista que la aceptó sin problema pese a sus orígenes.

EnriquePortocarrero

En el Guggenheim también se pueden admirar algunas de las caras de arcilla que creó con moldes reales de sus hijos y de amigos y conocidos que le visitaban en su casa de San Francisco, cuyas puertas en madera de secuoya también están en la exhibición de Bilbao. Hay muchas fotografías de ella, de su familia y su hogar, con un salón repleto de sus creaciones. Y también están recogidos sus proyectos para muchas de las obras públicas que ella creó gracias a su desarrollado espíritu de comunidad, destacando sus fuentes para aquella ciudad, de ahí que la llamaran la ‘dama de la fuente’. Uno de sus recuerdos es cuando, en 1962, le regalaron una planta seca del desierto del Valle de la Muerte, en Utah: «La naturaleza es mi maestra, y para estudiar sus patrones de crecimiento he utilizado materiales que son producto de nuestro siglo XX», dijo al constatar la complejidad de las formas de aquellas plantas.

Diseños vegetales.

Diseños vegetales.

L. A. G.

¿Guardó resquemor por aquella experiencia traumática que no fue solo de encierro? Porque su padre, Umakichi Asawa, quien aparece retratado en un par de litografías que cuelgan en el Guggenheim, fue arrestado por agentes del FBI en febrero de 1942 e internado en otro campo de detención, al que la familia no vio durante seis años. «No guardo rencor por lo que pasó; no culpo a nadie. A veces, de la adversidad surge algo bueno. No sería quien soy hoy si no hubiera sido por el internamiento, y me gusta quien soy», dijo la propia Asawa en una ocasión. ¿Influyó todo aquel drama en su arte? «Puedo ver destellos de mi infancia en mi trabajo. Los patrones aparentemente interminables que hicimos en el polvo, las formas de las flores y la vegetación, la translucidez del ala de una libélula cuando la luz del sol la atraviesa: estas cosas han influido en mi trabajo», aseguraba, en recuerdo de los tiempos en los que ayudaba en la granja de sus padres, antes de la guerra, plantando y cosechando mientras fijaba su atención en las plantas, insectos y los paisajes que le rodeaban.

Interior y exterior conectados.

Interior y exterior conectados.

L. A. G.

Y todo eso puede comprobarse en el Guggenheim, donde la fuerza de sus esculturas colgantes queda también patente en la sombra que proyectan en las paredes y el suelo. «Seguí trabajando en una cesta hasta darle una forma cerrada y, poco a poco, mientras aprendía a controlar la técnica y el material, empecé a darme cuenta del emocionante potencial de esta forma de hacer escultura», reflexionaba ella. El visitante se acerca a sus piezas para intentar descubrir cómo es posible que estén construidas con un hilo de alambre infinito, un bucle sin interrupciones ni siquiera en algunas de las que atesoran otra forma en su interior. «La forma continua dentro de otra forma», lo definía Asawa: «Se puede mostrar el interior y el exterior, y el interior y el exterior están conectados. Todo está conectado, todo es continuo».