En esta etapa de trece temporadas en Segunda División ha dado tiempo a probar todas las fórmulas, las más naturales, exóticas, apuestas arriesgadas, más consolidadas, de allí y de aquí. De aquí, de la tierra, el Real Zaragoza lo ha intentado con figuras legendarias, cada cual en su medida, en su momento y en su esfera correspondiente. Lo probó con Víctor Muñoz, en dos etapas con Víctor Fernández, recurrió a César Láinez en un momento complejo, reclutó a filas a Alberto Zapater y a Cani, puso la dirección general en manos de Luis Carlos Cuartero o en la deportiva, por ejemplo, a Narcís Juliá.

Todos ellos nombres muy relevantes ligados a la historia del escudo del león, que trataron desde su posición de elevar el nivel competitivo del club y de llevarlo de regreso al lugar en el que cayó hace más de una década y que ha provocado que una generación de jóvenes, animosos habitantes de La Romareda o del Ibercaja Estadio, no hayan conocido otra realidad que la actual y que todavía no hayan disfrutado del verdadero Real Zaragoza.

Entre ellos también estuvo Lalo Arantegui, exjugador del filial blanquillo, aragonés y con un pasado al cargo de las labores ejecutivas entre febrero de 2017 y finales de 2020, tiempo en el que el equipo disputó el playoff de ascenso en dos temporadas, la 17-18 y la 19-20. En diciembre de 2020 fue destituido víctima de la profunda crisis que atravesaba el club.

En un patrón de funcionamiento que se ha repetido varias veces a lo largo de esta larga etapa en Segunda, que ojalá dure al menos otro año con la consecución de la permanencia en la corriente, la SAD ha recurrido a figuras destacadas de su pasado o a personas muy ligadas a la ciudad y a la propia entidad en busca de golpes de efecto y giros de guion con los que sofocar importantes crisis institucionales y deportivas.

Así es como Lalo Arantegui ha regresado al Real Zaragoza, firmando un contrato hasta junio de 2028 con opción a dos campañas más. Es decir, para un proyecto a medio-largo plazo. En esta ocasión, unas circunstancias terribles han obligado al club a acelerar el proceso de cambio estructural por la necesidad de contener un incendio de grandes dimensiones.

El director deportivo del Real Zaragoza posa en la entrada de los vestuarios.

El director deportivo del Real Zaragoza posa en la entrada de los vestuarios. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sin embargo, el regreso a los orígenes era algo que la SAD ya venía rumiando, acorralada por los malos resultados, por la presión social y por una tremenda pérdida de identidad. Así lo quería desde hace meses Juan Forcén, que ha dado un paso al frente en su exposición pública y ha tomado las riendas sobre el terreno producto de su mayor peso accionarial.

Lalo ha emprendido la ‘aragonesización’ del Real Zaragoza con total convencimiento y, a la par, está empezando a profesionalizar y a llenar de contenido una de las áreas claves de un club de fútbol y que aquí estaba totalmente descuidada. Ha fichado ya a Fran Gracia como secretario técnico y a Néstor Pérez, ahora ayudante de David Navarro pero miembro de su grupo de trabajo. Quique García también ha decidido unir su experiencia a esta causa para elevar el nivel colectivo. El objetivo de todos, la búsqueda del talento y desarrollar un proyecto serio bien cimentado.

Lalo Arantegui es un notable director deportivo. Tiene más virtudes que defectos y su llegada al Real Zaragoza le debería sentar bien en el corto-medio plazo. Sabe lo que quiere, es un hombre con una gran determinación, conocimiento del mercado, capacidad de anticipación (ya se conoce que ha fichado a Jaume Jardí, del Nástic, en una operación con su sello clásico) y las ideas claras sobre lo que necesita el equipo. Es todavía joven, 48 años, y por lo tanto conserva el hambre. Y ganas de revancha después de su última etapa, en la que tuvo luces centelleantes y sombras que dejaron situaciones frías.

Mientras se dirime si el equipo sigue en Segunda o cae a la Primera RFEF, ahora con más opciones de salvación que hace dos semanas producto del buen hacer de David Navarro, Arantegui ha regresado buscando el éxito que intuyó entre 2017 y 2020 y que se le escurrió de las manos. En una entrevista con este diario, a Navarro ya le ha puesto públicamente el caramelo al final del camino. Seguirá si logra la permanencia. Y elevó el listón de ambición y de exigencia donde debe de estar: tanto en Segunda como en Primera RFEF, el proyecto del Real Zaragoza será de ascenso. En ambos supuestos tendrá dinero y lo que dice no serán palabras huecas.

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