Guillermo Balbona

Jueves, 19 de marzo 2026, 19:57

La suya es una intimidad en movimiento. El flujo de la vida asoma en los márgenes de cada obra o emana de un epicentro donde se aúnan la luz, el agua y las escenas cotidianas. Uno ante su obra se deja mecer entre lo inabarcable y lo cercano, entre lo cosmopolita y la mirada más próxima. El relato naturalista del pintor sueco Anders Zorn (1860-1920) en las salas de Fundación Mapfre en Madrid, reúne más de un centenar de obras, entre óleos, acuarelas, grabados y esculturas del artista sueco, seleccionadas por Casilda Ybarra, comisaria de la muestra y conservadora de Artes Plásticas de la entidad. Bajo el epígrafe ‘Recorrer el mundo, recordar la tierra’, esta primera retrospectiva en España del pintor sueco más internacional, ha tenido solo un antecedente: una pequeña muestra de su creación, compartida con la de su amigo Joaquín Sorolla, celebrada hace cerca de 35 años en el museo que el pintor valenciano tiene en Madrid.

La exposición en Mapfre supone el descubrimiento de un artista y la reivindicación de una obra y su legado, contribuyendo al conocimiento de uno de los creadores más fascinantes del arte moderno. Zorn cultivó la acuarela, el óleo, el grabado y la escultura lo que se manifiesta en el recorrido por las más de 130 obras reunidas para esta retrospectiva. Y añadió que Zorn destacó en muchos géneros: retratista, pintor de escenas urbanas, desnudos, o la naturaleza tanto en Suecia como en otros países como España, Estambul o Venecia.

Anders Zorn. 'Placer de verano', 1886. Colección particular.

Anders Zorn. ‘Placer de verano’, 1886. Colección particular.

Foto: Hans Thorwid

En todos los registros y disciplinas destacó por su «gran destreza y sensibilidad». Tuvo un gran éxito internacional en Europa y Estados Unidos, con encargos de políticos, empresarios y monarcas en las dos orillas del Atlántico. Y residió un largo período en París pero sin perder la conexión con sus raíces, «reflejando en muchas de sus composiciones las costumbres populares». Su talento y las ganas de aprender le llevaron a viajar por numerosos países, de Argelia a Londres, Rusia y América Latina, edificando en paralelo un profundo cosmopolitismo gracias a «un lenguaje naturalista moderno, en muchas ocasiones sofisticado». A sus orígenes en la provincia de Delicarlia en su Suecia natal, desde sus primeras acuarelas y sus viajes de formación y su posterior establecimiento en París –donde fue uno de los protagonistas del triunfo de la pintura naturalista– el periplo abarca hasta su retorno a Suecia en 1896 y sus viajes a Estados Unidos. La muestra incluye también su producción española, con obras de Sevilla, Cádiz y Granada, así como otras piezas que testimonian su amistad con Sorolla y Ramón Casas.

El artista que revolucionó el naturalismo europeo es rescatado del olvido con esta propuesta. La paradoja es que Anders Zorn es hoy en día bastante desconocido pero en vida fue uno de los artistas más cotizados. Nacido en la humilde Suecia rural «hijo ilegítimo de una campesina sueca y un cervecero alemán al que nunca llegó a conocer»– se convirtió en retratista preferido de las élites.

La exposición representa una visión integral de la trayectoria artística del pintor, marcada por una fecunda tensión entre cosmopolitismo y arraigo local que le valió ser descrito por sus contemporáneos como «una mezcla entre caballero y campesino». A pesar del papel decisivo que desempeñó tanto en la escena internacional como en la sueca, la fortuna crítica de Zorn se vio «eclipsada por la construcción del relato historiográfico posterior, que privilegió las narrativas estéticas asociadas a las vanguardias».

Virtuosismo

El sueco se relacionó con naturalidad con monarcas, aristócratas, banqueros y otras personalidades de la sociedad europea y estadounidense. Sin embargo, nunca olvidó sus raíces, y, además de captar la vida tradicional de su región de origen, participó activamente en la promoción y conservación de sus costumbres y su patrimonio frente a la amenaza que suponía la llegada de la industrialización.

Anders Zorn. 'Remero turco', 1886.

Anders Zorn. ‘Remero turco’, 1886.

Foto: © Zornmuseet, Mora

Los inicios de Zorn están ligados a un dominio virtuoso de la acuarela, técnica que perfeccionó a través de sus distintos viajes de juventud, entre los que destacan los realizados a España. Visitó nuestro país en nueve ocasiones, entre 1881 y 1914, lo que demuestra el profundo interés que le despertaba y en el que también estableció importantes relaciones personales.

Si bien su primera visita estuvo motivada por la fascinación que ejercía la imagen romántica de España, tan exitosa en Europa, en viajes posteriores acudió para llevar a cabo encargos de retratos en Madrid o simplemente para conocer mejor su cultura y sus tradiciones y visitar amigos. Zorn solo pintó motivos españoles en sus tres primeros viajes. En estas obras se hace evidente «la herencia del estereotipo romántico, en particular a la hora de representar a la mujer española, aunque el artista muestra una mayor libertad y modernidad en sus paisajes y escenas urbanas».

La amplitud y riqueza de esta trayectoria, cosmopolita y al mismo tiempo profundamente vinculada a sus orígenes, se refleja en una creación «en la que la representación de la vida moderna y los retratos de personalidades de numerosos países conviven con escenas de la vida tradicional de su región natal».

  • En datos
    Anders Zorn. ‘Recorrer el mundo, recordar la tierra’. Fechas: Hasta el 17 de mayo. Lugar: Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos, Madrid. Comisariado: Casilda Ybarra Satrústegui, conservadora de Artes Plásticas de Fundación Mapfre. Asesoramiento científico: Johan Cederlund, director de Zornmuseet, Mora, y Carl-Johan Olsson, conservador de Pintura del siglo XIX del Nationalmuseum, Estocolmo.

  • Identidad
    Primera retrospectiva que se dedica al pintor sueco en España, busca reivindicar su obra y su legado y contribuir al conocimiento de uno de los creadores más fascinantes del arte moderno. La muestra, coorganizada junto a la Kunsthalle de Hamburgo, cuenta con la colaboración del Zornmuseet y del Nationalmuseum de Estocolmo, más la participación de más de cuarenta prestadores.

El discurso expositivo de Mapfre realiza un recorrido cronológico y temático por la obra del artista a través de siete ámbitos y más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, lo que ofrece una completa panorámica de la producción del pintor. Una singularidad del montaje es que durante el recorrido el visitante se encontrará con una nueva iniciativa sobre las cartelas de autor como una manera diferente de mirar el arte. En ellas, los autores invitados (escritores, fotógrafos, historiadores, etc.) comparten sus impresiones al contemplar algunas de las obras expuestas. En esta ocasión, los textos han corrido a cargo de Estrella de Diego, Julio Llamazares, Gloria Oyarzábal y Marta Sanz.

Desde niño Zorn mostró una excepcional destreza artística, y a lo largo de su carrera sobresalió en el manejo de distintas técnicas, caso de la acuarela, la pintura al óleo y el grabado, por lo que se convirtió en un artista versátil capaz de dominar varios medios a la vez. Su técnica pictórica, caracterizada por una pincelada suelta y de gran fuerza expresiva, fue especialmente apreciada por su audacia y espontaneidad, rasgos que, sin embargo, fueron vistos por algunos críticos de la época como «un síntoma de superficialidad y despreocupación y que marcaron una parte de la posterior fortuna crítica del autor».

Anders Zorn. 'Despertar en el bulevar Clichy', 1892. Colección particular.

Anders Zorn. ‘Despertar en el bulevar Clichy’, 1892. Colección particular.

Foto: Bukowskis

Pero, ¿quién era en realidad Zorn? Formó parte de una generación de artistas vinculados al nacionalismo romántico, que defendía la construcción de la identidad nacional mediante la exaltación de la cultura tradicional y rural, el paisaje y las costumbres populares. Dalecarlia, la región donde nació, era considerada la más típicamente sueca, y Zorn la convirtió en uno de sus temas predilectos. En sus obras plasmó «sus tradiciones y oficios artesanales, sus fiestas y la indumentaria local, como una forma de resistencia frente al avance de la industrialización y como reafirmación de la identidad nacional».

Viajes como retratista

El prestigio que alcanzó como retratista le llevó a cruzar el Atlántico en siete ocasiones con destino a Estados Unidos, siguiendo la estela de los europeos. Entre sus clientes americanos destacan tres presidentes del país, importantes magnates de la industria o miembros de destacadas sagas familiares como los Vandervilt.

Convertido en el pintor más internacional de Suecia, Zorn fue requerido también por la alta sociedad y la casa real de su país para la creación de algunos de sus retratos.

A pesar de ello, Zorn hubo de afrontar críticas relativas a una supuesta improvisación y superficialidad en sus composiciones, manifestada en la pincelada suelta y el carácter abocetado de sus trabajos, rasgos que hoy se valoran como parte de su modernidad.

Zorn, por otra parte, es considerado uno de los grandes maestros del grabado en la historia del arte moderno y uno de los revitalizadores de este medio en Suecia. Su carrera como grabador abarca treinta y siete años durante los cuales realizó doscientos noventa y un aguafuertes, un número comparable al producido por Rembrandt, al que consideraba su principal fuente de inspiración y modelo técnico y del que atesoraba una notable colección de estampas.

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