«¡Siempre que vengo a veros sucede algo!». No le falta razón a Juan Miguel Zunzunegui. La última vez que este doctor en Humanidades mexicano aterrizó en Madrid, nuestro país andaba muy revuelto por el discurso descolonizador del ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Ahora, … un año después, al que se ha convertido en la bestia negra de la Leyenda Negra antiespañola le toca navegar otra vez en aguas agitadas por las declaraciones en las que Felipe VI señaló los «muchos abusos» de la Conquista del Nuevo Mundo. «¿Que cómo me he enterado tan rápido? Parte de mi trabajo es enterarme de todo», bromea.
Viene guerrero el buen doctor; y cuándo no. Zunzunegui, ‘Zunzu’, lleva dos décadas dedicado a señalar las mentiras que se han enquistado sobre la Conquista –desde la supuesta barbarie española hasta el cansino robo del oro americano– y nunca ha tenido problemas en apuntar y disparar contra los negrolegendarios. Su obsesión, confirma a este periódico, es demostrar que somos hermanos a los dos lados del Atlántico y que, sin unos, no existirían los otros. «Me parece terrible que en México se cuente la historia mintiendo y con sed de venganza, pero también que en España lo hagan con culpa», desvela. Defiende la verdad, sea cual sea y moleste a quien moleste.
-¿Qué opina de las declaraciones de Felipe VI?
Me lo habéis preguntado muchos hoy, y no he sabido qué responder. Dijo una serie de verdades, pero en una conversación en el museo. Lo cierto es que no me parecen desafortunadas. Explicó que se desarrolló una civilización mestiza con la llegada de España y que el espíritu desde Isabel la Católica fue impulsar leyes que garantizaran la protección de los indios. Todo eso fue real, como también lo fue que hubo abusos. Pero los seres humanos hemos sido abusivos durante toda la historia de la humanidad, de los romanos hasta los británicos. La diferencia es que solo España se preocupó porque la Conquista no fuera abusiva.
-¿Cómo se preocupó?
Se hicieron leyes para evitar el abuso, pero no siempre se cumplieron. Tampoco es algo nuevo. Hoy en día hay leyes que dicen que no hay que matar, pero la gente mata. Es así de sencillo. La clave es que las normas que dicta un rey hablan del espíritu de ese reino y de su pueblo. Que en 1504, cuando los españoles estaban en el Caribe, Isabel la Católica hablara ya de matrimonios con indios, de que fueran tratados como vasallos… nos dice mucho del Imperio español. Después vinieron las Leyes de Burgos, las Leyes Nuevas… También se mandaron virreyes, obispos, burócratas… Todo esto demuestra que el espíritu era el de evitar los abusos.
-Claudia Sheinbaum, la presidenta de México, dijo que estas palabras no eran suficiente…
La venganza es un pozo sin fondo. Nunca se va a quedar satisfecha. Cuando estuve en octubre por aquí, la presidenta dijo que consideraba un buen gesto el discurso de Urtasun, pero que no le parecía suficiente. Ahora ha dicho lo mismo. Si mañana Felipe VI llamara uno por uno a todos los periódicos de España tampoco le valdría. Lo que busca es generar conflicto.
-¿Cuál es la gran mentira de la Conquista?
La clave es que no existe la Conquista de México porque no se puede conquistar algo que no existe. Cuando los españoles llegaron había docenas de pueblos distintos. Se hacían la guerra, carecían de unidad política, religiosa y cultural… En 1521, cuando Hernán Cortés pisó la costa, los mejores momentos de la sociedad mesoamericana quedaban siglos atrás. Las grandes ciudades, por ejemplo, habían caído en el XII, y lo mismo había sucedido con el imperio maya. Solo quedaba Tenochtitlan, que tenía oprimida al resto de ciudades. Los mexicas eran solo 100.000 frente a millones de nativos y vivían en un estadio que era la Edad de Piedra. Hasta hacían sacrificios humanos. Aquel lugar no era México.
-Sacrificios humanos…
Los mexicas tenían una industria del sacrificio humano. Los hacían por todo: porque salía el sol cada mañana, porque cada mes había una festividad religiosa… Sacaban unos 10.000 corazones al año, luego se comían un pedazo del muslo de la víctima y lanzaban el cadáver por las escaleras. Así de sanguinaria y chamánica era su sociedad. Eso, insisto, no era México. Por ello todos los pueblos oprimidos se aliaron con Hernán Cortés contra Moctezuma. México es el resultado de que Cortés los uniera a todos y que, juntos, derrotaran a los aztecas. A partir de ahí arrancaron las ciudades actuales con sus conventos franciscanos, sus templos barrocos… Eso no existía antes.
«México es el resultado de que Cortés los uniera a todos y que, juntos, derrotaran a los aztecas»
-¿Qué importancia tuvo la religión en ese contexto?
Mucha. Cortés contaba en principio con fray Bartolomé de Olmedo, pero pronto solicitó a Carlos I que le enviara más frailes franciscanos. Dos años después, el monarca le mandó a tres flamencos con los que el conquistador no se entendía bien. Al final, gestionó la llegada de doce extremeños que arribaron en 1524 y que fueron conocidos como ‘Los doce apóstoles’. Se dedicaron a evangelizar, pero lo hicieron sabiendo que no podían imponer la religión; querían que fuese una asimilación por convencimiento.
-Ha afirmado en otras ocasiones que todos aquellos religiosos influyeron de forma positiva en el avance de México…
Aquellos religiosos querían convertir a los nativos y, por tanto, tuvieron que entender su lengua. Aprendieron náhuatl, estudiaron las costumbres de sus habitantes y alumbraron glosarios de palabras, diccionarios y hasta gramáticas. Lo hicieron para convencer a esos pueblos de que abrazaran el Cristianismo, pero supuso una gran evolución. Y no fue lo único. A mediados del siglo XVI se fundó una universidad a la que podían acudir los indios; un colegio en el que la nobleza local aprendió español y latín… También se fomentaron el arte, la música, la escultura, la pintura… Hubo un proceso de transmisión cultural que no hizo nadie más en la historia de la Humanidad.
-¿Qué hay que hacer para que estas ideas cuajen a ambos lados del Atlántico?
Exponer la verdad. La verdad no tiene que ser defendida, tan solo hay que ponerla sobre la mesa; se entiende por sí sola. El problema es que la división, que es lo que buscan los gobiernos, es tremenda. Debemos recuperar el pasado y estar orgullosos de él. España llevó a cabo la hazaña civilizatoria más grande de la historia de la Humanidad: civilizó un continente por completo. Para cuando terminó el siglo XVI había construido más de cien ciudades, hospitales, acueductos… Eso no es robar. Y no lo hicieron solos. El año en que Carlos I abdicó en Felipe, había 10.000 españoles en el futuro México y, junto a ellos, millones de indios. Ambos crearon una sociedad conjunta.
–España y México han llegado a múltiples acuerdos para olvidar las diferencias pretéritas… Pero la presidenta los obvia.
Cuando España reconoció la independencia de México comenzó la diplomacia. Al final, se firmó un tratado de paz y amistad en el que ambas regiones acordaron olvidarse de los agravios del pasado. Un siglo después, este pacto se honró con un desfile al que España fue invitada de honor; aquel día se habló, una vez más, de borrar los agravios. Y en 1992, en el quinto centenario de la llegada de Colón a América, el rey Juan Carlos también insistió en ello. El tema se ha tratado muchas veces, pero al gobierno mexicano le interesa un discurso de confrontación.
