Viernes, 20 de marzo 2026, 06:39
Es la colección del Rey Carlos III de Inglaterra y está considerada una de las mayores y mejores del mundo de carácter privado. «Es una de las últimas grandes colecciones reales europeas que se conservan. Con más de un millón de objetos, entre pinturas, esculturas, muebles, joyas y libros, constituye un registro único de los gustos personales de los reyes y reinas británicos a lo largo de los últimos 500 años». Así se describe una colección que se formó en gran parte tras la Restauración de la Monarquía en 1660 y que se puede visitar en las residencias oficiales de los Windsor, a saber, el Castillo de Windsor, los palacios de Buckingham y Holyroodhouse así como la King’s Gallery de Londres y su homónima en Edimburgo. Antiguas residencias como Hampton Court, la Torre de Londres, Osborne House y el Pabellón Real de Brighton cuentan, asimismo, con piezas que se inscriben en ella.
Hay entre ese millón de joyas algunas que conducen a Asturias. Miguel Jacinto Meléndez, uno de los grandes creadores de esa saga de magníficos artistas, es uno de ellos. Nacido en Oviedo en 1679 y fallecido en Madrid en 1734, a él se atribuye un precioso retrato que llegó a la colección a través de la Reina Victoria, que lo adquirió de la colección del Rey Luis Felipe. Es un óleo sobre lienzo que retrata a María Luisa de Saboya y lo curioso es que esta hermosísima pieza fue atribuida antes a su hermano Francisco Antonio Meléndez (Oviedo, 1682-Madrid, 1758). «Este retrato delicadamente pintado muestra la influencia de la escuela de retratos italiana y española», se cuenta sobre la obra en la web de la colección, que detalla que tiene unas medidas de 82.6 x 62.5. Hay otro magnífico retrato de Meléndez, de mayor tamaño que el anterior, que muestra la estampa de Isabel Farnese, que desde Parma tomó rumbo a Madrid para ser la esposa de Felipe V. De medio cuerpo y sentada, la joven luce un vestido azul ribeteado de brocado dorado y un manto rojo. La procedencia es idéntica.
Hay varias obras que miran hacia Juan Carreño Miranda, el gran pintor avilesino (1614-1685), aunque a decir verdad son piezas que pertenecen a sus discípulos o a su taller, aunque todas fueron en algún momento atribuidas a él. Una de ellas tiene una historia singular. Retrata a Carlos II de niño y finalmente se le atribuye al pintor Juan Bautista Martínez del Mazo (1610/15-1667), pero antes se creyó que llevaba la firma de Murillo, de nuestro Carreño Miranda y del mismísimo Velázquez, a la sazón el suegro de quien parece ser, a decir de los expertos, el autor del cuadro real. Otro retrato de Carlos II, en este caso obra de su discípulo Claudio Coello, se le atribuyó igualmente a nuestro más eminente pintor de cámara. Y misma situación e idéntico retratado con otro lienzo de Sebastián Herrera Barnuevo (1619-71), que forma parte de la colección privada de quien reina en Inglaterra.
Hay más piezas en las británicas islas que conducen a estas tierras. Fueron la Reina Victoria y el Príncipe Alberto, allá por ese siglo XIX que transitaron, quienes se hicieron con dos albúminas de la Catedral de Oviedo realizadas por Charles Clifford (1819-62). Una de ellas muestra el claustro, la otra enfoca directamente hacia la torre de San Salvador. Son ambas estampas turísticas.
Asturias está además muy presente a través de sus príncipes y sus princesas, a través de óleos que los retratan, a través de fotografías a modo de retrato o familiares, a través también de dibujos y otro tipo de estampas. Entre las piezas más destacadas, un óleo atribuido al taller de Velázquez de Isabel de Borbón, la primera mujer de Felipe IV.
Todo lo dicho, en medio de absolutas obras maestras de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Donatello, Vermeer, Rembrandt, Van Dyck, Canaletto o Caravaggio. Es una colección privada, pero que en realidad tiene amplísima vertiente de disfrute público. Es otra de las joyas de la corona. Andrew Graham-Dixon, un crítico británico que realizó una serie de televisión explorando en profundidad la colección, dijo esto de ella:«A través de sus obras vemos cómo los reyes y reinas ejercieron el poder, pero también cómo revelaron su humanidad».
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