Raúl Melero

Viernes, 20 de marzo 2026, 00:01

Si ya imponen los 218 centímetros de estatura de Tanor Ngom en una pista de baloncesto, entre los mortales se convierte en un gigante como si fuera Gulliver. El pívot senegalés no tiene el título honorífico de ser el jugador más alto en la historia del Gipuzkoa Basket, que se lo llevan el rumano Ionut Dragusin y sus 2,21 de altura en la temporada 2006/07, pero se coloca en segunda posición. Afable y amable fuera de la pista, en cuanto se pone las botas de baloncesto dice que se convierte «en un ganador».

Llega a la cita en la Redacción de este periódico «un poco triste» por la última derrota ante el Oviedo donde ni él ni el resto de sus compañeros estuvieron bien, pero ya pensando en el duelo de mañana en el Gasca ante el Palencia a partir de las 18 horas.

Tampoco cambia mucho el día a día del Gipuzkoa Basket aunque siempre gustan más los triunfos que las derrotas. «Creo que hemos estado jugando muy bien, excepto el otro día. Después de perder muchos partidos seguidos en el inicio de la temporada, hemos cerrado filas y ahora somos casi como una familia. Después de los partidos vamos a comer juntos siempre, después de los entrenamientos también hacemos planes y creo que así es mucho más fácil».

Misión

«Nuestro objetivo es salir a la pista y defender que tenemos Gipuzkoa Basket aquí en el pecho»

Ciertamente es así porque el GBC empezó con un triunfo en siete partidos y lleva ahora catorce en los últimos diecisiete. «Hemos puesto mucha más seriedad en el gimnasio, en el entrenamiento. Es como si algo hubiera hecho click, ¿sabes? Estamos jugando muy bien, disfrutando, ganamos partidos y estamos con muchas ganas de seguir y a ver dónde llegamos».

La pregunta es clara: ¿Y hasta dónde pueden llegar? «Mira, lo único que pide Sergio (García) es salir a la pista a jugar duro, con energía y con ganas de ganar. Quedan ocho partidos, venimos de perder, pero podemos seguir ganando, ¿no? Nuestro objetivo es siempre salir a la pista y defender que tenemos Gipuzkoa Basket aquí en el pecho (se señala). Y eso es sagrado».

Grandes estadísticas

Tanor Ngom es una figura que todos los equipos quieren. Un tipo que con los brazos extendidos casi llega al aro y cuyo papel en defensa es importantísimo. No solo los tapones que pone por partido –es el segundo taponador de la Primera FEB– sino por los tiros que cambia o las veces que su sola presencia coarta a los rivales de penetrar a canasta por si se llevan un ‘gorro’. «Mi trabajo es coger rebotes, poner tapones, correr el campo, hacer buenos bloqueos y jugar duro, con energía», cuenta el interior africano. Y además de todo eso mete muchos puntos porque, no hay duda de eso, a él le cuesta mucho menos que al resto llegar hasta el aro.

Su basket

«Me encanta terminar las jugadas con un mate o coger los alley oops de mis compañeros»

Las estadísticas de Ngom son 8,5 puntos, 5,4 rebotes y 1,3 tapones por encuentro pero en menos de 17 minutos, un dato muy a tener en cuenta. Su altura le ayuda a que todo lo que sea estar cerca del aro lo convierta en mate, con lo que es un jugador muy seguro. «Mira la mano», y enseña su enorme palma con algunas pequeñas grietas por colgarse tanto del aro. «La verdad es que me gustan muchos los mates. Terminar una jugada así me encanta ó coger los alley oops de los compañeros», cuenta el jugador del Gipuzkoa Basket. Por cierto, que toda la entrevista en su visita a las instalaciones de El Diario Vasco, en perfecto castellano. Ngom firma 12 créditos de valoración y es que en seis encuentros ha pasado de los veinte. Nueve partidos seguidos anotando diez o más puntos le han convertido en uno de los mejores pívots de la liga.

Fotos y más fotos

Tanor Ngom habla abiertamente de cómo es la vida de alguien de 2,18 fuera del baloncesto. «Me viene bien mi altura cuando juego al baloncesto, pero fuera de la pista es diferente», resalta el jugador nacido en Senegal. «De todas maneras puedo decir que mi vida es divertida». Ngom enumera las cosas que le ocurren cuando sale a la calle, hace la compra o simplemente da un paseo. «Me pasa muchas veces que me doy la vuelta y veo a dos o tres personas con el móvil sacándome una foto o grabando. La verdad es que no me molesta porque la gente suele ser amable conmigo y yo intento serlo también», comenta con una sonrisa. Los problemas vienen «pues cuando tengo que montarme en el coche, montarme en un avión o comprarme ropa. Lo tengo que hacer todo online porque en las tiendas no hay de mi talla». Tanor Ngom calza, por ejemplo, un 52 de pie.

Dificultades

«Calzo un 52 y tengo que comprarlo todo online porque en las tiendas no hay nada de mi talla»

Hace poco, aprovechando un parón por los partidos internacionales, ha estado en su país visitando a la familia. «Vivimos en Saly, a pocos kilómetros de Dakar, la capital». Escuchando a Tanor y preguntando a Google dan ganas de coger un vuelo. «Es un sitio muy turístico, muy bonito. Siempre hace buen tiempo, hace sol y a veces llueve, pero mucho menos que aquí. Animo desde aquí a la gente a que lo visite, que está muy bien». Poco se parece la vida entre Donostia y Saly. «Es muy diferente de aquí, el ritmo de vida es muy distinto, pero es un sitio que hay que visitar».

A pesar del lugar paradisiaco donde nació Ngom, el poste senelagés se ha quedado prendado de la belleza de Donostia. «Es impresionante la ciudad», dice. «Me encanta pasear, ir a la playa, moverme por La Concha, la verdad es que es muy chula», comenta. No oculta que saca «muchas fotos» que después manda a sus familiares para que vean «el lugar tan bonito donde vivo». Y además tiene la suerte de que «muchos compañeros viven por el centro y como te decía antes siempre hacemos planes juntos, nos vamos a tomar algo o a cenar». Hay cuatro guipuzcoanos en el equipo y no cree que el carácter de aquí sea cerrado con los que llegan de fuera. «Para nada, mira, Manex (Ansorregi) por ejemplo es como mi hermano».

Hablando de hermanos Tanor Ngom dice que tiene «cinco hermanos más. Yo soy el más alto», cuenta. Por cierto que en su visita además de sacarse varias fotos con periodistas de la redacción le propusieron tocar el techo, algo que hizo sin esfuerzo. «Es gracioso», dice. «No creáis que mis padres son gigantes, mi padre mide 1,98 pero mi madre uno sesenta o así».

No se puede decir que Tanor Ngom naciera con un balón naranja debajo del brazo. «Antes de empezar en el baloncesto no me gustaban mucho los deportes, la verdad», reconoce. «Me gustaba más estudiar, leer libros y esas cosas». Sin embargo, cuando empezó a crecer, se decidió por el deporte de la canasta que le ha llevado por medio mundo. «Con quince años estuve en la cantera de Unicaja en Málaga, de ahí pasé a Alemania, crucé el charco y estuve en dos universidades, primero en Canadá y después en Estados Unidos, en Tallahassee, Florida. Después me fichó el Castelló, donde estuve dos años. y ahora aquí». Todo eso hace que Ngom sea una enciclopedia andante, idiomáticamente hablando. «Hablo cinco idiomas: el de Senegal, francés, alemán, inglés y castellano».

Antes de estrecharle su enorme mano, le cuestionamos a Tanor Ngom quién debe ser el siguiente compañero para entrevistar. «La vais a tener que hacer en inglés pero creo que Jalen Tate va a sorprender al lector. Sin duda. Tiene unas historias increíbles».

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