89 – CÁCERES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD: Albert Lafuente (8), Álvaro Palazuelos (7), Wildens Leveque (18), Alex Mazaira (13), Matteo Strikker (24) -cinco inicial- Patrick Lima (3), Pearse Uniacke (4), Pol Campeny (0), Luis García (0), Lance-Amir Paul (12), Adahi Usaola (0).
75 – CÍRCULO GIJÓN: Tabin Pierre (27), Michael Okafor (6), Joseph Reilly (5), Javier Menéndez (9), Guillem Arcos (5) -cinco inicial- Imre Duke (8), Anthony Tsegakele (4), SamuelFranco (0), Samuel Barros (11).
MARCADOR POR CUARTOS: 23-21, 42-35 (descanso), 66-51 y 89-75 (final).
ÁRBITROS: Miguel Ángel Soto y Eduard Montiel. Sin eliminados.
INCIDENCIAS: Vigesimosegunda jornada de la Segunda FEB (grupo Oeste) disputada en el Multiusos Ciudad de Cáceres ante 800 espectadores.
Esto no para. Ocho victorias en nueve partidos de la segunda vuelta y la lucha por tener el factor campo -bueno, el partido de vuelta en casa, que tampoco es mucho- en la primera eliminatoria de los ‘playoffs’ muy abierta. Así es este Cáceres Patrimonio de la Humanidad 2025-26, que dio con la tecla justo en el momento preciso para pasar de la preocupación a la ilusión de aspirar a todo. Esta vez su víctima fue el Círculo Gijón (89-75), que resistió como pudo pero que acabó agachando la cabeza, como lo han hecho todos menos el Toledo y el Biele en lo que va de año.
La peculiaridad de este triunfo estuvo en el protagonismo estelar de Matteo Strikker, con una serie impoluta de 10 canastas de dos puntos en 10 intentos para totalizar 24 puntos. Por un día, su compañero de piso, Wildens Leveque, ejerció de escudero sin importarle y firmando otra vez numerazos (18 puntos, 13 rebotes y 3 tapones).

Leveque intenta anotar. / CARLOS GIL
Macerando el partido
Salieron los verdinegros algo relajados en defensa, como confiando en que su ataque, que últimamente está brillando como el maletero de Pulp Fiction, le guiaría hacia el nuevo triunfo. Este equipo está bien, pero no anda tan sobrado como para ganar jugando solo en un lado de la pista.
Tuvo que arremangarse un poco tras el brioso inicio del Círculo Gijón (0-6) para poner orden, primero con un inspirado Alex Mazaira y después con el estado de gracia de Strikker, todo bajo la batuta de Albert Lafuente, otro que está en su mejor momento del curso. La introducción de la segunda unidad mantuvo el statu quo de una diferencia escasa, pero a favor (25-23) al final del primer cuarto.
Poco después reapareció Luis García tras más de un mes cargando con molestias en un hombro, pero los focos se los llevó casi a continuación un mate ‘de concurso’ de Leveque. Haber conseguido que el norteamericano se quedase hasta final de temporada ha sido sin duda la gran gestión antes del cierre del mercado.
Hacía por entonces el Cáceres un amago de demarraje (34-25, min. 15), empezando a imponer una velocidad de crucero que parecía que no podría aguantar su oponente, metido en serios problemas clasificatorios. Más o menos sí lo logró, yéndose al descanso con un 42-35 que no definía nada aún.
Fin de la incertidumbre
Los locales cambiaron de registro al volver de los vestuarios, ejecutando quizás un baloncesto menos estético, pero más sólido, que les sirvió para flirtear con la escapada que se anhelaba hacía tiempo. Fueron unos minutos ‘de plomo’ en la búsqueda del choque defensivo y también menos variados a nivel ofensivo, intentando aprovechar descaradamente la sempiterna superioridad de Leveque. El caso es que resultó para dejar muy allanado el camino para encarar el último cuarto (66-51). Dos jugadores que no atravesaban un buen momento, Álvaro Palazuelos y Lance-Amir Paul, añadieron acierto al indudable entusiasmo que nunca les ha faltado.

Álvaro Palazuelos bota el balón. / CARLOS GIL
La salva final del Círculo Gijón consistió en una zona pensada para ahogar a Leveque e intentar que los tiradores cacereños se pusiesen nerviosos. El problema lo resolvió Strikker con tres canastas consecutivas muy cerca del aro, señal de que algo estaba fallando en la estrategia rival. Quizás no es tan regular como el pívot norteamericano, pero hay algo de hipnótico en el estilo del alero belga, que tiene esa rara condición del que hace fácil lo difícil y viceversa.
En fin, que los gijoneses tuvieron que firmar el armisticio porque veían que cuando intentaban tapar los pies dejaban desguarnecida la cabeza. Y en la recta final hasta hubo la oportunidad de dar minutos a los menos habituales y al canterano Adahi Usaola. Todo esto lo observó Erikas Kalinicenko con el brillo en los ojos del que sabe que pronto le tocará a él, quizás en la próxima cita, en la pista del Clavijo. Con él en pista, y aunque no vaya a estar al cien por cien, este Cáceres va a dar todavía más miedo. Hay licencia para soñar en una temporada que por momentos sonó a pesadilla.