El servicio de Alergología del Hospital de Salamanca ratifica el «continuo crecimiento de las alergias alimentarias», sobre todo entre la población pediátrica. «Diría que … en las últimas dos décadas se han duplicado», afirma el jefe de Alergología del Complejo Asistencial de Salamanca y presidente de la Sociedad Española de Alergología Clínica, Ignacio Dávila.
Los especialistas coinciden en que no existe una razón principal de este incremento, sino que es multifactorial: «Posiblemente tiene que ver con la microbiota de la población, con los contaminantes y con los cambios que hemos ido realizando en nuestra dieta», señala Dávila.
Otro factor a tener en cuenta es la edad. «Entre los niños suele haber muchos casos de alergia a los huevos, la leche, el pescado, frutas y frutos secos. Luego, en adultos perduran las frutas, mariscos y frutos secos, pero suele desaparecer la de la leche y el huevo», explican.
La pregunta es qué tienen determinados alimentos para producir alergias y otros, como el jamón, no generen estos problemas. «Lo cierto es que también existen casos de alergias a las carnes, por la proteína alfa-gal, pero que algunos alimentos sean más alérgicos que otros depende también mucho de cómo se consuman. Algunos alérgenos son termolábiles. Significa que se destruyen con el calor. Las frutas, por ejemplo, tienen profilina, que al entrar en contacto con las enzimas digestivas desaparecen y dejan solo un síndrome de alergia oral: un prurito laríngeo, edema en la lengua, sensación de picor de garganta… pero no va a más. Tienen coincidencia con los alérgenos del polen de gramíneas».
Otros alimentos contienen la proteína PR10, que afecta a persona sensibilizadas con otros alérgenos relacionados como el abedul. En Salamanca, en concreto, afecta a los sensibilizados a la encina, y esos alimentos son frutas como manzana, fresa o peras, que tampoco generarían síntomas intensos.
Más preocupantes son los alimentos que contienen proteínas de transferencia de lípidos, que son termorresistentes, por lo que no se destruyen durante la digestión. En este capítulo figura el melocotón, que sí puede dar síntomas graves.
«Con las proteínas de los frutos secos puede pasar todo esto, porque tienen profilinas, PR10 y las llamadas proteínas de almacenamiento, como la nuez o el cacahuete, que generan reacciones más graves», explica el doctor Dávila, que precisa: «El gran avance de la Alergología ha sido el diagnóstico molecular. Ahora ya no nos limitamos a decir si eres alérgico a un determinado alimento, sino también a que alérgenos, de todos los que tiene ese alimento estás sensibilizado. De este modo conocemos qué riesgo corre esa persona y qué precauciones debe tomar».
Las alergias alimentarias tienden a ser más preocupantes que las alergias respiratorias porque «si estás sensibilizado a una proteína de las que generan síntomas graves puedes sufrir anafilaxia». «No son las más frecuentes, pero sí están aumentando mucho en niños. Se han duplicado y creemos que es por factores como la contaminación y la microbiota».
Frente al aumento de la sensibilización, los especialistas están depositando muchas esperanzas en técnicas como la inducción a la tolerancia, que se presentan como la única posible vía de ‘curación’ a las alergias, además de los fármacos antihistamínicos: «A los niños que están sensibilizados a la leche, por ejemplo, se les van dando —de manera controlada por médicos— cantidades creciente de ese alimento, poco a poco, hasta lograr que lo toleren. Con los adultos se está haciendo menos».
¿Hay animales alérgicos?
Una de las alergias más comunes es a la picadura de pulgas, donde solo el control estricto de los insectos, tanto en el animal como en el ambiente en el que vive, puede solucionar el problema. Otra es la Dermatitis Atópica Canina (DAC) que es la provocada por alérgenos ambientales, como pólenes o ácaros. Y, por último, entre las habituales está la alergia alimentaria, que se solucionará con la supresión del alimento que causa la reacción adversa.