Después de una descarga memorable en Lisboa, la gira aterrizó en Madrid para ofrecer una única fecha en España que, sin lugar a dudas, se convirtió en una de esas noches que dejan huella en la memoria de cualquier amante del metal extremo. El domingo 22 de marzo, el Palacio Vistalegre abrió sus puertas para acoger a cuatro nombres fundamentales del género: Kreator, Carcass, Exodus y Nails. Al tratarse de la única parada en nuestro país, la cita adquirió un carácter especial que se reflejó también en el origen del público. A pesar de celebrarse en domingo, fueron muchos los asistentes que se desplazaron desde distintos puntos de la península para no perderse el evento, convirtiendo el recinto en un auténtico punto de encuentro para seguidores llegados de todas partes. Aunque no se alcanzó el lleno absoluto, la entrada fue notable y el público se mostró desde el primer momento entusiasta y entregado, listo para vivir una jornada de pura intensidad sonora.

Lo que se vivió esa noche fue mucho más que un simple concierto; fue una auténtica celebración de resistencia, identidad y vigencia del metal extremo. Cuatro bandas con aproximaciones muy distintas a la agresividad musical se unieron en un mismo escenario, construyendo una progresión que fue de menos a más hasta estallar en un clímax colectivo que difícilmente se olvidará.

La apertura corrió a cargo de Nails, quienes no tardaron ni un segundo en dejar claro el propósito de su actuación. La banda liderada por Todd Jones presentó un set breve pero demoledor, donde cada tema impactó como un golpe seco de energía. Sin apenas pausas ni palabras entre canciones, Nails apostaron todo a la ejecución, con un sonido compacto y una agresividad máxima que conectó de inmediato con el público. La pista empezó a moverse casi por instinto, y el inicio del concierto fue contundente, sin adornos, pero tremendamente efectivo, demostrando que a veces la potencia directa habla por sí misma.

El relevo lo tomó Exodus, banda emblema del thrash de la Bay Area, con Rob Dukes a la voz, respaldado por Gary Holt, Lee Altus, Jack Gibson y Tom Hunting. Desde los primeros compases, con “3111” y “Bonded by Blood”, el grupo encendió la noche y puso en marcha los primeros mosh pits. Con un repertorio que combinó clásicos como “A Lesson in Violence” y “The Toxic Waltz”, con estrenos como “Promise You This”, Exodus demostró cómo mantener la intensidad y la conexión con el público a pesar de pequeños altibajos en el sonido o la ejecución. Aun así, es inevitable pensar que la salida de Steve “Zetro” Souza ha sido un movimiento difícil de encajar para muchos seguidores —entre los que me incluyo—, dejando una sensación agridulce pese a la solvencia y entrega de Dukes sobre el escenario. El cierre con “Strike of the Beast” selló su paso por Madrid con fuerza, dejando claro que su legado sigue vivo y dinámico.

El turno de Carcass trajo un cambio de registro refrescante. La banda británica aprovechó un sonido potente y definido para ofrecer una actuación particularmente inspirada, recorriendo distintas etapas de su carrera con una fluidez notable. Jeff Walker y Bill Steer lideraron un set equilibrado donde “Unfit for Human Consumption”, “Buried Dreams” e “Incarnated Solvent Abuse” marcaron un inicio intenso, mientras que “No Love Lost” y “Carnal Forge” mantuvieron el ritmo elevado. Temas más complejos como “Dance of Ixtab (Psychopomp & Circumstance March No. 1 in B)” ofrecieron un respiro estratégico antes de retomar la brutalidad con “Genital Grinder” y “Exhume to Consume”. La recta final, encabezada por “Corporal Jigsore Quandary” y cerrando con “Heartwork”, provocó la ovación unánime del público, dejando claro que Carcass sigue siendo una referencia imprescindible en el grind y el death metal.

Y finalmente, llegó el momento de Kreator, el cabeza de cartel y broche de oro del evento. Desde los primeros segundos, cuando los acordes de “Run to the Hills” de Iron Maiden resonaron como aviso, quedó claro que la intensidad alcanzaría niveles máximos. Con una puesta en escena espectacular —humo, fuego, figuras demoníacas y una imponente cabeza de demonio dominando el escenario—, Mille Petrozza y los suyos ofrecieron un show impresionante tanto visual como musicalmente, por momentos lo más parecido a una representación tangible del infierno. Además, resulta evidente que la formación lleva tiempo evolucionando hacia un sonido más heavy y estructurado, dejando atrás en parte aquel enfoque ultra thrash crudo y descontrolado de finales de los 80 y comienzos de los 90, sin que ello suponga una pérdida de fuerza, sino más bien una reformulación de su identidad.

Al frente, Mille Petrozza en voz y guitarra rítmica, acompañado de Ventor en la batería, Sami Yli-Sirniö en la guitarra solista y coros, y Frédéric Leclercq en bajo y coros, demostraron una química impecable y un nivel técnico sobresaliente. La pista se transformó en un hervidero de energía constante, con circle pits, headbanging y un público que vivió cada tema con pasión absoluta.

El setlist de Kreator fue un recorrido sólido por toda su discografía, con especial protagonismo para su nuevo material. “Seven Serpents” abrió su debut en directo, seguida por “Hail to the Hordes” y “Enemy of God”. Estrenos como “Satanic Anarchy”, “Krushers Of The World” y “Loyal to the Grave” se integraron sin fisuras junto a clásicos emblemáticos como “People of the Lie”, “Betrayer” y “Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)”. La intensidad se mantuvo hasta “Phantom Antichrist”, y la recta final, con “Endless Pain”, “666 – World Divided” y “Violent Revolution”, culminó con “Pleasure to Kill”, dejando al público exhausto y totalmente rendido.

Lo vivido en Madrid fue, sin exageración, mucho más que un concierto: una reafirmación rotunda del presente —y también del futuro— del metal extremo. Cuatro bandas, cuatro identidades bien definidas y un mismo denominador común: intensidad, honestidad y una conexión real, casi visceral, con el público. Cada una aportó su propio lenguaje dentro de la agresividad, construyendo un relato que fue creciendo en tensión y emoción hasta desembocar en un final absolutamente arrollador, con una descarga como la de Kreator, que parecía surgida directamente del averno.

En un momento en el que muchas leyendas parecen apoyarse únicamente en la nostalgia o en el peso de su legado, Kreator y compañía demostraron que la fuerza del metal no solo sigue intacta, sino que continúa evolucionando, respirando y golpeando con la misma —o incluso mayor— convicción que décadas atrás. No hubo sensación de rutina ni de piloto automático: lo que se vio sobre el escenario fue compromiso, hambre y una entrega total a un género que, lejos de apagarse, sigue encontrando nuevas formas de mantenerse relevante.

Y el público madrileño, entregado de principio a fin, no fue un mero espectador, sino una parte esencial de esa energía colectiva. Cada circle pit, cada grito, cada puño alzado contribuyó a convertir la noche en algo irrepetible. Porque hay conciertos que se disfrutan… y otros que se quedan grabados. Lo de anoche en Vistalegre pertenece, sin duda, a los segundos.