Era un genio de la canción romántica. De un estilo ya desaparecido. Retrataba amores imposibles, entre el desencanto, la melancolía, la pasión, como también reflejaba historias donde escudriñaba la fugacidad de la vida, de cómo iba perdiendo ilusiones. Las cinco mejores melodías de Gino Paoli fueron creadas por él mismo, interpretadas miles de veces durante la década más prolífica de su carrera, a comienzos de los años 60. Siguió hilvanando más historias, pero nunca superó la belleza, la emoción, el tiempo recogido en unas estrofas llenas de drama y de pasión, de encuentros y desencuentros. Y hasta los primeros años del nuevo siglo este cantautor genovés seguía manteniendo el tipo en los escenarios, como un gigante de la música que se resistía a abandonarlos. Porque la vida para él era eso: transmitir emociones. Hasta que le ha fallado ese corazón que tanto amó. A los noventa y un años. Una larga vida plena que apuró hasta su último suspiro.

De Senza fine a Sapore di sale

No hay duda entre la crítica italiana en cuanto a cuáles fueron las mejores canciones de Gino Paoli, avaladas hace mucho tiempo atrás por el recuerdo, la nostalgia agridulce de los que ahora sobre todo, con su desaparición, las evocan en su memoria, o simplemente recurriendo a YouTube, o bien a vinilos que hay que limpiar de polvo por el tiempo transcurrido.

La gatta fue la primera. Gino escribió una letra sencilla que le brotaba del alma. Tenía una gata siamesa de la que no se separaba en sus viajes. Cambió de domicilio al recalar en Roma. Y el minino, o minina, murió. Gino lloró su pérdida. Mejor, depositó en una cuartilla esa sensación de soledad. Y al piano, adornó las estrofas con las lágrimas resbalando por sus mejillas.

Una noche de 1959 necesita estar con una mujer. Pura necesidad fisiológica. En un burdel creyó haber encontrado el amor. Y al volver a casa lo expresó en un papel pautado, y una letra que entrelazaba la pasión desesperada, el compulsivo deseo. Así creó Il cielo in una stanza. Aunque Paoli realizó una excelente pieza, la grabación de Mina fue insuperable.

Corría 1961. Año en el que, aun estando casado con su primera mujer, sentía hacia Ornella Vanoni una atracción compartida, entre encuentros y separaciones. Le escribió Senza fine (Sin fin), basándose en las muchas veces que acariciaba las manos grandes y elegantes de la diva, su musa.

La cuarta de esas inolvidables canciones, posiblemente la mejor o al menos la más recordada, fue Sapore di sale (Sabor a sal). Era verano de 1963. En aquella playa, Gino Paoli abrazaba a su amor juvenil, Stefania Sandrelli, entonces una chiquilla de quince primaveras. La brisa del mar le inspiró aquella hermosa melodía, que grabada con arreglos de Ennio Morricone y el saxofón de Gato Barbieri ascendió en las listas de éxito de innumerables países.

Una quinta y última creación cierra ese quinteto de obras de Gino Paoli para la crítica italiana: Un hombre vivo. Otra vez en aquel 1961 un repaso a la existencia, el transcurrir del tiempo, la reflexión de lo que es la vida.

Sus atormentados amores

Salvo su primer matrimonio con Anna Fabbri en los años 60, quizás porque aún no gozaba de su fama posterior, las relaciones sentimentales de Gino Paoli fueron seguidas con interés por las muchas admiradoras que seguían sus aventuras en las revistas gráficas.

Toda esa vida de noches interminables de lujuria, de excesos con la bebida y el tabaco pasaron factura a Gino Paoli en aquellos años 60. Un aneurisma aórtico abdominal estuvo a punto de acabar con su vida. Atravesó por problemas hepáticos, cardiovasculares y respiratorios. La muerte de un hermano en 1975, alcoholizado, le hizo plantearse otro tipo de existencia. Aun así, en los últimos años pasó por dificultades respiratorias, mareos, pérdida de equilibrio, náuseas y laberintitis, que afectaba a su oído interno, razones por las que ya fue despidiéndose, sobre todo cuando con el COVID-19 tuvo más complicaciones.

Cuando ya había tenido su primer hijo con su esposa, la noche del 5 de junio de 1961, Gino Paoli conoció a Stefania Sandrelli, ya mencionada líneas atrás. Fue a escucharlo cantar en un escenario veraniego de la localidad de Viareggio, donde la habían elegido Miss. Se paseó cerca del escenario agitando su bonito vestido verde de flecos. Paoli se fijó muy sorprendido en ella. Al terminar el concierto, incluso bailaron. Aquella noche se despertó entre los dos una impetuosa relación que duró largo tiempo. Ella, entre tanto, se iba convirtiendo en una hermosa estrella de la pantalla, tras su feliz debut a las órdenes de Pietro Germi, en Seducida y abandonada. El amor entre ambos fue tormentoso. Peleas, rupturas, reencuentros, adioses. En esas que Gino toma una pistola y dispara. La bala estuvo a punto de rozarle el corazón a pocos centímetros. «Si me amaras de verdad no habrías cometido eso», le dijo Stefania cuando acudió al hospital, donde también se encontraba su mujer Anna.

Lo que se dijeron entonces aquellas dos mujeres enamoradas del mismo hombre pueden imaginárselo. El caso es que el cantautor genovés decía siempre esto: «Si amo a una mujer es para toda la vida».

En 1964 Anna Fabbri le dio un hijo, Giovanni. Tres meses después, en el mayor secreto, Stefania Sandrelli alumbró una niña, de Gino, Amanda. La niña acabó viviendo con su padre, Stefania continuó con sus películas y Anna se convirtió en madrastra de aquella niña, que ha tenido una desgraciada vida, sufriendo abusos de un futbolista y padeciendo un cáncer.

El seductor imparable que era Gino Paoli continuó con su vida alocada, formando un triángulo, aunque no real en el lecho, con una tercera mujer, la cantante Ornella Vanoni, en aquellos primeros años 60. Acabaron mal, él llamándola insoportable y ella reconociendo que su amor hacia él fue problemático: «Por eso lo amé tanto». Mas también resolvió al romper para siempre: «No lo tenía, no lo poseía». En 1985 firmaron la pipa de la paz actuando en unas cuantas galas.

La segunda y última esposa de Gino Paoli con quien estuvo unida cuarenta y cinco años es la compositora Paola Penzo. Se casaron en 1991 y tuvieron tres hijos, Nicolo, Tomasso y Francesco. Es quien ha cerrado los ojos de su gran amor.

Cuando muere un personaje millonario, como era Gino Paoli se suscitan problemas respecto a la herencia. Gino Paoli ganó mucho dinero, sus derechos de autor son muy elevados, deja casas en Liguria y su residencia en Génova, más una renta vitalicia. Confiemos que no haya líos familiares al respecto, siquiera como respeto a un inmenso creador.