Las células tumorales son capaces de «reprogramar» el cerebro para favorecer la metástasis, y un fármaco ya aprobado para el asma podría bloquear este proceso. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), publicado en la revista Cancer Research, que abre nuevas opciones en el tratamiento de la metástasis cerebral, una complicación que afecta a casi un tercio de los pacientes con cáncer.
Durante décadas, la metástasis cerebral se ha considerado la fase terminal de los tumores más agresivos, hasta el punto de que los pacientes que la desarrollaban eran excluidos de ensayos clínicos por su mal pronóstico. Sin embargo, el grupo de Metástasis Cerebral del CNIO, dirigido por Manuel Valiente, lleva más de diez años desmontando esta premisa. Su investigación demuestra que el éxito de las células cancerosas en el cerebro no es casual: implica una reprogramación activa del entorno cerebral para convertirlo en un nicho favorable a su crecimiento.
«Para prosperar, las células tumorales deben alterar el propio cerebro», explica Valiente, según recoge Ep. Cuando llegan al sistema nervioso central, la mayoría son eliminadas rápidamente, pues carecen de las herramientas necesarias para sobrevivir allí. Solo unas pocas poseen la capacidad de iniciar una auténtica reforma molecular del tejido cerebral. Estas células activan vías que deberían permanecer inactivas y transforman el entorno en un espacio únicamente favorable al tumor.
De células defensivas a «aliadas» del tumor
El nuevo hallazgo del CNIO se centra en un mecanismo hasta ahora desconocido y potencialmente común a múltiples tipos de cáncer que metastatizan en el cerebro. El estudio, con la investigadora Laura Álvaro Espinosa como primera autora, identifica el papel clave de una proteína llamada MIF (Macrophage Migration Inhibitory Factor). Esta molécula, producida por las células tumorales, funciona como una «llave» que, normalmente nunca, se utiliza en el cerebro. Su diana es el receptor CD74, presente en macrófagos y microglía, las células inmunitarias que deberían defender el sistema nervioso.
En condiciones normales, estas células actuarían para frenar la metástasis. Sin embargo, MIF logra reprogramarlas para trabajar a favor del tumor. En lugar de activar el sistema inmunitario, los macrófagos y la microglía CD74 modificados facilitan la expansión del cáncer. Esta conversión de células defensivas en aliadas tumorales constituye un paso clave en la progresión de la enfermedad.
Lo más prometedor del trabajo es que este mecanismo puede bloquearse. El equipo del CNIO ha identificado un fármaco, ibudilast, ya aprobado en otros países para tratar el asma, que actúa precisamente impidiendo la unión entre MIF y CD74. En modelos animales y en muestras de pacientes, la administración del medicamento redujo significativamente la metástasis cerebral. Además, el compuesto penetra con facilidad en el cerebro y presenta buena tolerancia, características esenciales para un tratamiento de este tipo.
También implicado en el alzheimer o la EM
El CNIO aspira a poner en marcha un ensayo clínico en humanos a medio plazo, un paso crucial para determinar la efectividad real del fármaco en pacientes oncológicos. Dada la falta de terapias específicas -más allá de la radioterapia y la cirugía-, este avance representa un nuevo horizonte en un campo donde la necesidad clínica es urgente: se calcula que el 30 % de los pacientes con cáncer de mama, pulmón, melanoma, colon o recto desarrollan metástasis cerebral en algún momento.
El estudio también plantea que el mecanismo MIF CD74 podría estar implicado en otras patologías neurológicas no tumorales, como el alzhéimer o la esclerosis múltiple, lo que abre la puerta a futuras aplicaciones terapéuticas más allá del cáncer.
Si los ensayos confirman su eficacia, ibudilast podría convertirse en el primer tratamiento dirigido específicamente a frenar la metástasis cerebral, transformando el pronóstico de miles de pacientes cada año.