La 59ª Temporada de Ópera de Las Palmas ha continuado con Otello, en la sexta ocasión que se representa en esta plaza, cima del Verdi tardío en el cual la continuidad dramática, la densidad orquestal y la caracterización psicológica de los personajes sustituye definitivamente al número cerrado. La partitura, de enorme exigencia estructural, requiere un equilibrio preciso entre escena y foso que en esta primera función se resolvió con criterio y eficacia.
En ese sentido el maestro Carlo Montanaro entendió bien la naturaleza de esta escritura orquestal, basada en una trama continua donde la orquesta no acompaña, sino que articula el discurso dramático: su lectura al frente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria fue sólida, con especial atención al balance con las voces y a la claridad de planos. Destacó el control de las dinámicas en los grandes bloques sonoros, así como la gestión del cromatismo y las tensiones armónicas características del Verdi de madurez, evitando densidades excesivas. Especialmente logrados resultaron los pasajes de transición y los concertantes, donde la superposición de planos orquestales y vocales exige precisión milimétrica. Hubo pulso, control y una clara voluntad de sostener la continuidad dramática sin fragmentaciones.
En cuanto al elenco destacó la entrega del tenor Michael Fabiano, que debutaba tanto en el rol como en la temporada. El cantante estadounidense frontó Otello desde una aproximación expresiva y comprometida; con una tesitura casi de tenor spinto, mostró un timbre brillante y una proyección eficaz, con un centro robusto que sostuvo el peso del papel. Su emisión, de carácter heterogéneo, encontró cohesión en la intensidad interpretativa, configurando un personaje creíble en su progresiva degradación. En su actuación destacó tanto por su voz como por su entrega escénica, especialmente en “Dio! mi potevi scagliar”, bien fraseado y de adecuada tensión. Su química con la soprano fue evidente en el dúo “Già nella notte densa”, de línea cuidada y buen empaste, así como en el desenlace final. Igualmente efectiva resultó su compenetración con el barítono en “Sì, pel ciel marmoreo giuro”, uno de los momentos de mayor carga dramática de la obra.
La soprano italiana Erika Grimaldi, por su parte, construyó una Desdemona de canto elegante y línea depurada, con un legato bien trabajado y emisión homogénea. Su instrumento, de naturaleza lírico-spinto, mostró solidez en el centro y seguridad en el agudo, creciendo progresivamente hasta alcanzar su mejor momento en el cuarto acto. Su “Ave Maria, piena di grazia” destacó por la pureza tímbrica, el control dinámico y una expresividad contenida de gran efecto.
Gabriele Viviani, también debutante en la temporada, ofreció un Yago de canto verdiano bien asentado y fraseo inteligente, con una presencia escénica constante que sostuvo el desarrollo dramático. Su interpretación incidió en la insidia del personaje, auténtico motor de la acción, con un “Credo in un Dio crudel” bien planteado, más sugestivo que brutal, pero plenamente funcional. Bror Magnus Tødenes, debutante en el rol de Cassio, cumplió con corrección y buena línea vocal, sin especial relieve. Andrea Gens, igualmente debutante, fue de menos a más, destacando en el último acto por intensidad y firmeza. David Barrera resolvió con solvencia su Roderigo y el resto de comprimarios mantuvo un nivel homogéneo. El coro, resultado de la fusión entre ACO y OFGC con refuerzo infantil en el segundo acto, ofreció un rendimiento irregular, brillante y cohesionado en el “Fuoco di gioia” del primer acto, pero menos compacto en el segundo.
La propuesta escénica de Carlo Antonio De Lucia optó por una estética clásica de tonos oscuros con referencias al gótico veneciano, resolviendo con eficacia los movimientos de masas. Destacaron la iluminación simbólica del “Ave Maria” y el uso de veladuras en la escena final, frente a unas proyecciones iniciales menos convincentes. La función concluyó con una gran acogida del público, que reconoció un resultado sólido ante una de las partituras más exigentes del repertorio. * Agustín AROCHA, corresponsal en Las Palmas de Gran Canaria de ÓPERA ACTUAL