Pillamos a Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara dando varios toques a un balón, algunos con más maña que otros, delante de una cámara. … Los vídeos serán ampliamente difundidos a través de las redes sociales de Movistar Plus+, pues promocionan ‘Por cien millones‘, la nueva serie de Nacho G. Velilla, que llega este jueves a la plataforma. En ella, los tres actores dan vida a tres mecánicos que, asediados por las letras del banco, deciden secuestrar a un futbolista y pedir un rescate.

Suena a broma, pero la historia que se cuenta en esta ficción de tres episodios ocurrió. El futbolista al que raptaron era, además, uno de los más queridos por la afición, Enrique de Castro González, Quini. El de Oviedo acababa de ser fichado por el Barcelona, tras once años jugando para el Sporting de Gijón. Tras un encuentro con el Hércules, en el que marcó dos goles y que se saldó con un 6-0, dos individuos lo encañonaron con una pistola y se lo llevaron en su propio coche, iniciando un calvario de veinticinco días que dejó en vilo no solo a la familia del jugador sino a una sociedad española que se levantaba, día sí y día también, con atentados de ETA o del Grapo.

Velilla, responsable de películas como ‘Menudas piezas’ o ‘Fuera de carta’ y artífice de ‘7 vidas’ y ‘Aída’, regresa a la televisión con una comedia que sigue los pasos de estos tres aragoneses que, con el agua al cuello, tomaron una decisión incomprensible. «Conocía el caso de Quini, pero no sabía los detalles y el guion me pareció chulísimo», explica Arévalo, que recibió una llamada del director de títulos como ‘Que se mueran los feos’ para dar vida a Alfonso, un hombre casado y con tres hijas que acabará convirtiéndose en el líder de este desquiciado trío.

Pese a que se conocen desde hace veinte años, es la primera vez que Arévalo comparte plano en pantalla con Sanz, el único aragonés de los tres actores. Curiosamente, al coprotagonista de ‘Volveréis’ ni le sonaba esta historia. «La verdad es que no conocía el caso y debería, pero es que no soy muy futbolero», confiesa quien encarna a Jorge, un secuestrador a punto de ser padre que vive un síndrome de Estocolmo a la inversa y acaba ensimismado con Quini, al que interpreta Agustín Otón.

Gabriel Guevara, el más joven de los tres, con quien Velilla ya había trabajado en ‘Mañana es hoy’, y cuya carrera profesional ha dado un salto importante con la trilogía ‘Culpa mía’, fue el último en entrar a formar parte de la banda. Discotequero y bailarín, Salva aprovechará sus incursiones en el bar donde le compran los bocatas a Quini para tratar de ligarse a la camarera. «Me entusiasmé muchísimo porque son dos pedazo de actores. Además, es un personaje bastante diferente a lo que he hecho hasta ahora y me apetecía bastante dar vida a un secuestrador y más si secuestra a un futbolista del barça», explica entre risas para después agradecer los «buenos consejos» que le han dado sus compañeros de reparto.

Agustín Otón, Raúl Arévalo y Vito Sanz.

Imagen principal - Agustín Otón, Raúl Arévalo y Vito Sanz.

Imagen secundaria 1 - Agustín Otón, Raúl Arévalo y Vito Sanz.

Imagen secundaria 2 - Agustín Otón, Raúl Arévalo y Vito Sanz.

«Hacer una serie es un acto de fe»

Con una ambientación exquisita y cuidada hasta el mínimo detalle, son las peripecias de estos tres inexpertos secuestradores los que hacen avanzar una comedia que, pese a lo hilarante de las situaciones -escogieron a la víctima repasando las celebrities que salían en la revista ‘Semana’ y en las llamadas teléfónicas que efectuaron a la familia, pese a que trataban de ocultarlo, el acento maño acababa saliendo a la luz-, nunca se aleja del realismo. Una de las claves está en el excelente desempeño del trío a la hora de dar vida a estos iluminados. «Intentas comprender cuáles eran las circunstancias que les rodeaban, la presión económica que tenían, el momento vital e histórico… Te puedes hacer a la idea de cuáles pueden ser las cabezas de esos personajes para empatizar y no entrar en conflicto con ellos, aunque sepas que hay otras salidas más honestas», comenta Sanz.

Y funciona porque el espectador no quiere que Quini sufra, pero sí desea que los personajes se puedan llevar un dinerito. «Ese es el gran trabajo de Nacho -señala Arévalo-. Los personajes están escritos de forma tan libre que funcionan». En este sentido, el tono es todo un acierto. «Hay que tratar siempre de confiar en el director y en la propuesta. Nacho tenía muy claro cómo tenía que ser y hay que tratar de ir todos a una. Al final hacer una serie o una película es un acto de fe», argumenta Sanz.

Lo más llamativo es que, pese a ambientarse en los ochenta, la propuesta dialoga con el presente y con esa dificultad que tienen ahora mismo las personas para acceder a una vivienda. «Una cosa es que ahora sea más difícil conseguir una casa y que vivamos en un mundo de mierda en muchos aspectos, pero creo que en muchos otros hemos progresado», razona Arévalo. «No creo que se pueda extrapolar lo que pasaba antes con lo que pasa ahora. A cada uno le toca vivir unas dificultades. Mis padres eran camareros y se pudieron comprar un piso. Ahora es imposible», añade el actor. Sanz, por su parte, trata de ver el lado bueno de las cosas. «A nivel de estructura social, las cosas han cambiado bastante para bien. Es cierto que tenemos dificultades muy gordas, como las de la vivienda, que necesitamos que la gente de poder gestione lo más humanamente posible, pero yo intento ser positivo», reflexiona.

Cabe preguntarles qué serían capaces de hacer si se vieran tan ahogados de deudas como los protagonistas de ‘Por cien millones’. «Yo echaría a la lotería», responde rápido Guevara. «Yo trabajaría mucho, lo que no haría sería algo delictivo o malo porque hay que saber sostener las cosas», contesta Sanz. Y desarrolla: «Cuando vas a ligar con una persona e intentas ser quien no eres y vas de malote, no suele funcionar. A los cinco minutos se nota y te dicen: ‘Tú eres gilipollas’. Así que no sostendría una cosa que no me sale basada solo en el dinero». El argumento hace estallar de risa a sus compañeros.