De niño, fascinado por Neil Armstrong, Buzz Aldrin y el resto de los primeros hombres que pisaron la Luna, Carlos García-Galán soñaba con ser astronauta. Entonces pensaba que aquello había sido un «milagro». Y aún lo cree. Incluso después de casi dos décadas … trabajando en la NASA y de conocer sus entresijos desde puestos de responsabilidad, entre ellos en el Programa Artemis, el nuevo Apolo. Está cumpliendo su sueño, aunque ciertamente no es astronauta. Es el jefe de todos ellos. Porque García-Galán acaba de ser nombrado director de la primera base lunar que la agencia espacial estadounidense quiere instalar sobre el regolito en 2032. La primera colonia humana en otro mundo dependerá, en última instancia, de este ingeniero malagueño, que ya hace años urgía a acelerar en la nueva carrera lunar para adelantarse a China. Y, a juzgar por el giro estratégico anunciado por el administrador de la NASA, Jared Isaacman, su visión va en la dirección correcta.

—¿Cómo se enteró de que el administrador de la NASA, Jared Isaacman, había pensado en usted para el cargo?

—Me comentaron que estaba pensando en iniciativas distintas a las que estábamos desarrollando y que mi nombre estaba encima de la mesa como uno de los posibles responsables. Hace más o menos dos meses tuvimos una reunión virtual, pero en este encuentro, que duró unos 20 minutos, solo hablamos de cosas generales del Programa Artemis. Poco después me convocaron a Washington y allí me comunicaron que querían que liderase el proyecto, en el que sería el responsable de construir las naves que van a ir a la Luna, de idear la campaña de misiones…

«Si no te pones metas ambiciosas, no avanzas. Y llevamos muchos años avanzando muy lento»

—Usted era el subdirector de la estación lunar Gateway, la estación lunar que sería la ‘casa’ de las tripulaciones en la Luna, y que ahora se ha cancelado de forma indefinida. 

—La verdad es que en la reunión ya no hablamos de Gateway, sino de una base lunar. Entonces es verdad que no sabía qué iba a ocurrir con el programa. Ahora la intención es trasladar toda la arquitectura que ya teníamos adelantada en la órbita a la superficie de nuestro satélite. Queremos reenfocar todos nuestros esfuerzos a una base lunar y, por supuesto, si hay cosas de Gateway que podamos utilizar, como módulos o equipos, los vamos a usar. Pero no solo eso: hay otros programas de la NASA que también van a ser absorbidos por el programa de la base lunar.

—¿Cómo cuáles?

—Todos los que están relacionados con la exploración lunar. Por ejemplo, se están desarrollando vehículos, tanto tripulados como autónomos. También naves de aterrizaje que llevarán experimentos científicos. Todo eso estará dentro del paraguas de la base lunar. Intentamos evitar tener muchos planes diferentes y no acabar haciendo nada. Por eso vamos a tener objetivos muy concretos.


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—Europa tenía un peso muy importante en Gateway: estaba desarrollando módulos y componentes críticos, como el sistema de gestión y distribución de energía que se construye en Airbus Crisa, en Tres Cantos. ¿Han hablado con sus socios de la Agencia Espacial Europea (ESA)? ¿Cómo se han tomado que se haya cancelado el programa?

—Sí, hemos hablado con todos ellos y el cambio siempre es un poco difícil. Pero, al final, todo el mundo prefiere tener astronautas sobre la superficie lunar, no mirando desde la órbita. Por supuesto hay cosas que tenemos que hablar, pero creo que todo el mundo está más entusiasmado con los nuevos objetivos.

—Por su colaboración, la ESA tenía asignados tres asientos para la estación Gateway. Con este cambio, ¿significa que ahora tienen billetes para que los primeros tres astronautas europeos pisen la Luna?

—Hay que hablarlo. Está claro que la NASA está abierta a llevar astronautas de otros países y que queremos que vengan, pero eso se va a basar en las contribuciones de esas agencias a la base lunar.

«Tenemos la capacidad de ir a la Luna, pero otros pueden tenerla muy pronto»

—Y para dar tiempos concretos, ¿cuándo cree que veremos la primera base lunar de la NASA?

—Nosotros entendemos que desde ahora se está empezando a construir, pero los módulos habitables estarán ya en la superficie lunar en la tercera fase, a partir de 2032. Hay que entender que una base lunar ocupará cientos de kilómetros cuadrados, con diferentes tipos de equipos, infraestructuras, rovers y, ya en la última fase, módulos habitables para que las tripulaciones estén allí de forma permanente. Pero eso es solo una parte.

—Hay quien critica que los tiempos son muy ajustados y que ni la tecnología ni la ciencia básica están preparadas. 

—Está claro que nuestro nuevo plan es mucho más ambicioso que el anterior. Pero algo parecido pasó en el año 60, cuando la NASA dijo que iban a ir a la Luna en 10 años sin ni siquiera haber entrado en órbita. Y lo hizo. Tenemos que pensar diferente. Claro que todos los lanzamientos y los alunizajes son muy ambiciosos, pero eso es lo que nos va a ayudar a entender cuáles son las cosas que nos están retrasando y saber qué falla para cumplir los plazos. Si no te pones metas ambiciosas, no avanzas. Y llevamos muchos años avanzando muy lento.

—Y mientras, China empieza a convertirse en un serio rival. ¿Se respira este ‘miedo’ en la NASA?

—Hay una competición, ciertamente. Es importante que la gente sepa que nosotros tenemos la capacidad de ir a la Luna y hacer exploración. Pero quizá otros la puedan tener muy pronto. Y es muy importante que Estados Unidos lidere en tecnología y ciencia, porque así otros países y agencias también querrán colaborar con nosotros. Porque si no, lo harán con otros que sí lo estén haciendo. Por eso tenemos que hacerlo rápidamente y avanzar nuestra tecnología hacia objetivos nuevos y ambiciosos.