Rodrigo Cuevas se autodenomina «agitador folclórico» por algo. El artista asturiano revolucionó ‘La Revuelta’ de David Broncano con su desparpajo sazonado con una pizca de … provocación. Se deslizó con estilo por el tobogán con la montera picona puesta, el sombrero asturiano de lana y color oscuro, y madreñas, el calzado de madera tradicional de su tierra. «Es lo más agradable que existe», aseguraba mientras le dejaba probarlas al presentador, empeñado en llamarlas zuecos. «Me da que eres un poco patizambo», bromeaba el ovetense.

El cantante ha reformulado la música tradicional con una mirada electrónica, con matices pop y cabareteros. Lo hace con su nuevo disco ‘Manual de belleza’, un volumen que sucede al de Cortejo (2019) y el de Romería (2023). El músico explicó que pretende sacarse el carné de conducir camión, el que lleva la escenografía de su gira. «Son cosas de heteros», se reía. Acabaron hablando sobre la muerte y si tiene ya por escrito su última voluntad. «Claro. Dejé claro que no me lleven al tanatorio. A mí se me vela en casa. Es más bonito, más romántico», insistía.

Nombrado recientemente Premio Nacional de las Músicas Actuales, Cuevas nació en Oviedo en 1985. Formado en el conservatorio de la capital asturiana y en la ESMUC de Barcelona, se fue a vivir a Galicia y volvió a su tierra, a Asturias, para asentarse en Vegarrionda, una pequeña aldea de menos de 20 habitantes en el concejo de Piloña, en la zona oriental del Principado. De regalo precisamente le llevó una especie de kit principiante piloñés. «Nueve años has tardado en traerme», le echaba en cara antes de darle los obsequios.

En la cesta había una montera, huevos de una pava clueca, unas madreñas, un huevo pinto de Pola de Siero, una ristra de morcillas de su vecina, avellanas, maíz y una camiseta en apoyo a ‘Las seis de La Suiza’, «Han prometido un indulto que no llega para estas sindicalistas que están en la cárcel por defender a una compañera. El Gobierno de izquierdas a veces va muy lento. Llevan seis años… y la ‘Ley Mordaza’, ¿qué?», se quejaba Cuevas. A cambio, el programa dio al cantante una postal de su pueblo.

Le tocó al invitado dar un masaje a Broncano en el pie, que se le subió en plena entrevista porque había jugado al tenis. «Es una fascitis plantar». Y acabó pidiendo un masaje a cambio con algún que otro orgasmo de por medio. Cuevas repartió entradas entre aquellos asistentes que demostrasen alguna habilidad peculiar, como por ejemplo conseguir hacer el sonido de una gota de agua con la boca. Y descubrió que entre el público estaba una buena amiga suya como Rozalén.