Con el día nublado y un ambiente fresco, los tronos del Socorro ya se habían retirado cuando la alfombra roja se estiró para engalanar la … escalinata del Palacio Consistorial. Adentro, la corporación municipal remataba los últimos detalles. Las damas se ajustaban la banda y los señores la corbata, el chaleco y el fajín. Ojerosos algunos de haber pasado la madrugada acompañando al Cristo Moreno, el café fue el aliado de confianza para afrontar un día largo que comenzaba con la homilía a la que todos estaban llamados en la basílica de la Caridad.

Pasadas las 11.00 horas, las cornetas anunciaron al gentío congregado en la plaza del Ayuntamiento la salida del cívico cortejo. Encabezados por policías en traje de gala y los maceros, todos los concejales iniciaron el camino a la iglesia a paso procesionista, con el edil Nacho Jaúdenes portando la bandera de la ciudad y la alcaldesa, Noelia Arroyo, a la cola, junto al vicealcalde, Gonzalo López Pretel.

La gran mayoría de la Corporación estuvo presente con las únicas salvedades precisamente de los dos ediles no adscritos: la expresidenta de MC María Dolores Ruiz y el otrora primer teniente de alcalde Diego Salinas. El hasta no hace tanto militante de Vox se ausentó de esta señalada cita al igual que ya hiciera el pasado miércoles, día en el que celebró la última sesión ordinaria del Pleno municipal.

Sin poder evitar cruzar sonrisas y chascarrillos, los políticos fueron haciendo el silencio a su paso por unas calles que todavía se estaban desperezando de una noche vibrante y de fiesta. Muy al contrario, por desgracia, de las que suele vivir el casco cualquier día de labor.

Pasada la calle Mayor y la plaza San Sebastián, los concejales salvaron con la ayuda de los agentes algunos obstáculos en su deambular hacia el encuentro con la Patrona. En los bares de la calle Jara, un alborozado piquete de granaderos cadetes dejaron sus conversaciones y aperitivo a un lado para formar y enmudecer al paso de los señores de su excelentísimo Consistorio.

Más adelante, cuando el cortejo iba a enfilar la calle Arco de la Caridad, pasada la plaza San Francisco, entorpeció el paso del desfile tres maceteros de los que suelen ornamentar habitualmente Puerta de Murcia y la calle del Carmen. No contaban con ellos la Policía Local y el protocolo del Ayuntamiento. Tras valorar sobre la marcha desviar el desfile por la calle Caballero, finalmente se optó por pasar entre las plantas y no retrasar más la llegada de la Corporación al templo.

El delegado del Gobierno, Francisco Lucas; el presidente de la Comunidad, Fernando López Miras; la presidenta de la Asamblea Regional, Visitación Martínez; y la consejera de Cultura, Carmen Conesa, ya aguardaban largo tiempo en la Serreta el esperado aterrizaje de los ediles, necesario para dar comienzo junto a la curia a la solemne eucaristía. También esperaban el paso del cortejo miembros de la Asociación Origen y de la Plataforma Virgen de la Caridad, quienes reclamaron con sus pancartas en alto la reconstrucción de la Catedral vieja.

Tras el saludo entre mandatarios, Arroyo se desprendió antes de ingresar en la iglesia de su bastón de mando, pues puertas adentro la alcaldesa perpetua es la Caridad. La basílica estuvo un año más llena hasta la bandera. Ni un solo hueco libre entre los bancos y los pasillos llenos de feligreses enlatados dan prueba de que la Patrona sigue moviendo y conmoviendo. La primera fila estuvo copada por todo lujo de prohombres y destacadas personalidades del municipio entre autoridades civiles, militares y judiciales, diputados regionales y, por supuesto, los hermanos mayores de la principales cofradías y demás cargos honoríficos de la Semana Mayor.

De blanco impoluto, sacerdotes y monaguillos hicieron su procesión claustral con umbráculo y misal de gran tamaño. El obispo, José Manuel Lorca Planes, hizo entonces acto de presencia entre los fieles y tomó posición en el altar mayor bajo la imagen de la Patrona.

El prelado de la Diócesis evitó durante su homilía pisar charcos y no se desvió de su papel religioso con un discurso en el que resaltó el sentido cristiano de la Semana Santa, ensalzó a la Patrona y puso en valor la labor benéfica del Santo y Real Hospital. No se pronunció, por tanto, sobre los ciudadanos que protestaban en la puerta por el futuro de Santa María La Mayor. Tampoco atendió posteriormente a los medios de comunicación.

Terminadas las lecturas y antes de proceder a la consagración y la comunión, tuvo lugar el momento simbólico que todos los presentes aguardaban. La alcaldesa, cumpliendo un año más con esta costumbre iniciada en 1762, se postró y enunció la preparada plegaria de los cartageneros a su amada Virgen.

La alcaldesa pidió en su discurso protección para los vecinos más vulnerables ante las consecuencias económicas derivadas de la guerra y el final de los conflictos bélicos. «Volvemos a tu casa en el Día Grande de Cartagena para renovar nuestra antigua promesa de estar siempre al lado de nuestros vecinos más necesitados», afirmó Arroyo. En ese mismo sentido, destacó que el Hospital de la Caridad representa la expresión más antigua de esa enseñanza y extendió ese reconocimiento al conjunto de entidades sociales de Cartagena, en referencia a la red de asociaciones e instituciones que atienden a personas con necesidades especiales en el municipio.

La alcaldesa destacó que la Semana Santa en España comienza en Cartagena, en referencia a la procesión del Cristo del Socorro y con ella «empiezan los días en los que nos sentimos más cartageneros», fechas que son jornadas de reencuentro, tradición y familia, y recordó también a quienes viven esos días lejos de Cartagena.

Ese recuerdo incluyó de forma expresa a los cartageneros desplazados fuera de España. La alcaldesa pidió amparo para ellos y afirmó que «rezamos por el fin de esas guerras que causan dolor donde se producen y que llegan hasta nosotros agravando los problemas de nuestros vecinos más vulnerables», en referencia a los militares del Ejército y de la Armada destinados en unidades próximas a zonas de conflicto en el este de Europa y en Oriente Medio.

«Nuestro compromiso como servidores de tu pueblo es darles amparo y trabajar para que la severidad de estos tiempos no les aleje de la dignidad que merecen», señaló en referencia a la preocupación por el efecto económico que pueda tener la guerra en Oriente Próximo sobre las familias con menos recursos y expresó al compromiso municipal de atender esa situación.

«También junto a los jóvenes que aspiran a una vivienda, estaremos al lado de quienes siguen buscando empleo y junto a los trabajadores que temen perder este año el puesto con el que han mantenido durante décadas a sus familias», afirmó la regidora en alusión a la situación laboral de la factoría de Sabic y al temor que existe ante posibles despidos por el cierre de una de sus plantas.

En la parte final de su intervención, la alcaldesa apeló a la unidad de acción institucional. Arroyo pidió mantener esos objetivos «al margen y por encima de otros intereses» y reclamó que «todos trabajemos para alcanzarlos desde la colaboración leal que merece Cartagena», afirmó ante el delegado del Gobierno, que no pudo evitar hacer alguna mueca.

Finalizado el discurso, la alcaldesa hizo entrega de esa Onza de Oro que simboliza la contribución anual del Ayuntamiento al Santo y Real Hospital de Caridad. Una aportación municipal que está valorada en 50.000 euros y que se acrecentó este Viernes de Dolores con las limosnas que las mujeres de peineta recogieron entre las bancadas de la basílica. Un dinero que la institución agradece a cada uno de los donantes presentes en la misa con una estampa de la Patrona.

La eucaristía concluyó con el canto de la salve y los feligreses congregados pudieron marchar en paz con sus familias mientras las autoridades pasaban por el ‘photocall’ para dejar constancia de su visita. A la salida del templo, las cuestadoras recogían más donativos en la calle y empezaban ya entonces a llegar los primeros ramos para vestir de olorosa primavera la fachada del templo de la Serreta horas antes de que arrancara la popular ofrenda vespertina.