El primer proyecto importante que otorgó cierta visibilidad a Clint Eastwood en la industria audiovisual fue la serie de televisión emitida en Estados Unidos a finales de los años 50 y ambientada en el Lejano Oeste, ‘Cuero crudo’. Durante ocho temporadas, el actor dio vida a Rowdy Yates, un vaquero que, junto a su compañero, debía guiar un numeroso rebaño de reses desde Texas hasta Kansas, enfrentándose durante el trayecto tanto a los forajidos que desean robar el ganado como a las duras condiciones climáticas. Este personaje terminó por encasillarle en sus comienzos como un actor centrado en el género wéstern, lo que dificultó su capacidad de destacar ya que en aquel momento, la industria cinematográfica estaba llena de perfiles similares al suyo.

Getty Images
Después de cinco años en televisión, su carrera interpretativa parecía haberse quedado en punto muerto, pero el cineasta italiano Sergio Leone se puso en contacto con él para que viajara a Europa y encabezara la ambiciosa trilogía cinematográfica que se encontraba preparando ante la imposibilidad de que otros intérpretes de gran calado como Henry Fonda, Charles Bronson o James Coburn aceptaran el encargo. En aquel momento, el auge del spaghetti western coincidió con el declive de muchas figuras del wéstern clásico estadounidense, que veían cómo el género perdía fuerza y se veían forzados a aceptar papeles en producciones italianas de bajo presupuesto, donde a menudo eran retratados de forma algo caricaturesca para poder subsistir.

Getty Images
Por este motivo, el agente de Eastwood recomendó al actor no aceptar el encargo, ya que lo consideraba un “mal paso” en su carrera, una frase que años más tarde utilizó el actor para nombrar a su propia productora, Malpaso Productions. Sin embargo, Eastwood decidió aceptar la propuesta de Leone y se trasladó a Europa para el rodaje, donde finalmente se encargó del papel protagonista en las tres películas que conformarían la conocida ‘Trilogía del dólar’: ‘Por un puñado de dólares’ (1964), ‘La muerte tenía un precio’ (1965) y ‘El bueno, el feo y el malo’ (1966). En ellas, el actor dio vida a tres personajes diferentes que guardaban similitudes y que eran conocidos como ‘El hombre sin nombre’, un antihéroe enigmático, parco en palabras y hábil con el revólver que le impulsó definitivamente su carrera y le brindó el estrellato internacional.
Así pues, tras el rodaje de las dos primeras películas de la trilogía, Eastwood coincidió con otros intérpretes estadounidenses como Lee Van Cleef y Eli Wallach en el rodaje de ‘El bueno, el feo y el malo’ que tuvo lugar en España. Se sabe que la experiencia de Eastwood en las dos películas anteriores fue caótica, a causa de una forma de rodar las cintas en las que actores de procedencias muy diferentes hablaban en sus idiomas natales para más tarde ser doblados, y una metodología de trabajo desordenada que en ocasiones ponía en riesgo la integridad física de los intérpretes. Por este motivo, Eastwood le dio un consejo personal a Wallach el primer día de rodaje del filme que se convirtió en una frase que definía a la perfección el espíritu del spaghetti western: “Lo digo con todo el respeto del mundo, pero sé de lo que hablo cuando digo que nunca hay que confiar en nadie en una película italiana. Mantente alejado de los efectos especiales y los explosivos”.

Getty Images