El duelo entre Los Angeles Lakers y los Brooklyn Nets, disputado en la madrugada del sábado en el Crypto Arena, tuvo miga para alimentar a un regimiento. Así, en el cuarto minuto del segundo cuarto, se forjó una imagen para la historia, pues LeBron James asistió a Bronny … para que este anotara un triple desde la frontal, lo que significó el primer pase de canasta de un padre a su hijo en la NBA.
Además, los californianos sumaron su victoria número 14 (116-99) en los últimos 16 encuentros, éxito que les permite consolidarse en la tercera posición de la Conferencia Oeste y mirar con esperanza a los ‘playoffs’, que comienzan el próximo 18 de abril. Sin embargo, ya finalizado el choque, todos los focos apuntaron al hombre que, a base de toneladas de puntos, lleva meses dejando cadáveres a su paso: un tal Luka Doncic.
El esloveno, contra los neoyorquinos, se fue hasta los 41 en tan solo 39 minutos, y además lo hizo con una hoja de servicio magnífica al acabar con cinco triples en 10 intentos, 10 de 15 en tiros de dos y un pleno desde la línea de personal, seis de seis, exhibición que completó con ocho rebotes y tres robos. Una actuación que para cualquier otro jugador sería histórica, uno de los mejores días de su carrera, pero que el balcánico ha convertido en costumbre durante los últimos compromisos, ya que promedia casi 40 tantos desde comienzos de abril además de liderar la liga en este apartado (33,6).
Pese a todo, su inmaculada actuación tuvo un borrón. En el tercer periodo, Doncic protagonizó un intercambio dialéctico con el alero Ziaire Williams que acabó con un leve empujón al estadounidense. Este soltó el brazo de vuelta e impactó en la mandíbula del base, acción que provocó una técnica para cada uno, la decimosexta amonestación de su campaña, lo que le impedirá participar en el duelo contra los Wizards del próximo lunes. Un leve cruce de claves que también tuvo la semana pasada ante el georgiano Bitadze, pívot de los Magic, que presuntamente le dijo en serbio que iba a acostarse «con toda su familia».
Los dos casos evidencian que Doncic, a pesar de estar firmando los mejores registros de su carrera, vive en una tensión constante, con una rabia en su interior que le permite desplegar todo su potencial pero que también saca su genio. Y es que el exjugador del Real Madrid lleva tiempo acumulando titulares no solo en la prensa deportiva, sino también en la rosa, debido a que está inmerso en una profunda batalla legal con su expareja por la custodia de sus dos hijas. Así lo confirmó el propio jugador en la ‘ESPN’ el 11 de marzo: «Las amo más que a nada en el mundo y he hecho todo lo posible para que estén conmigo en Estados Unidos, pero no ha sido posible».
Según la prensa estadounidense, su ya expareja, Anamaria Goltes, y el jugador habrían tenido una fuerte discusión en Eslovenia en diciembre del año pasado después del nacimiento de su segunda hija, Olivia, hermana de Gabriela, que vino al mundo en noviembre de 2023. Los Lakers le habían dado permiso para desplazarse a su país natal, y Doncic, después del altercado, intentó llevarse a la mayor a Los Angeles, aunque finalmente volvió solo. Desde entonces, ambos progenitores han acudido a los juzgados, tanto americanos como eslovenos, para disputarse la custodia de las pequeñas, además de romper su compromiso de matrimonio.
Doncic, por tanto, se encuentra atrapado en un pantano emocional, en una de esas escenas que uno solo quiere que cobren vida en las pesadillas. Pero el genio balcánico, como una tetera, parece haber encontrado en el baloncesto una brecha para despresurizarse.
