En un mundo de filias y fobias la arquitectura de Luis Peña Ganchegui concita un consenso poco común: no solo es el referente de la … profesión en el País Vasco, sino uno de los profesionales más citados por ‘gurús’ del oficio como su amigo Rafael Moneo. Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Peña en Oñati (fue el 29 de marzo de 1926) y un amplio programa de actividades conmemorará en los próximos meses la efemérides, que coincide además con la reapertura de una de sus obras fundamentales, la llamada Plaza del Tenis, en el Peine del Viento. El arquitecto falleció en Donostia en 2009, a los 83 años.
El talento y la memoria de Peña Ganchegui se mantienen en una doble vía, a través de sus sucesores, en un ordenado relevo: su hija Rocío Peña y su yerno, Mario Sangalli, los dos arquitectos, empezaron a trabajar en el estudio junto a Luis y lo mantienen plenamente en activo, y a vez mantienen vivo su legado en el Archivo Peña Ganchegui, que promueve además iniciativas como premiar a los más destacados arquitectos jóvenes del País Vasco. «Nuestro objetivo es conservar esa memoria pero sin nostalgia, mirando siempre hacia adelante», dice Rocío Peña.
Actividades del centenario
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Artículo Luis Peña Ganchegui at 100 (29/03/2026).
Coincidiendo con el cumpleaños, la plataforma cultural Mascontext, con sede en Chicago, publica en su canal digital (mascontext.com) un artículo. -
Libro Luis Peña Ganchegui: El arquitecto como Lugar (abril).
Cuando se cumplen 10 años desde su publicación en papel, verá la luz la edición digital de la tesis doctoral de Mario Sangalli con las claves de quien fue su maestro y mentor. -
Exposición Plaza del Tenis, antesala del Peine del Viento (de mayo a septiembre).
En la actual sede del Instituto de Arquitectura (Convento de Santa Teresa) la muestra propone recorrer los 50 años que transcurren entre el nacimiento del autor de la Plaza del Peine del Viento y su construcción, deteniéndose en su concepción y realización antes de abordar la descripción de la rehabilitación recientemente culminada. -
Conferencias, un legado centenario (de octubre a diciembre).
Junto a la charla de presentación del libro Plaza del Tenis, se ha programado una serie de conferencias en torno al legado del arquitecto, a lo largo del otoño. -
Exposición Peña Ganchegui, arquitecto ilustrado (de octubre a diciembre)
Una docena de profesionales de la ilustración del País Vasco mostrará en la futura sede del Instituto de Arquitectura (Tabakalera), su visión sobre la obra de Peña Ganchegui, en una exposición que incluirá asimismo material procedente del Archivo Peña Ganchegui representando las obras seleccionadas. -
Libro Plaza del Tenis (fecha por determinar).
La cuarta entrega de la colección Fondo Peña Ganchegui, que aborda en forma de monografías las obras más emblemáticas de Peña Ganchegui, está dedicada a la Plaza del Tenis en el 50 aniversario de su puesta en obra. Incluye un texto inédito de Iñaki Abalos.
«Era un gran arquitecto, claro, pero también un padre en cierto modo a la antigua usanza, volcado en su oficio», recuerda Rocío Peña. «Luego fui a estudiar arquitectura a Barcelona y al regreso todo fue mucho más cercano. Entramos en el estudio Mario y yo, colaboramos en muchos proyectos y los últimos años, cuando ya estaba más enfermo, nos fue cediendo el protagonismo, pero siempre atento a los proyectos, hasta el final, aunque algunos, como la reforma del Leidor de Tolosa, tuviera que visitarlos en silla de ruedas».
Rocío Peña aúna la condición de hija, colaboradora y destacada arquitecta también. Y no duda en destacar las dos obras que en su opinión más caracterizan el estilo de su padre: la Plaza del Tenis y la Plaza de la Trinidad, las dos en Donostia, ciudad donde Luis Peña mantuvo su estudio y creó escuela con sucesivas generaciones de arquitectos.
«El trabajo arquitectónico de El Peine del Viento resulta único, y es estudiado internacionalmente, porque en ese proyecto confluyen todos los elementos a favor: un escenario natural impresionante, con la bahía y la huella del flysch de Igeldo, la escultura de Eduardo Chillida, el ruido del mar, la idea brillante de ‘cerrar’ la ciudad en ese extremo…». Esa obra se terminó en 1977 y hace solo unos meses, tras un tiempo de deterioro por culpa entre otras cosas de los desprendimientos de Igeldo, se ha reformado «respetando la filosofía original y adaptada a las necesidades de las personas con dificultades de movilidad o una nueva iluminación». El estudio de Peña Ganchegui ha colaborado con el Ayuntamiento y Rocío considera «muy satisfactorio» el resultado.
Tres de los proyectos clásicos de Peña Ganchgui: la Plaza del Tenis, las viviendas de Miraconcha en Donostia y la Plaza de la Trinidad.



La colaboración de Peña con Chillida se repitió luego en proyectos como la Plaza de los Fueros de Vitoria, ciudad donde también realizó en 1968 la iglesia de San Francisco, pero la otra «gran obra» que resalta Rocío Peña es la Plaza de la Trinidad en la Parte Vieja donostiarra, del año 1963, «una intervención pionera en su planteamiento de rescatar un espacio de uso público en el mismo corazón de la Parte Vieja».
Otros proyectos destacados de Peña Ganchegui son la torre de Vista Alegre en Zarautz (1958), la Unión Farmacéutica de Gipuzkoa en Igara (1973), las viviendas de Miraconcha sobre la bahía (1982) o el hotel Amara Plaza, «pero sin olvidar obras más pequeñas y de enorme valor, como las viviendas de Oiartzun o de Mutriku».
Un amplio programa de actividades conmemora el centenario (se detalla en el recuadro adjunto) rescatando la obra y la figura de un arquitecto que fue también un humanista y un personaje ciudadano. Entre los actos previstos se incluye la edición digital del libro de Sangalli sobre el creador nacido en Oñati. «Supo aunar la modernidad que llegaba de fuera con la mejor tradición local, y por eso su obra, y sobre todo su influencia, siguen hoy plenamente vigentes», explicaba Sangalli cuando presentó ese libro. Nacido en Oñati en 1926, aunque oriundo de Mutriku, «Peña fue el último todoterreno, porque trabajó en todos los campos, desde la producción arquitectónica hasta la enseñanza pasando por la crítica y la implicación en la vida cultural».
Estudió en Vitoria y en San Sebastián y después marcharía a Madrid, de 1945 a 1955, para realizar sus estudios de arquitectura. Después volvería a San Sebastián, donde encaró su primer proyecto, la torre de Vista Alegre en Zarautz. «Sus plazas, y su manera de entender el paisaje, fueron su gran aportación», remata Rocío Peña. «La Plaza de la Trinidad, por ejemplo, marca cómo trabajar en el límite que une la naturaleza con lo urbano. Pero además fue un aglutinador de gentes, en contacto con la efervescencia del País Vasco en los años del final del franquismo e inicio de la Transición».
El protagonismo de la reforma del Peine «que lo mantiene fiel a su espíritu»
El centenario de Peña Ganchegui coincide con el fin de la rehabilitación de su obra más destacada, la plaza y el entorno del Peine del Viento, su trabajo con Eduardo Chillida. Una exposición en el Instituto de Arquitectura contará cómo ha sido el largo proceso de más de diez años, pilotado por Rocío Peña, y cuyo mayor reto era «que no se notara»: mantener la esencia de lo que dejaron los creadores pero resolviendo los problemas que han surgido con el paso del tiempo y «limpiando» los añadidos.La estabilidad del acantilado y la mejora de la accesibilidad eran los principales desafíos. «Lo más bonito es que ahora vienes aquí y no parece que nadie ha intervenido», explica la hija del arquitecto. «Nosotros hemos desaparecido y lo que aparece a la vista de las personas es lo que había antes. Es lo que siempre hemos querido».