Había una sensación en Tarragona, especialmente entre la afición del Casademont, de que este año la Copa de la Reina se iba a venir para Zaragoza sí o sí. Y efectivamente no era descabellado afirmar que el equipo aragonés era, junto al Spar Girona, el gran favorito a levantar el título, sobre todo por la dinámica, si bien desde el vestuario siempre se defendió que de favoritas nada y que iba a ser muy difícil. Y Cantero advirtió que cuanto más alto apuntas «la leche que te pegas es más gorda». Así fue.

Ante el Valencia Basket perdió porque fue peor, un resumen reducido a la mínima expresión, aunque para ello sí que hubo diversos factores que explican la derrota: el aspecto mental, el punto físico, el rebote ofensivo y, sobre todo, el acierto en los tiros. Y eso que los números fueron más igualados de lo que pareció.

Quizá pesó en exceso el favoritismo, que fue impuesto desde el exterior más que una creencia desde el interior. Y ya lo avisó Aminata Gueye en una entrevista con este diario antes de la Copa: «Siempre que soy favorita acabo perdiendo así que no me gusta». También verse desde el primer cuarto por debajo en el marcador propició un exceso de precipitación en busca de una remontada rápida. El Valencia Basket optó por hacer ataques más largos y un baloncesto más académico frente a un Casademont más a trompicones, a momentos y sensaciones, pero que cuando tuvo más pausa estuvo más cerca de obrar una de esas remontadas clásicas del equipo aragonés.

Tampoco le ayudó el punto extra físico que propuso el Valencia Basket, con dos interiores muy potentes siempre. Cantero a veces jugó con Gueye y Hempe para contrarrestar y probó también con cuatro pequeñas y una pívot, pero nada sirvió para igualar el plan de Rubén Burgos.

Y aunque el Casademont terminó con un rebote ofensivo más que el Valencia Basket, los seis que capturaron las taronjas en el primer cuarto propiciaron que se marchasen en el marcador y que creciese la bola de nieve de nervios y precipitación por remontar.

En cuanto al tiro, solo Fiebich (4) anotó casi los mismos triples que todo el Casademont (5). La alemana, que no necesita presentación en Zaragoza, fue ese puñal que tantas alegrías dio en el Felipe, pero que ayer tocó sufrir. De todos modos, el 5/22 en lanzamientos desde el perímetro es insuficiente en un partido de la importancia de unas semifinales de la Copa.

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