Poco o nada tendrá que ver la gira que Rosalía realizó por España en el verano de 2022, con la que este lunes atronará el … Movistar Arena de Madrid, se espera que recuperada tras la intoxicación alimentaria que le obligó a cancelar en pleno directo su actuación en Milán el pasado miércoles.

Si en aquellos recitales, la artista catalana lo fiaba todo a su prodigiosa y a un fantástico cuerpo de ocho bailarines, mientras tiraba fundamentalmente de pregrabados para la música, en esta ocasión la de San Esteban Sasroviras se ve arropada por una treintena de músicos en formato de orquesta de cámara con cuerda, vientos y percusiones.

Será, sin duda, una experiencia mucho más orgánica y natural, en consonancia con un disco como ‘Lux’, sinfónico, lleno de florituras orquestales y en el que la artista se acerca, a su manera, a la ópera sin perder de vista el cajón flamenco, las palmas, las bases urbanas y el autotune que configuraron buena parte de sus dos trabajos anteriores. «’Motomami’ era minimalista. ‘Lux’ es puro maximalismo», ha llegado a decir la compositora, y eso se tiene que notar en la apuesta musical. Es esta, por cierto, una de las razones por las que la gira, en lugar de viajar por varias ciudades españolas, se ha concentrado en dos únicos lugares con cuatro fechas cada uno. A saber, el Movistar Arena de Madrid, hoy y los días 1, 3 y 4 de abril, y Palau Sant Jordi de Barcelona, los días 13, 15, 17 y 18 de abril. En mitad de ambas citas, actuará dos noches en Lisboa (8 y 9 de abril) y después de Barcelona se dejará ver por Países Bajos, Bélgica, Alemania y Reino Unido antes de dar el salto al continente americano, donde le esperan otros 22 conciertos.

Desembarca Rosalía con su espectáculo más ambicioso y sofisticado hasta la fecha pero también muy consciente de que cuenta con el favor de un público que, haga lo que haga, acaba agotando las entradas. Con precios entre los 51 y los 299 euros, bastaron apenas unas horas para colgar el cartel de no hay tickets en todas las fechas del ‘Lux Tour’, aunque no sin críticas, pues más de la mitad de ellas se pusieron en preventa a través de una entidad financiera, una iniciativa que condiciona y complica el libre acceso a los eventos.

Lo cierto es que hasta llegar al estadio del Olympique de Lyon, el pasado 16 de marzo, fecha en la que echaba a andar la gira, la artista ya había dado pistas de lo que el público iba a encontrarse en los conciertos. No solo porque había prometido un espectáculo muy distinto al de ‘Motomami’, que combinaría «experimentación, rigor y alegría», sino también por las tres actuaciones en vivo que, en los meses que han transcurrido desde que se publicara el álbum (7 de noviembre), han hecho más llevadera la espera. En todas ellas, la presencia de una orquesta que recogiera el descomunal trabajo del disco era vital, desde la ‘Reliquia’ que despachó en Los 40 Music Awards celebrados en noviembre en Santander, hasta el ‘Berghain’ junto a Bjork con el que deslumbró en los Brit Awards de finales de febrero, pasando por la coqueta y juguetona ‘La perla’ que interpretó en el ‘Tonight Show’ de Jimmy Fallon.

¿Y qué es lo que se va a encontrar el espectador en estos shows? Sin desvelar mucho y en función de los vídeos que ya corren como la pólvora por internet, un espectáculo de pop ambicioso, que se asoma a la ópera, al arte, al ballet y también a la religión y la fe, aunque con más ligereza de la que cabría esperar. La acción se desarrolla en dos escenarios, uno principal, en forma de semicírculo e iluminado con bombillas, que se asemeja a un teatro a la italiana, y otro, emplazado en el foso, con forma de cruz latina, que permite a la artista acercarse al público. Precisamente, es en las intersecciones de los ejes de esta cruz, donde se ubican los músicos.

En cuanto al repertorio, como es lógico, la presentación de ‘Lux’ se lleva todo el protagonismo en las casi dos horas de concierto, si bien la catalana se ha reservado algunos de los éxitos de ‘Motomami’, mucho más despreocupados y disfrutones. No hay, al menos en los conciertos que ya se han celebrado, ni rastro de ‘El mal querer’. Y una polémica: hay quien asegura que Rosalía se ayuda de pregrabados en algunas de las canciones. Quienes lo hacen refuerzan su argumentación con un vídeo en el que se ve a la artista interpretando el aria que ha compuesto para este disco, ‘Mio cristo piange diamanti’. Su respiración suena en toda la canción, pero cuando llega el último verso, posiblemente el más complicado a nivel vocal de todo el disco, esa respiración desaparece. Aunque la artista no sostiene la nota tanto como en el disco, cabe la posibilidad de que haya grabado otra toma para que en concierto suene algo más natural.