La oportunidad de debutar como entrenador jefe en la NBA se cruzó en el camino de Tiago Splitter de manera inesperada el pasado octubre, cuando … Chauncey Billups tuvo que dejar las riendas de los Portland Trail Blazers tras verse inmerso en un caso de red de juego ilegal. El exbaskonista pasó de asistente a timonel principal al mando de una franquicia huérfana de Damian Lillard, su gran estrella, pero a la que ha logrado colar en el play in dentro de la salvaje Conferencia Oeste. El logro asienta una carrera incipiente como técnico en la mejor liga del mundo después de su fugaz y brillante experiencia el pasado curso al frente del París Basketball. Europa parece ahora lejana para Splitter, pero nunca se sabe en un oficio inestable como el de entrenador. «Las puertas siguen abiertas», asegura.

– Para quien ve de lejos la NBA, ¿qué valor le da a que un exjugador baskonista alcance el play in de la NBA como entrenador principal de Portland Trail Blazers?

– Era el objetivo del equipo antes de empezar la temporada. La Conferencia Oeste es brutal, muy fuerte y durísima. Muchos equipos están hechos para ganar el título. Nosotros somos un plantel joven, que está desarrollándose todavía. Hemos tenido sorpresas positivas como Deni Avdija o Donovan Clingan, que han mejorado bastante, pero el mérito es de todos. Luego, el equipo ha sabido navegar por diferentes situaciones complicadas. El estado de ánimo estaba jodido cuando Billups dejó el equipo y también hemos sabido superar los problemas físicos. Somos el segundo equipo del Oeste con más lesionados. Nos hemos sabido mantener y hemos alcanzado la meta del play in.

– Tras la imputación de Billups, ¿cómo llega Splitter a ser entrenador jefe de los Blazers?

– Yo era segundo asistente de Billups. Había otro ayudante por delante de mí. Cuando surge lo que surge, el club tiene que tomar una decisión y consideró que el entrenador ideal era yo. Ya fuera por mi experiencia de jugador internacional o como técnico principal en París, mi edad, por ser un entrenador joven con ambición… No sé. El caso es que todo fue muy rápido. Me desperté una mañana con mensajes y llamadas sobre qué había pasado en la franquicia y una hora después me llamaba mi agente para preguntarme si quería coger el cargo.

– ¿Tuvo alguna duda?

– No. Cuando tienes un objetivo en mente y al final ves la opción de cumplirlo tienes cero dudas en cogerlo.

– Fue una continuación inesperada a lo que vivió la temporada pasada en París, pero ¿cuándo hace clic su cabeza para querer ser entrenador?

– Fue mi primera temporada en Brooklyn. Aún no tenía claro si iba a estar más en oficinas o como entrenador y aquel año me dio muchas certezas sobre lo que me gusta. Antes que nada soy un competidor, como jugador, entrenador o trabajando en un despacho. En aquel momento dije: ‘Yo quiero entrenar, estar a pie de pista’. Es lo que más me llena, lo que me da esa alegría de despertarme y encarar el día con ganas.

– Los Blazers tienen a Damian Lillard, su gran estrella, en pleno proceso de recuperación de una lesión, pero ganó el concurso de triples del pasado All Star. ¿Cómo vive sin su jugador franquicia?

– Lillard es una gran figura en Portland por la trayectoria que tiene en el equipo. Se le repescó sabiendo que iba a estar un año fuera y eso abría la posibilidad de desarrollar jugadores jóvenes y contaríamos con él el próximo año. Aún no está para jugar un ‘cinco contra cinco’, pero tirar, tira que te cagas, porque le veo todas las mañanas lanzar mil tiros y no había problemas para que compitiera en el concurso de triples.

– El tópico dice que en la relación entre entrenador y jugador en la NBA el primero se lleva la peor parte. ¿Le pasa a usted?

– Yo lo llevo muy bien. Mi suerte es tener un equipo muy fácil de entrenar. No tengo estrellas o jugadores que me den problemas. Soy afortunado por tener una plantilla muy currante y humilde, con pocos egos.

La reconversión de Avdija

– A falta de Lillard, se ha ‘inventado’ otra estrella con sello Euroliga que es Deni Avdija.

– Las lesiones de este año en el puesto de base nos han llevado a buscar soluciones y él ha llegado a jugar durante tres meses como primer generador en todas las posiciones. Es el punto principal de ataque del equipo. Muchas jugadas son para que él genere la ventaja y, a partir de ahí, jugamos. Es muy incisivo y prácticamente imparable a campo abierto. Está teniendo un año espectacular.

– Tiene a sus órdenes a Sidy Cissoko, que se fue muy joven de Vitoria sin debutar con el primer equipo del Baskonia. ¿Ha encontrado su camino en la NBA?

– Juega con mucho carácter, siempre al cien por cien. Quizás no sea el que más acierto tiene en ataque, pero siempre lo deja todo. Es de esos jugadores que siempre quieres tener porque aporta en esfuerzo defensivo, rebote, sacar faltas en ataque.

– Se tiende a pensar que en la NBA todo el mundo juega igual. Desmiéntalo.

– Es un mito, algo muy simplista. No se trata de elegir entre el estilo europeo o la NBA sino ver qué jugadores tienes y qué es lo que hacen bien. Yo tengo a Deni Avdija, Jrue Holiday, Jerami Grant o Toumani Camara, que son nuestros exteriores titulares. Ninguno es conocido por jugar ‘pick and roll’. Entonces, tienes que buscar otras vías, con más pases, haciendo hincapié en el juego sin balón, más cortes y penetraciones…Intentas sacar lo que tiene cada uno de provecho. Luego, hay algo que hacemos mejor que nadie que es ir al rebote ofensivo con hasta cuatro ‘tíos’ en todas las posesiones. Somos el segundo mejor equipo de la NBA en ese apartado de juego.

– A la hora de buscar estrategias para frenar a los mejores jugadores del mundo, ¿se vuelve loco en busca de fórmulas?

– No los vas a parar así que hay que sacar partido de otras cosas. Es más, todas las estrellas son así. Tú vas a jugar contra Luka Doncic o Nikola Jokic y es increíble cómo dominan el partido. Te queda intentar minimizar lo que te van a hacer.

– Describa Portland.

– Es una ciudad un poco distinta a Estados Unidos, pero para bien. La verdad es que me gusta. Tiene una cultura que a veces es muy parecida a la vasca, con mucha afición por la montaña y por los espacios abiertos. Un poco alternativa, diferente y muy bonita. Llueve mucho en invierno. Luego, el aficionado tiene mucho respeto por los jugadores y entrenadores de su equipo.

– ¿El buen papel esta temporada le da crédito para conservar el puesto la próxima?

– Es mi objetivo. Al final, tendrán que tomar una decisión. También es cierto que hay un proceso de cambio de propiedad en los Blazers. El nuevo dueño será el que decida.

– Como para preguntarle por un posible retorno a Europa…

– No voy a decir que no nunca, aunque mi objetivo a corto plazo es estar aquí, en la NBA. Me gusta mucho el baloncesto europeo y lo veo siempre que puedo. Las puertas siguen abiertas.

Dinero y cultura deportiva

– Conoce bien el baloncesto a ambas orillas del Atlántico. ¿Ve factible una colaboración entre la NBA y la Euroliga?

– Lo que veo es que la Euroliga tiene un producto espectacular, un baloncesto increíble. Pero también sabemos que no es viable, porque los equipos pierden dinero. Hay que buscar la forma de que sea rentable. No sé si la NBA puede hacer eso o no, pero yo lo intentaría.

– En estos grandes planes de expansión, ¿qué papel vislumbra para una ciudad pequeña como Vitoria y un club con sus limitaciones como el Baskonia?

– Portland también es una ciudad y un mercado pequeños. No todos los equipos de la NBA se asientan en grandes ciudades. Está claro que para la NBA es más apetecible tener una franquicia en Londres, París, Estambul o Atenas, porque ahí vas a sacar dinero. Pero es obvio que la NBA no puede dejar de lado la pasión por el baloncesto que hay en una ciudad como Vitoria. No lo hacen aquí con lugares como San Antonio, Portland u Oklahoma, sedes con características muy parecidas a Vitoria. Debes dar valor a esa cultura deportiva que tienen este tipo de ciudades y creo que la NBA lo va a hacer.

– Si algo puede instaurar la NBA en Europa es que no ganen los de siempre. Por aquello de los límites salariales.

– A lo mejor a algunos equipos grandes no les apetece demasiado ya que tendrían que gastar un dinero parecido al Baskonia o el Asvel, por poner un ejemplo. Los más ricos siempre quieren tener la opción de invertir sin límite para estar por encima del resto. Ahora mismo, es algo que no pasa en la NBA. Por mucho más dinero que tengan franquicias como los Lakers o los Knicks, tienen que jugar con las misma reglas que el resto.

Alegría copera

– ¿Qué sentimientos le despertó el triunfo del Baskonia en la Copa del Rey?

– Me alegré mucho. Me hizo mucha ilusión por gente como Josean (Querejeta), Félix (Fernández) o Alfredo (Salazar) y todas las personas del club a las que tengo mucho cariño y que pudieron celebrar un título después de tantos años. También me alegré por Rodions Kurucs o Cabarrot, a los que entrené personalmente en Brooklyn.

– ¿Kurucs y Cabarrot tienen ese carisma que usted y otros gastaban como jugadores azulgranas?

– Siempre es importante tener a jugadores aguerridos que te van a sacar partidos, a veces no por talento, sino por cojones. Es el perfil que siempre busca el Baskonia y creo que en el caso de Rodi y TLC al club le ha salido muy bien.

– Qué tiempos cuando el club azulgrana ganaba o alcanzaba una final por año.

– Son ciclos que atraviesan todos los clubes. En aquella época en la que estuve yo e incluso antes el Baskonia tenía un núcleo muy fuerte de jugadores muy ganadores. Hablamos de gente como Bennett, Scola, Prigioni… Me olvido de muchos. Sergi (Vidal), por ejemplo habrá sido el jugador que más títulos ha ganado con el Baskonia. Al final, el club siempre intenta cuadrar las plantillas de la mejor manera posible.

– Hoy en día, ¿es imposible mantener un núcleo similar durante más de una temporada?

– Así es. Por eso es importante el equilibrio en el dinero que se gasta. Si tienes a muchos equipos con un presupuesto muy superior y te van a robar los jugadores es muy difícil lograr una mínima continuidad. Si algo me gusta del sistema NBA es que, al tener todos más o menos un dinero similar, puedes tener una visión a largo plazo un poco más definida.

Los Blazers ‘carcelarios’ esperan estreno en Netflix

Tiago Splitter forma parte de una franquicia histórica, con 56 temporadas de existencia en la NBA, 37 presencias en los play off y un título, ganado en la temporada 1976-77 con el legendario Bill Walton como estrella de aires hippies y cinta en una melena poblada. Es el equipo con el que debutó Fernando Martín, incurrió en el pecado mortal de no elegir en el ‘draft’ de 1984 a un tal Michael Jordan o que negó el éxito a otros referentes del baloncesto español como Rudy Fernández y Sergio Rodríguez.

Los tiempos cambian y aquella alergia al producto extranjero ha cambiado en Portland. Damian Lillard puede que sea el alma baloncestística de ‘Rip City’, pero mientras se recupera de su grave rotura del tendón de Aquiles la gran referencia del equipo es el israelí Deni Avdija. En una NBA en la que cuesta acaparar focos más allá de las sedes clásicas y ganadoras, el equipo de Oregón saltará en breve a las pantallas con el estreno en Netflix del documental ‘Jail Blazers’ (Blazers Carcelarios), que retrata la época tumultuosa de finales de los noventa y principios del actual siglo.

Es el retrato de aquellos Blazers pendencieros que trataron de responder al dominio de los Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal, liderados por figuras como Rasheed Wallace, Damon Stoudamire o Bonzi Wells. Baloncesto de chicos malos, detenciones por posesión de marihuana y escándalos nocturnos.