En muchas regiones del mundo, las altas temperaturas en las viviendas suponen un problema que se extiende durante numerosos meses al año. Para solucionarlo, el grupo de investigación Innovación, Sostenibilidad y Desarrollo Empresarial (ISDE) de la Universidad de Granada señala la importancia de la orientación de la vivienda y de la mejora del aislamiento para favorecer el ahorro energético y económico e incrementar el bienestar. Para alcanzar el confort térmico en zonas con altas temperaturas también son clave otras medidas pasivas como instalar toldos o añadir elementos vegetales, como las cubiertas verdes.
En lugares con problemas de sequía, son relevantes los sistemas capaces de canalizar, almacenar y reutilizar el agua. En caso de riesgo por inundaciones y lluvias torrenciales, la solución pasa por mejorar los sistemas de drenaje, la utilización de pavimentos permeables y aumentar la vegetación. Esta tiene la capacidad de absorber y retener parte del agua, reducir la escorrentía superficial y mitigar los efectos de las lluvias intensas.
Para alcanzar todos estos objetivos, la arquitectura bioclimática incorpora, desde las primeras etapas de diseño hasta la construcción final, estrategias y recursos para diseñar edificios que se adapten al máximo a las condiciones climáticas de cada lugar. Los edificios bioclimáticos aprovechan al máximo recursos naturales como la luz solar, el viento y la vegetación para garantizar el confort térmico sin depender en exceso de sistemas de climatización artificial.
“El componente humano es vital, debemos promover la conciencia de los usuarios para que sepan cómo operar su vivienda y cómo reaccionar ante nuevas condiciones climáticas”, señala Ospina.
Buenas prácticas ante el cambio climático: el proyecto Miiroku
Las viviendas Miiroku, parte del proyecto de vivienda social ‘Casa para mí’, del Grupo Argos, son un gran ejemplo de construcción adaptada al cambio climático a nivel tanto medioambiental como social. Nacieron inspiradas en el modo de vida de los Wayuu, un pueblo indígena que vive sobre todo en La Guajira, al norte de Colombia, y en el estado Zulia en Venezuela.
“Este proyecto, certificado en diseño por CASA Colombia, es una respuesta integral a las condiciones extremas del desierto de La Guajira, demostrando que la verdadera adaptación climática nace de la intersección entre la arquitectura, la ingeniería y la comunidad”, explica Ospina. “La comunidad se involucró en el diseño, asegurando que la vivienda responda a sus usos y necesidades reales. Al integrar sus costumbres, se combate la pérdida de identidad cultural, logrando que la comunidad cuide y mantenga las viviendas, lo cual es vital para la sostenibilidad a largo plazo”, señala.