La infanta Cristina entregó las llaves de su piso de alquiler de Ginebra el jueves 26 de marzo de 2026. Con este gesto cerraba una etapa de más de 12 años en la ciudad suiza, los últimos en auténtica soledad. Ahora, el futuro de la hermana de Felipe VI es incierto. No va a vivir en Barcelona todo el año, sino que parte de este tiempo lo pasará viajando por trabajo y, otra, viviendo en algún punto del planeta.

Entre sus opciones, según ha podido saber Vanitatis en exclusiva, hay ciudades como Lisboa, donde viaja mucho por la Fundación Aga Khan, que tiene allí una sede; como Londres, donde vive tanto su hijo Juan como, muy cerca, Irene, su única hija; como el que más le gustaba y que tenía pensado desde el principio, que es Abu Dabi. Cristina de Borbón pensaba instalarse con su padre, el rey Juan Carlos I, en la capital de Emiratos Árabes, pero el estallido de la guerra contra Irán y los ataques de Irán a países de la zona aliados de Estados Unidos han dificultado y roto los planes de la Infanta. Por ahora, no sabe a dónde va a ir a vivir, así que Barcelona será su base durante un tiempo.

Juan Carlos I en Madrid en el 60 cumpleaños de la infanta Elena, en 2023. (EFE/Javier Lizón)

Todos los enseres de la infanta Cristina llegaron en tres camiones esta semana a la capital catalana. Una vez cerrada la casa de Ginebra, es Barcelona la que se convierte en su residencia, al menos por el momento. Desde la ciudad viajará a diversos lugares, como ha hecho estos días a Palma. La hermana del Rey está con su madre esta Semana Santa. Sabemos también que viajará a Madrid para ver a su hijo Miguel, que vive allí, mientras que con su segundo hijo, Pablo, convive en su casa. Una casa de unos casi 400 metros cuadrados, totalmente reformada.

Cambios de piso

La reforma de la vivienda ha durado meses y ha servido para dejar una casa blanca, de madera vista, muy al estilo de la infanta Cristina, muy parecida además al piso en el que vivía en Ginebra. Nos referimos, eso sí, al segundo piso que alquiló, porque el primero era un piso de aquellos antiguos, de largos pasillos y techos altos, con suelo de mosaicos, situado en el centro de la ciudad, en la rue des Granges. Aquella casa tenía un gran portalón de madera que salía en los medios continuamente, algo que a ella le molestaba y le preocupaba de cara a la salida de su marido, entonces Iñaki Urdangarin, de prisión.

Por eso se mudó a otra zona, un barrio más comercial, de avenidas más anchas y mucho más anónimo. Porque juntos tenían los planes claros: Urdangarin debía instalarse en Ginebra, con sus permisos penitenciarios al principio, con su libertad después. Y, decíamos, cambió de casa para pasar desapercibida ante la prensa y que su marido no fuera fotografiado en un momento tan sensible. Pero, como todos sabemos, todo se truncó cuando Urdangarin, confundido y agobiado por su paso por prisión, encontró en una compañera de trabajo la respuesta a sus anhelos. Pero bueno, eso es otra historia, ya lo saben.

Juan Urdangarin, junto a Johanna Zott y su madre, la infanta Cristina. (Gtres)

La historia actual es, como suele pasar, curiosa: porque ahora la Infanta vive en la misma ciudad en la que también vive su exmarido, Iñaki Urdangarin. Barcelona, el que fuera el hogar de sus años más felices juntos, vuelve a estar en sus mapas sentimentales, aunque de maneras bien distintas.

Urdangarin pasa varios días a la semana en Barcelona, muchos de esos días instalado en casa de los amigos que antes alojaban a su hijo Pablo y que ahora le alojan a él; en la misma habitación. Así que Urdangarin, instalado en la habitación del hijo, está muy cerca de su exmujer, con quien comparte además el mismo círculo de amigos. Un entorno en el que poco a poco deberá integrarse también Ainhoa Armentia.

La infanta Cristina entregó las llaves de su piso de alquiler de Ginebra el jueves 26 de marzo de 2026. Con este gesto cerraba una etapa de más de 12 años en la ciudad suiza, los últimos en auténtica soledad. Ahora, el futuro de la hermana de Felipe VI es incierto. No va a vivir en Barcelona todo el año, sino que parte de este tiempo lo pasará viajando por trabajo y, otra, viviendo en algún punto del planeta.