El Domingo de Ramos de 2026 puso ayer en evidencia la saturación que vive la Semana Santa de Sevilla, aunque parece que ésta ya solo se circunscribe al interior de los cortejos. Que la jornada acabara con más de 80 minutos de retraso fue … consecuencia de un cúmulo de pequeños infortunios pero sobre todo del crecimiento desbordado del número de nazarenos en la mayoría de las cofradías. Es casi imposible encontrar una hermandad que no vaya de a tres -excluyendo las de ‘negro’, que se niegan a ello- o casi en manifestación como se vio ayer a la Paz cruzar por la Carrera Oficial para cumplir con sus horarios. La realidad es que este incremento de las filas provoca un efecto rebote: a más nazarenos, menos público en las calles.
Esa fue la sensación con la que se cerró el Domingo de Ramos. Sí, claro que había gente en el Centro, pero no se aproximó ni de lejos a las grandísimas bullas que se vieron otros años. Las únicas zonas que se colapsaron en las horas centrales del día fueron el Salvador, la Cuesta del Rosario o la plaza del Cristo de Burgos, donde las autoridades informaron que estaba completo el aforo y que, por tanto, era recomendable que nadie más se acercara a ver pasar por allí a cofradías como la Hiniesta, la Cena, San Roque o la salida de la segunda parte del cortejo del Amor. Pero a pesar de estas advertencias, tanto en la app municipal como en el perfil oficial de Emergencias Sevilla, hubo muchos sevillanos que se obcecaron en ello y provocaron los primeros (y únicos) aforamientos y colapsos de la jornada.
En el resto de las calles del Casco Antiguo, las bullas casi no existieron. Era muy cómodo moverse de un punto a otro, salvo por la insistencia de más de un turista despistado por meterse por zonas en las que la circulación de personas estaba restringida. En García de Vinuesa, por ejemplo, un italiano con el móvil en la mano intentaba convencer a un vigilante de acceso a las sillas de la Avenida que el GPS de su móvil le indicaba que tenía que pasar por allí para llegar a su destino. Evidentemente, no lo consiguió y tuvo que dar marcha atrás. Pero anécdotas al margen, resultó sencillo moverse con un poco de picardía por el Centro para contemplar las cofradías donde cada uno quisiera. En los recorridos de ida de las hermandades de la Amargura o del Amor, en Trajano y Jesús del Gran Poder, apenas había un par de filas de público mientras pasaban los cortejos, algo impensable hace poco tiempo.
Una jornada más madrugadora
Seguramente contribuyó a esta sensación de menos gente en las calles el hecho de que la jornada comenzara antes que nunca. El reloj no había alcanzado ni las tres de la tarde cuando cinco cofradías ya habían iniciado su estación de penitencia camino de la Catedral. A esa hora ya estaban en las calles los nazarenos de la Borriquita, la Cena, Jesús Despojado, la Paz y la Hiniesta. Sin embargo, el adelanto horario no evitó que el Domingo de Ramos se alargara hasta casi las tres de la madrugada. En total, casi 14 horas ininterrumpidas de cofradías que hicieron que el público tuviera tiempo suficiente para todo, tanto para salir temprano y recogerse en casa a una hora más que prudente, como para almorzar tranquilamente y salir a última hora de la tarde para contemplar los cortejos más tardíos.
La otra gran diferencia con respecto a años anteriores fue la ausencia de vallas de forma generalizada. Parece que tanto las autoridades como las hermandades se han dado cuenta de que estos elementos provocan más perjuicios que otra cosa en la Semana Santa de Sevilla y que sólo deben utilizarse cuando sean estrictamente necesarias y en puntos concretos. Hubo vallas, evidentemente, en las puertas de todas las iglesias de las que salieron las cofradías de ayer, pero su objetivo más que bloquear el paso era facilitar que los cortejos pudieran ponerse en la calle con la mayor celeridad posible. En cruces conflictivos, como la esquina de Francos con la Cuesta del Rosario, también pudieron verse algunas, pero nada que se acercara a lo ocurrido el pasado Domingo de Ramos. Queda por ver si la falta de grandes bullas y la retirada de vallas fue algo puntual o una nueva realidad que se va a extender al resto de los días que nos quedan por delante.