En la actualidad, la mayoría de los programas de cribado de cáncer de pulmón se centran principalmente en grandes consumidores de tabaco o fumadores de larga duración en el tiempo. Sin embargo, este enfoque pasa por alto a un grupo cada vez más numeroso como son las personas que desarrollan cáncer de pulmón …
En la actualidad, la
mayoría de los programas de cribado de cáncer de pulmón se centran principalmente en grandes consumidores de tabaco o fumadores de larga duración en el tiempo. Sin embargo, este enfoque pasa por alto a un
grupo cada vez más numeroso como son las personas que desarrollan cáncer de pulmón a
pesar de no haber fumado nunca, vinculados
a factores como las partículas finas (PM2.5) en la atmósfera o a la
susceptibilidad genética. En concreto, las mujeres no fumadoras representan una proporción sustancial de todos los casos de cáncer de pulmón, debido a factores como la contaminación atmosférica y el riesgo genético, más que al tabaco.
En este contexto, se presentó en el reciente Congreso Europeo de Cáncer de Pulmón (ELCC) celebrado, recientemente, en Copenhague (Dinamarca), un estudio prospectivo, intervencionista y no aleatorizado de una cohorte china, por parte del especialista chino Dr. Caichen Li, en el que se constata que una única prueba de detección mediante tomografía computarizada de baja dosis (TCBD) puede reducir significativamente la mortalidad por cáncer de pulmón en una población no basada en factores de riesgo, incluyendo personas sin antecedentes de tabaquismo.
La cohorte de pacientes que se sometieron a la prueba de detección mediante TC de baja dosis incluyó a personas elegibles inscritas en el proyecto Lung-Care, mientras que la cohorte de comparación consistió en personas de la misma región geográfica y rango de edad que no se sometieron a la prueba y sirvieron como grupo de control natural. Los investigadores compararon la supervivencia global (SG) entre pacientes con casos de cáncer de pulmón detectados mediante la prueba y otros con casos de cáncer de pulmón no detectados. El estudio tuvo un seguimiento medio de 7 años.
Los investigadores del estudio hallaron que la detección precoz del cáncer de pulmón se asoció con un riesgo significativamente menor de muerte por esta enfermedad, con un cociente de riesgos (CR) de 0,45 (IC del 95%: 0,32-0,65; p <0,001). Al estratificar por sexo, la detección precoz del cáncer de pulmón se asoció con una menor mortalidad en hombres (CR: 0,55; IC del 95%: 0,36-0,83; p = 0,004) y mujeres (CR: 0,28; IC del 95%: 0,13-0,60; p <0,001).
«Cabe destacar que el tabaquismo intenso y los antecedentes de enfermedad pulmonar obstructiva crónica se asociaron con peores resultados (P<0,001), mientras que no se observaron asociaciones significativas para otros factores como la exposición a sustancias tóxicas o los antecedentes personales o familiares de cáncer», explicaron los investigadores del estudio.
«El proyecto LUNG-CARE demuestra que, al realizar pruebas de detección más allá de los criterios de riesgo convencionales, detectamos la enfermedad en etapas más tempranas: más del 80 % de los cánceres detectados mediante cribado eran de estadio I, lo que se traduce directamente en vidas salvadas. Una reducción del 72 % en la mortalidad femenina no es algo que se pueda observar, sino una señal para actuar», señaló, al respecto, la prof. Marina Garassino, de la Universidad de Chicago, quien no participó en el estudio.
Los autores del estudio concluyeron que estos «hallazgos resaltan el beneficio potencial de extender las pruebas de detección más allá de los criterios de elegibilidad actuales basados en el riesgo». No obstante, los investigadores reconocieron algunas limitaciones y desafíos de la prueba mediante TC de baja dosis (TCBD): Si bien una detección más amplia puede ser rentable en algunos contextos, los costos de las pruebas de imagen y de seguimiento tras resultados positivos pueden ser difíciles de sostener para ciertos sistemas de salud.
La TCBD también tiene una tasa de falsos positivos relativamente alta —alrededor del 8 % (4)—, lo que puede derivar en procedimientos invasivos innecesarios, costos adicionales y ansiedad en los pacientes. En consecuencia, su adopción en programas nacionales ha sido lenta y, donde la detección está disponible, la participación sigue siendo desigual debido a barreras como el miedo al diagnóstico y la baja percepción del riesgo personal.