El oro físico y los contratos cotizados de esta materia prima funcionan como un valor refugio en medio de la volatilidad del mercado. Históricamente, el precio del oro sube en momentos de incertidumbre como el actual, con una guerra en marcha con efectos inflacionistas. Sin embargo, la onza de oro cae un 13,5% desde que estallaron las hostilidades. Y parte de la culpa estaría en los bancos centrales y en la reducción de sus reservas.
La onza de oro cotiza sobre los 4.500 dólares tras el primer mes de conflicto. Refleja una leve recuperación desde los mínimos del pasado 26 de marzo en los 4.100 (mínimo intradía) pero aún tiene un recorrido por delante del 19% hasta su máximo histórico visto antes de que estallase la guerra en Irán. La fiebre por el oro se desató mucho antes de la escalada bélica pero comenzó casi tras el primer disparo. Así, marzo es el peor mes para el oro cotizado desde octubre de 2008.
Los responsables de las políticas monetarias de medio mundo llevaban años acumulando oro en sus reservas para una situación de crisis. Pues esa situación de crisis habría llegado y muchos de estos bancos centrales ya estarían comenzando a vender parte de sus reservas de la materia prima preciosa para contener el alza de precios o para sujetar la caída de sus respectivas divisas.
Es decir, el oro sí podría estar funcionando como un refugio del mercado, pero el exceso de oferta por parte de los banqueros centrales podría estar tirando los precios a la baja. «Los bancos centrales, los mayores compradores de oro en los últimos años, están empezando a considerar la posibilidad de utilizar parte de sus reservas para sufragar el considerable aumento del gasto en energía y defensa», comentó el experto en materias primas de Bloomberg, Marcus Ashworth.
Países como Polonia o Turquía han incrementado drásticamente sus reservas de oro en comparación con la cuantía de otras divisas de respaldo como son el euro o el dólar. No obstante, en términos de volumen en comparación con el total de los bancos centrales, el Banco Popular de China es el gran tenedor de oro. Según los últimos datos del Consejo Mundial del Oro, la interprofesional del sector vinculado al metal precioso, los bancos centrales poseen 4,3 billones de dólares en reservas de oro.
No obstante, la fuerte venta de oro recaería en otros países de Asia. Si bien el gobernador del banco nacional polaco, Adam Glapinski, ha sugerido la posibilidad de vender 570 toneladas de oro (alrededor de 91.808 millones de dólares), no hay pruebas de que ya se haya ejecutado esta venta. «Han circulado rumores sobre la venta de parte del oro de los bancos centrales para defender sus monedas, aunque la mayor parte de esta información sigue siendo anecdótica», resume el economista internacional en J. Safra Sarasin Sustainable AM, Raphael Olszyna-Marzys. Quien sí se habría desprendido de parte de sus reservas en el Reino Unido para apuntalar la lira sería el banco central de Turquía.
Si el Consejo Mundial del Oro estableció que las compras netas de oro en 2025 alcanzaron las 27 toneladas de oro al mes, de media, en lo que va de año estarían en las 5 toneladas. No obstante, este dato no recoge lo que ha pasado en marzo: en plena guerra en el Estrecho de Ormuz.
Sin embargo, no todos los bancos centrales optarán por liquidar parte de sus reservas de oro para apuntalar sus respectivas divisas o para obtener liquidez en tiempos de crisis. Desde Goldman Sachs consideran que, por el momento, es poco probable que se materialicen las preocupaciones de la venta de reservas de oro y que provoquen una caída mayor del precio. «Es más probable que los países del golfo Pérsico liquiden sus bonos del Tesoro de EEUU, que suele operar con tipos de cambio bajos respecto al dólar», apunta la analista de materias primas del banco de inversión, Lina Thomas.
Más allá de que los bancos centrales estén provocando un aumento de la cantidad de oro negociado en el mercado, lo cierto es que es el temor inversor a un auge de los precios de la energía el que mantiene la presión sobre las ventas. «Los riesgos inflacionarios están eclipsando su papel como activo refugio frente a shocks geopolíticos en el corto plazo», explican desde Columbia Threadneedle.
En el corto plazo, no se espera un repunte del precio del mineral precioso si no cambia el flujo de noticias que llega desde Oriente Medio. Sin embargo, varias firmas restan importancia a la posibilidad de un endurecimiento de las principales políticas monetarias mientras mientras ven en esta caída una oportunidad de compra. «Los riesgos de inflación, presiones fiscales y la credibilidad de los bonos siguen siendo factores estructurales que impulsan el precio del oro», comenta el gestor de fondos en Fidelity, George Efstathopoulos.
El consenso de mercado que recoge Bloomberg considera que la onza de oro cerrará el 2026 con un precio medio de 4.675 dólares. Los expertos esperan que año tras año el precio media siga subiendo hasta 2029. No obstante, para ese ejercicio el precio promedio estaría en los 5.245 dólares, por lo que la subida en cuatro años sería del 12%, o un 3,5% anualizado frente al 22% anualizado de los cinco últimos años.
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