El repunte de la inflación por la escalada de los precios de la energía ante la guerra en Oriente Medio ya es un hecho. Las primeras cifras adelantadas del mes de marzo que se van conociendo lo confirman, así como las expectativas que ya han actualizado algunos grandes organismos para el conjunto del año. La duración del conflicto será clave para determinar la subida generalizada de los precios, pero los inversores han cambiado rápidamente su valoración sobre los activos de deuda a los que ahora exigen una mayor rentabilidad.

La renta fija es conocida con este nombre por pagar periódicamente un cupón que suele ser fijo. Al aumentar las expectativas de inflación, lo lógico es que quienes compren la deuda necesiten un rendimiento mayor para compensarlo. La forma de conseguir esa rentabilidad mayor con la deuda que ya está cotizando en los mercados, después de ser emitida, es comprar los bonos a un precio más bajo. Y esa presión sobre los precios de la deuda está provocando pérdidas considerables en las carteras de renta fija. Solo en el mes de marzo, la deuda deja pérdidas del 3,59%, según el Bloomberg Global Aggregate, un índice que recoge una cesta de bonos de diferentes países desarrollados con grado de inversión.

«El aumento de los precios del petróleo ha recordado a los mercados tres incómodas verdades. En primer lugar, los riesgos de inflación no han desaparecido. En segundo lugar, los bancos centrales no tienen libertad ilimitada para recortar los tipos si los precios de la energía siguen subiendo. En tercer lugar, la geopolítica conlleva un coste económico real que los inversores no pueden ignorar», desarrollan en Aberdeen Investments, añadiendo que «no se trata de pánico, sino de una valoración racional en un mundo menos predecible».

Este ajuste de expectativas convierte a marzo en el mes con peor comportamiento para la renta fija desde septiembre de 2022, un año que no olvidarán muchos inversores por las abultadas pérdidas que acumularon la mayoría de fondos de deuda.

En aquel ejercicio el índice global de deuda cedió más de un 16%. Pero si hay algo en lo que los expertos coinciden es en que esta crisis no es como la de 2022, cuando el Banco Central Europeo, por ejemplo, tuvo que subir los tipos 2,5 puntos porcentuales en el segundo semestre del año para atajar la inflación. «El conflicto en Oriente Medio ha reintroducido un shock energético en las perspectivas macroeconómicas de la eurozona, elevando los riesgos inflacionistas y debilitando el perfil de crecimiento a corto plazo, pero creemos que el contexto actual es sustancialmente diferente y será menos severo que en 2022», señala Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton. «Los ecos de 2022 son fuertes, pero engañosos. Este ciclo no será una repetición de 2022«, enfatiza Ashok Bhatia, director de inversiones y responsable global de renta fija de Neuberger Berman.

De momento, la caída en los precios de la deuda se refleja en las rentabilidades exigidas a los principales bonos soberanos. En Estados Unidos, el rendimiento del bono a 10 años ha repuntado unos 38 puntos básicos desde que comenzó la guerra, hasta el entorno del 4,35% en el que se movía este lunes; el viernes llegó a tocar el 4,43%. En Europa, el rendimiento del bono alemán a una década llegó a superar el viernes el 3,09%, niveles no vistos desde 2011. A los títulos españoles con vencimiento en 10 años se les exigió el viernes una rentabilidad del 3,63%, niveles no vistos desde noviembre de 2023; en lo que va de año el rendimiento se incrementa desde apenas el 3% en el que se movía en febrero.

Por otro lado, «los diferenciales del crédito corporativo se han ampliado, aunque los movimientos han sido relativamente contenidos en comparación con episodios anteriores de tensión impulsada por eventos», apunta la gestora estadounidense Muzinich & Co.

¿Habrá una relajación?

El comienzo de semana trajo consigo cierto alivio en la renta fija, donde las rentabilidades se relajaron desde los máximos anuales que tocaron el viernes. Sin embargo, en el mejor de los escenarios en el que las negociaciones llegaran a buen puerto la inflación tardaría en irse y, por tanto, los rendimientos de los bonos podrían seguir altos un tiempo, sobre todo en determinados plazos.

«Si los esfuerzos de paz tuvieran éxito y se reabriera el estrecho de Ormuz, cabría esperar un marcado aumento de la pendiente de las curvas de rendimiento, lo que reflejaría principalmente una corrección en las expectativas sobre los tipos de interés oficiales. El extremo largo, por el contrario, probablemente reaccionará en mucha menor medida, ya que es probable que las perturbaciones en los mercados energéticos persistan durante meses o años incluso en el mejor de los casos, lo que mantendrá la inflación en niveles elevados», explica Florian Spaete, estratega senior de bonos en Generali AM.

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