Pocas cosas más humanas que las emociones. Miedo, alegría, tristeza, asco, ira, amor, sorpresa… estamos vivos y por eso sentimos, aunque no todas las emociones nos traen consecuencias positivas ni a nivel psicológico ni tampoco a nivel físico, como es el caso del enfado.
El enfado es una emoción universal, tan humana como inevitable, aunque más allá de sus implicaciones sociales, la ciencia lleva años advirtiendo de sus efectos sobre el organismo. Diversos estudios en psicología y medicina han demostrado que episodios frecuentes o intensos de ira pueden tener consecuencias reales y medibles en la salud física.
Cuando una persona se enfada, el cuerpo activa una respuesta de estrés. El sistema nervioso simpático entra en acción y libera hormonas como la adrenalina y el cortisol. Este proceso, útil en situaciones puntuales de peligro, provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la tensión muscular.
Investigaciones de instituciones como la American Heart Association han señalado que estos picos pueden elevar el riesgo de eventos cardiovasculares, especialmente en personas con patologías previas, por lo que, seas una persona con dichos padecimientos o no, es importante empezar a diferenciar qué cuestiones nos podemos permitir que nos enfaden y cuáles debemos pasar por alto.
Por esto decido no enfadarme
A través de un vídeo en su cuenta de TikTok, la psicóloga, escritora y divulgadora Elizabeth Clapés ha explicado las consecuencias físicas de un enfado en nuestro cuerpo y la manera en la que debemos gestionar esta emoción con la que convivimos en el día a día.
«Creo que es super importante decir: por esto decido no enfadarme», comienza explicando la psicóloga. «Yo cada vez que me enfado me genero un malestar a mí misma, me enveneno por dentro, porque todas esas emociones que van de la mano del enfado como el estrés, la tristeza o la ira, tienen una respuesta negativa en mi salud«, asegura la experta.
Para conseguir que las situaciones que nos generan enfado no nos afecten de manera desmesurada, Clapés explica cuál es tu técnica: «Hay un ejercicio que me funciona super bien que es el decir «yo por esta persona no me voy a intoxicar por dentro». Con según qué cosas yo decido que a mí no me intoxicas por dentro».
«Muchas veces el grado de malestar que nos genera por a lo que podemos obtener discutiendo con ella»
Tal y como analiza la divulgadora, «muchas veces el grado de malestar que nos genera por dentro una discusión o una persona es superior a lo que podemos obtener discutiendo con ella».
Los efectos de un enfado
Tal y como explica la experta a través del vídeo, el efecto de las emociones que nos provoca un enfado pueden llevar a ‘intoxicarnos’ por dentro, además de tener impactos directos en el aparato digestivo, en el sistema inmunológico y en la calidad del sueño.
Un estudio publicado en el European Heart Journal encontró que el riesgo de sufrir un infarto de miocardio se multiplica en las dos horas posteriores a un episodio intenso de ira. Aunque el riesgo absoluto sigue siendo bajo, el dato refuerza la idea de que las emociones no son ajenas al funcionamiento del corazón.
En el caso del sistema inmunológico, la exposición repetida a estados de enfado puede generar inflamación crónica de bajo grado, un factor relacionado con enfermedades como la diabetes tipo 2 o ciertos trastornos autoinmunes. Según investigaciones en el campo de la psiconeuroinmunología, el estrés emocional sostenido altera la capacidad del organismo para defenderse frente a infecciones.
Además, el enfado tiene un impacto directo en el sistema digestivo. Problemas como la acidez, el síndrome del intestino irritable o las molestias estomacales pueden agravarse en contextos de alta tensión emocional. Esto se debe a la estrecha conexión entre el cerebro y el intestino, conocida como el eje intestino-cerebro.
Enfadarse es tan humano como respirar, por lo que los expertos coinciden en que la clave no está en evitar el enfado, sino en aprender a gestionarlo. Técnicas como la respiración profunda, la actividad física o la terapia psicológica han demostrado ser eficaces para reducir su impacto.