La leishmaniosis en perros es una enfermedad parasitaria grave transmitida por la picadura del mosquito flebótomo, muy presente en España, especialmente en zonas cálidas y húmedas. Se trata de una patología crónica que puede afectar a distintos órganos y sistemas del perro, por lo que detectarla a tiempo es clave para iniciar el tratamiento adecuado y mejorar su calidad de vida.
En este contexto, desde Clínicas MiVet explican qué es la leishmaniosis, cuáles son sus síntomas, los grados de afectación, cómo se diagnostica y qué opciones de tratamiento existen.
La leishmaniosis canina es una enfermedad infecciosa causada por el parásito Leishmania infantum. Este microorganismo se transmite a través de la picadura del flebótomo, un pequeño insecto similar al mosquito que actúa como vector.
Una vez que el parásito entra en el organismo del perro, puede permanecer latente durante meses o incluso años. La evolución de la enfermedad depende en gran medida de la respuesta inmunitaria del animal. Algunos perros pueden ser portadores sin desarrollar síntomas evidentes, mientras que otros presentan manifestaciones clínicas graves que afectan a la piel, los riñones, las articulaciones y otros órganos.
En España, la leishmaniosis en perros es considerada una enfermedad endémica en muchas regiones. Por ello, la prevención de la leishmaniosis, el diagnóstico precoz y el seguimiento veterinario regular son fundamentales.
GRADOS DE LA ENFERMEDAD
La leishmaniosis no afecta a todos los perros de la misma manera. En este sentido, desde MiVet explican los distintos grados de la enfermedad en función de la carga parasitaria, la afectación orgánica y la respuesta inmunitaria del animal. Y es que identificar el grado es esencial para establecer el tratamiento más adecuado y valorar el pronóstico.
El grado I (leve) presenta signos leves, como dermatitis papular o linfadenomegalia localizada, sin alteraciones analíticas relevantes. El perfil renal es normal y no hay proteinuria. Puede requerir tratamiento corto con uno o dos fármacos antileishmania, según criterio veterinario, o seguimiento estrecho en casos seleccionados.
Por otro lado, el grado II (moderado) presenta lesiones cutáneas o mucocutáneas más extensas, como exfoliativas, ulcerativas o nodulares, onicogrifosis, linfadenomegalia generalizada, pérdida de apetito y peso. Suele acompañarse de alteraciones como anemia leve, hipergammaglobulinemia e hipoalbuminemia. Puede presentarse sin proteinuria (IIa) o con proteinuria leve (IIb). El tratamiento habitual es la terapia combinada con antimoniato de meglumina y alopurinol o miltefosina y alopurinol. En los subgrados con proteinuria, se añade manejo renal y seguimiento según guías IRIS.
En cuanto al grado III (grave), incluye, además de los signos de los grados I y II, manifestaciones por depósito de inmunocomplejos como glomerulonefritis o uveítis. Suele existir afectación renal, con proteinuria marcada y/o enfermedad renal crónica en estadios iniciales o moderados. El tratamiento consiste en terapia antileishmania combinada, como en el grado II, junto con tratamiento y monitorización de la enfermedad renal según IRIS, especialmente si hay proteinuria y/o elevación de creatinina.
El grado IV (muy grave) corresponde a un cuadro muy severo, con signos del grado III y complicaciones como síndrome nefrótico, tromboembolismo pulmonar y enfermedad renal avanzada, con proteinuria intensa. El manejo es individualizado según el estado general y renal, junto con tratamiento intensivo de la enfermedad renal según IRIS. Requiere control veterinario estrecho.
En términos generales, señalan desde MiVet, los casos leves pueden cursar con alteraciones cutáneas y ganglios inflamados, mientras que los casos más avanzados implican daño renal grave, anemia o afectación sistémica importante. Cuanto antes se detecte la enfermedad, mayores serán las probabilidades de controlarla.
SÍNTOMAS CLÍNICOS DE LA LEISHMANIOSIS EN PERROS
Desde MiVet remarcan que los síntomas de la leishmaniosis en perros pueden variar mucho de un animal a otro, en función de cómo el sistema inmunológico del animal responde al parásito. En muchos casos aparecen de forma progresiva y pueden confundirse con otras patologías, lo que retrasa el diagnóstico. Los signos clínicos se suelen dividir en dos grandes grupos: síntomas cutáneos y síntomas sistémicos.
En primer lugar, sobre los síntomas cutáneos, apuntan a las lesiones en la piel, especialmente en áreas como el hocico, orejas y extremidades; heridas que no cicatrizan correctamente; pérdida de pelo, especialmente alrededor de los ojos, dando el aspecto de “gafas”; descamación y piel seca, principalmente en el lomo y patas; úlceras y grietas en almohadillas plantares y zonas de contacto frecuente, dificultando el movimiento; crecimiento anormal de las uñas (onicogrifosis), que se engrosan y se curvan más de lo habitual, pudiendo causar molestias al caminar y mayor riesgo de roturas.
MiVet aborda también los síntomas sistémicos como la pérdida de peso progresiva, aunque el perro continúe comiendo con normalidad; fatiga y debilidad, con letargo, falta de energía y apatía; fiebre intermitente en forma de episodios puntuales; inflamación de ganglios linfáticos, especialmente en cuello e ingles; problemas renales que pueden derivar en insuficiencia renal; sangrado nasal; cojera intermitente y dolor articular.
Por otro lado, aseguran que es importante recordar que no todos los síntomas aparecen al mismo tiempo. Ante cualquier cambio en el comportamiento o estado físico del perro, especialmente en zonas endémicas, es recomendable acudir a una clínica veterinaria para una valoración.
TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN DE LEISHMANIOSIS CANINA
MiVet señala también que la leishmaniosis en perros no tiene una cura definitiva en la mayoría de los casos, pero sí puede controlarse mediante tratamiento veterinario adecuado. El objetivo es reducir la carga parasitaria, controlar los síntomas y reducir el alcance de la lesión en los órganos afectados, mejorando la calidad de vida del animal y su esperanza de vida.
El tratamiento, subrayan, dependerá del grado de la enfermedad y del estado general del perro. En casos leves, el control puede ser relativamente sencillo. En casos avanzados, será necesario un seguimiento más estrecho y tratamientos prolongados. El tratamiento suele combinar medicamentos específicos contra el parásito con terapias de apoyo para proteger órganos afectados, especialmente los riñones.
La leishmaniosis, recuerdan desde MiVet, es una enfermedad zoonósica, lo que significa que puede afectar también a humanos. Sin embargo, el contagio no se produce directamente del perro a la persona. El parásito se transmite exclusivamente a través de la picadura del flebótomo, que puede infectarse al picar a un perro y transmitir posteriormente el parásito a otro perro o a una persona.
Por este motivo, remarcan que la prevención es fundamental. Incluye el uso de collares o pipetas repelentes, la vacunación cuando esté indicada por el veterinario, evitar paseos en horas de mayor actividad del flebótomo, como el atardecer y el amanecer, y la realización de revisiones veterinarias periódicas.
Por último, desde Clínicas MiVet recuerdan que la leishmaniosis en perros es una enfermedad seria, pero que con un diagnóstico temprano y un seguimiento adecuado puede controlarse, recomendando acudir a una clínica veterinaria ante la sospecha de síntomas o en zonas de riesgo.