La salud digestiva está estrechamente ligada a los tiempos de descanso del organismo. Así lo sostiene Fani García, bioquímica y psicoterapeuta especializada en patologías digestivas y trastornos de la conducta alimentaria, quien en una entrevista para La Voz de Galicia advierte de los riesgos de comer de manera continuada a lo largo del día. Su mensaje es claro: “Cuando hacemos cinco o seis comidas al día, no estamos dejando el tiempo necesario para que el sistema pueda limpiarse y repararse”.

Según explica la autora de Es tu tripa la que grita (Urano, 2024), después de cada comida el cuerpo no solo se limita a digerir los alimentos, sino que activa una fase posterior de reparación y limpieza interna. Si se vuelve a ingerir comida antes de que ese proceso finalice, el sistema digestivo no completa su función correctamente. Esto puede traducirse en digestiones pesadas, inflamación o incluso en la pérdida de tolerancia hacia alimentos que antes no generaban molestias.

García también pone el foco en la relación entre estrés y sistema digestivo. Cuando el organismo activa la respuesta de lucha o huida, prioriza el envío de sangre a músculos y corazón, reduciendo el flujo hacia los intestinos. Esta alteración puede afectar a la motilidad intestinal, favorecer síntomas como hinchazón, reflujo o cambios en el tránsito, y modificar la composición de la microbiota a través del eje intestino-cerebro conectado por el nervio vago.

Como pauta general, la especialista propone limitar las ingestas a dos o tres comidas al día y respetar alrededor de doce horas de ayuno nocturno para facilitar la regeneración del sistema digestivo. Además, recomienda comer sin prisas, evitar acostarse inmediatamente después de cenar y priorizar alimentos naturales frente a ultraprocesados. Para García, aprender a escuchar las señales del cuerpo es un paso esencial para mejorar la digestión y el descanso.