Cáceres. Abril de 1995. Entonces confesaba que nunca volvería a ser el mismo. Y llevaba razón. En ese momento, la reciente muerte de su esposa Ana Mariscal, la princesa del cine español de los años cincuenta, partió en dos la sonrisa de Valentín Javier. En la sala desvencijada de su casa de la calle Pintores donde se desarrolló aquella entrevista, sólo un par de cuadros familiares cubrían las paredes amarillentas. Sentado en el sillón, estrecho, bohemio, organizado y sentimental, hijo del que fuera uno de los fotógrafos locales más importantes de todos los tiempos, hablaba pausadamente y entrecortaba su charla con grandes silencios.

Aunque al principio tuve la sensación de estar frente a un hombre apagado, enseguida pude darme cuenta que dentro de Valentín Javier había un corazón grande, un ingenio ilimitado y una desbordante pasión por la vida. Fotógrafo, reportero gráfico de revistas destacadas, empresario teatral y cinematográfico, sus cámaras inmortalizaron las caras de los actores más representativos de la historia del cine en nuestro país.

La actriz Ana Mariscal se casó con el cacereño Valentín Javier.

La actriz Ana Mariscal se casó con el cacereño Valentín Javier. / El Periódico

Tomé asiento en la antigua silla de enea y escuché con atención el relato. El bullicio de la calle se advertía tras los rugosos cristales. Frente a mí, los expresivos y lejanos ojos del artista. Valentín Javier García-Fernández nació en la entonces llamada calle José Antonio, un 31 de enero de 1921. Desde muy pequeño se inclinó por el mundo de la fotografía, actividad a la que se entregó sin condiciones.

Su pasión

El chaval -de apostura noble, a veces majestuosa- fue alumno de Antonio Rubio en la Escuela de las Obras Pías de don Vicente Marrón. Inició estudios de bachillerato, que tuvo que interrumpir al estallar la Guerra Civil. No obstante, era la fotografía lo que realmente interesaba a aquel joven, que en muy poco tiempo, se convirtió en una de las personas más populares de toda la ciudad.

Tras diversos avatares, el estudio familiar pasó a la calle Pintores. Valentín vivía muy bien en aquella época, se codeaba con los artistas del momento, no le faltaba un duro en el bolsillo… pero necesitaba algo más. Junto a su hermano Javier, voluntario al que mataron durante la contienda militar, estuvo dos meses en Madrid, perfeccionándose en la casa Kodak. Al regresar a Cáceres empezó la guerra. La muerte de Javier, supuso un duro golpe para la familia. Desde entonces, Valentín, cada vez que llegaba la fecha del cumpleaños de su hermano, acudía a una iglesia muy cercana del lugar donde fue asesinado.

Inmediatamente, este gran bohemio, sintió una atracción especial por el mundo del cine y el teatro. Gracias a sus influencias lograba llevar a su estudio a las grandes estrellas que acudían a la ciudad y a las que fotografiaba. Pese a que su padre no entendió la decisión, se fue a Madrid en 1942 sin más equipaje que una Leica. De la mano del periodista cacereño Leocadio Mejías, comenzó a realizar bastantes reportajes en prensa: ‘Fotos’ o ‘Cámara’ recogieron algunas de sus mejores instantáneas. Así se fue abriendo camino hasta que consiguió su gran sueño: formar parte de un rodaje.

La primera

‘La dama del armiño’, dirigida por Eusebio Fernández, fue la primera película en la que trabajó de foto fija. La labor realizada por aquel joven prometedor gustó tanto que muy pronto pasó a formar parte de un equipo de grandes profesionales: Manolo Berenguer, Juan Mariner y Valentín Javier.

‘Nada’, ‘El agua en el suelo’, ‘Botón de ancla’ o el ‘Huésped de las tinieblas’, fueron sólo algunos de sus siguientes títulos. Guardaba un recuerdo muy especial de ‘Segundo López’, una película neorrealista dirigida por su esposa, e inspirada en Severiano Población, un personaje popular de Cáceres.

Junto a su mujer, Valentín Javier, recorrió toda España con su compañía teatral. Fernando Fernán Gómez, Francisco Rabal, Mercedes Prendes, Amparo Rivelles, Maruchi Fresno, la extremeña María José López González, que fue la primera directora de la Filmoteca de Extremadura, se convirtieron en grandes amigos de uno de los cacereños más conocidos en España.

«La echo de menos»

La inauguración de una exposición de fotografías sobre la Virgen de la Montaña, realizadas por Valentín Javier en 1995 (falleció en 2012) fue el motivo de una de las visitas del artista más recordadas a la ciudad que le vio nacer. Hacía menos de un mes que había sido enterrada en Madrid Ana Mariscal, actriz y directora con quien contrajo matrimonio un día de San Isidro de hacía entonces 41 años. Pese al impacto, Valentín no quiso faltar a su cita y cumplió con el compromiso.

Fue durante el rodaje en los Picos de Europa de ‘Un hombre va por el camino’, cuando Ana y Valentín se enamoraron. A partir de aquel momento, la vida de este cacereño ilustre cambió de forma radical. Tuvieron un hijo, David, y el matrimonio vivió enormemente feliz. Tras el fallecimiento de su esposa confesaba tener «una sensación muy extraña»; no había perdido la ilusión, «pero sí las fuerzas». En la casa de la calle Pintores, todo permanecía tal y como Ana Mariscal lo dejó la última vez que estuvieron juntos en Cáceres. Las sábanas cubrían los muebles para preservarlos del polvo y sobre las paredes colgaban un sinfín de fotografías familiares: Ana y Valentín junto a sus padres y hermanos, Ana en La Montaña, Ana recién casada… Los ojos del fotógrafo se detenían en la sonrisa amplia de su esposa y se quedaba en silencio. «Este es mi museo», decía tras una larga pausa. Junto a las imágenes sobran las palabras. Al fondo había una jaula vacía, a la derecha todavía permanecían intactos los cuadros que su hermano Javier pintó a los 12 años en los estudios de Juan Caldera y Eulogio Blasco. Apagó la luz y cerró la puerta. «Han sido muchos años juntos, por eso la echo de menos».