A partir de los ojos insondables que lo son todo en el rostro del joven Paulo -por el que asoma un mechón de pelo que le cae, a la vez lánguido y rebelde, sobre la frente-, Cristino es capaz de resumir la historia del arte contemporáneo, esa que no puede concebirse sin la figura nuclear, revolucionaria, única e irrepetible de Pablo Ruiz Picasso. «Es el artista que rompió con todo. Es un antes y un después. Ha sido el gran creador del siglo XX y lo será del XXI», afirma el artista burgalés. El retrato del primer hijo del genio malagueño -el que tuvo con la bailarina rusa Olga Khokhlova- es una de las primeras obras con las que se encuentra el visitante en la exposición ‘Picasso. Raíces Bíblicas’, que se exhibe en la Sala Valentín Palencia de la Catedral. Y que Cristino considera «impresionante. Nunca había habido una exposición de esta categoría en Burgos. Es una maravilla. No se la puede perder nadie».

Como artista, Cristino (que inaugura esta serie semanal de creadores burgaleses interpretando esta muestra única) le debe mucho a Picasso, como a tantos otros genios de la pintura. «Todos los artistas que hemos venido después lo hemos de alguna forma imitado, es un referente». Se detiene el burgalés en cada cuadro expuesto, y detalla sus grandes hallazgos: aquí el dominio incomparable del dibujo; allá, el del espacio. En este, el inicio de aquella ruptura, los primeros balbuceos del cubismo, como apostilla en la impresionante ‘Maternidad’ que reina en la primera parte de la exposición: «Ese rostro, esa nariz y esas manos ya están anunciando que Picasso empezaba a ir más allá. Cómo domina el color, es la última fase impresionista: la cabeza del niño es clásica, no así la de la madre», apunta. No tiene ninguna duda el artista de Gamonal de que esta es una muestra única. «Es variada, tiene de todo, cuenta con cuadros que no se conocen apenas. Merece mucho la pena. Esta sala tenía que estar continuamente llena».

Nunca había habido una exposición de esta categoría en Burgos.Es una maravilla. No se la puede perder nadie»

Cristino es tajante: Picasso fue único «pero copió a Renoir, a Manet, a todos… Y así es como llegó al cubismo». Le fascina la serie de calaveras, los bodegones -un par de ellos le recuerdan alguna obra de Modesto Ciruelos, pintor burgalés que fue pionero de la abstracción-. «Y este cuadro -dice Cristino señalando el deslumbrante cuadro ‘Naturaleza muerta con cráneo y tres erizos’-, mira: no se anda con hostias con la pincelada. Y mete mucho el negro, que es tan difícil en la pintura. Sólo Picasso y Goya se atrevieron con el negro, que es la ausencia del color y, si lo metes, te lo ensucia todo. Los Caravaggio, Velázquez, Rubens, Murillo y compañía pintaban con colores que parecían negro, pero no lo era. Aquí Picasso lo hace. Dominaba el color, el dibujo y la composición. Esto no lo hace cualquiera. Me descojono cuando la gente ve cuadros y de Picasso y dice que su hijo podría hacer algo igual. ¡Y una mierda! Para pintar esto (señala una de las piezas más radicalmente cubistas de la muestra) hay que haber pintado antes aquello (su dedo apunta al cuadro ‘El monaguillo’, una obra que Picasso pintó siendo apenas un crío, en 1896, cuando contaba con quince años).

Frente a la única escultura que se exhibe en la exposición, el bronce denominado ‘Hombre’, el artista burgalés cita a Chillida, a Oteiza: «Marcó a todos, porque todos hemos bebido de él, de su influencia». Es puro deslumbramiento la visión de ‘Madre con niño muerto’. «Ahí está el ‘Guernica’: esa mujer gritando, su lengua… Es alucinante este cuadro. Poder verlo aquí. Todo un lujo, la verdad». Encuentra Cristino todo tipo de conexiones con artistas anteriores y posteriores a Picasso: aquí una obra le evoca la influencia de Goya y sus ‘pinturas negras’; acá otra le remite al tenebrismo el burgalés Mateo Cerezo; acullá cita a Millares, a Luis Sáez o a su inolvidable amigo Ignacio del Río. La serie de cabezas de mujer con y sin sombrero -es un rinconcito fascinante- «son Picasso total, aquí ya es el cubismo puro».  

Picasso es un referente para todos los artistas»

Un icono. Insiste Cristino en que Picasso es el gran icono del arte contemporáneo. «Es y será la referencia hasta que irrumpa otro con su nivel creativo. Él rompió con todo cuando estaba en pleno apogeo el impresionismo. Lo que más he admirado de Picasso es esa capacidad creadora y rompedora», concluye atusándose el sombrero frente a la paloma que Picasso pintó por encargo de la Internacional Comunista para el Congreso Mundial por la Paz que se celebró en París en 1949, y que se convirtió en un símbolo que no deja de volar.

«Este retrato es una barbaridad» 

‘Casagemas muerto’ (Óleo sobre cartón. 1901)

El retrato que Picasso hizo del cadáver de su amigo Carles Casagemas después de que éste se pegara un tiro en París en 1901 le parece una de las piezas más extraordinarias de cuantas pueden verse en la muestra. «Entre otras cosas, porque es una obra muy poco conocida. Es una barbaridad de retrato», señala. Y porque la historia de aquel pintor suicida atesora un dramatismo de aúpa. «Eran muy amigos. Casagemas se suicidó por amor. A Picasso su muerte le dejó muy tocado», apostilla el artista burgalés. La obra sobrecoge: en la sien del malogrado pintor se reconoce el orificio negro que dejó la bala. Casagemas, a quien el universal pintor andaluz había conocido en Barcelona, fue una de las personas más cercanas cuando se afincó en París, llegando a ser inseparables durante meses, llegando a compartir estudio. A propósito de Casagemas escribe Paloma Alarcó, comisaria de la muestra, en el catálogo de la misma: «Conmocionó al joven Picasso y le hizo recordar el pesar que había sentido en su infancia por la muerte de su hermana Conchita. El artista se encontraba en Madrid y, cuando regresó al estudio de París que había compartido con su amigo, abordó un lienzo en el que evocó su entierro y varios retratos de Casagemas en su lecho de muerte, en un estilo de alguna manera cercano al Van Gogh más atormentado. La vinculación que establece entre Casagemas y Vincent van Gogh como arquetipos del artista moderno que sufre sin ser reconocido y termina quitándose la vida no es en absoluto casual».