Normalmente, el que escucha los nombres de Drazen y Sasha en relación al baloncesto piensa inmediatamente en los hermanos Petrovic. El malogrado Drazen Petrovic fue uno de los iconos de los ochenta y principios de los noventa, cuando destacó en el baloncesto europeo (Cibona y Real Madrid) y estadounidense (Blazers y Nets). Pero en Palencia se da el particular caso de los hermanos Allas, jugadores del Grupo Inmapa Filipenses, que llevan sus nombres en honor a los Petrovic. Drazen (Madrid, 2000) es el mayor y Sasha (Madrid, 2002) el pequeño.
Por si hubiera alguna duda, Drazen Petrovic tiene la culpa de todo. «Mi padre era un fanático del baloncesto, pero sobre todo de Drazen Petrovic. Cuando era joven llevaba siempre su carpeta del instituto forrada con sus fotos de los periódicos. Fue ese amor por él lo que hizo que a mí, como hermano mayor, me llamase Drazen y después seguir hilando la historia llamando Sasha a mi hermano, como también se llamaba su hermano», explica el mayor de los Allas.
Ya solo con esto, que el baloncesto iba a ser importante en sus vidas era evidente. «Drazen hizo rugby y yo hice mis pinitos con el atletismo, pero ya en el colegio nos metimos directamente al baloncesto. Desde los siete años solo hemos jugado al basket», recuerda Sasha. «Nuestra familia siempre ha sido de este deporte», añade Drazen, que rememora «los tres meses de verano entrenando en el pabellón de nuestro pueblo, Abades, en Segovia».
Después de una trayectoria en la que siempre han ido de la mano, desde Villalba, pasando por Venta de Baños y jugando tres temporadas en Jerez, el verano pasado les surgió la oportunidad de fichar por el Grupo Inmapa Filipenses. «Fue de un día para otro», recuerda Sasha. «Estábamos todavía en Cádiz y con Jerez ya habíamos quedado en que no seguíamos. Había más equipos interesados, pero teníamos más apego a Filipenses porque habíamos jugado contra ellos. Nos llamaron una tarde y a la mañana siguiente ya habíamos dicho que sí, aun sin saber si íbamos a jugar en Nacional o en Tercera FEB», narra.
Así que los hermanos Allas hicieron las maletas y aterrizaron en Palencia, donde la aclimatación tuvo sus pros y contras. «Ya conocíamos gente y los rincones de Palencia», comenta Drazen, para quien «lo más complicado fue volver a habituarse a la rutina. En el sur la gente suele ser más abierta y tres años después volvimos a tratar con personas más serias aquí en el norte. Todo es hacerse y es lo que toca en la vida del deportista», asegura, «aunque se nos ha hecho mucho más fácil porque tenemos cerca a la familia».
Un duro inicio
En Filipenses el comienzo fue difícil. En su regreso a la Tercera FEB, el equipo colegial no consiguió ninguna victoria en toda la primera vuelta. «Se nos escaparon muchos partidos en los últimos cinco minutos. No supimos cerrarlos en el momento en el que se decanta para un lado. No fue justo y no representó lo que hicimos en los mismos. Hay equipos de Segunda FEB y el marcador es el que es. Pero hay otros que se nos escaparon en los últimos momentos. En esta segunda vuelta somos mejor equipo y mejor grupo y se nota. Aunque perdamos, se nota mucho la unión que hay entre nosotros. Es una diferencia palpable», expresa Sasha.
Con tales resultados, el día a día era duro. «Depende mucho de la psicología de cada uno y de su forma de ver las cosas. Por suerte somos un grupo de compañeros competitivos. Lo bueno que hemos sacado de eso es que al primer entrenamiento de la semana íbamos con muchas ganas. Nadie puede decir nada por ganas. Ahora somos mucho más grupo. La mala suerte es que igual ha llegado un poco tarde. Ha sido duro, pero hemos aprendido y estamos tirando hacia adelante con trabajo y esfuerzo», reconoce Drazen.
En esta segunda vuelta, el equipo ha dado un vuelco radical y suma ya cuatro triunfos, a falta de dos jornadas por disputarse. ¿Y qué ha cambiado? Para Sasha, «la mentalidad de cada uno». «Hemos aprendido que en los minutos finales se nos ha escapado por hacer tres tonterías, como faltas o no realizar buenas defensas. A base de mentalizarnos y entrenar, lo hemos corregido y lo estamos ejecutando. En la primera vuelta la frustración nos pesaba más y quizá pecamos de hacer la guerra cada uno por nuestra cuenta, buscando ser el héroe, lo que conllevaba a más errores y partidos perdidos. Ahora eso ha cambiado y parece que no, pero todo lo que haces fuera de la pista ayuda en los momentos difíciles», admite.
Para los dos choques que quedan antes del final de liga, «el objetivo es el mismo», dice Drazen. «Seguir currando y esforzándonos para mantener el compromiso para sacar los dos partidos que quedan. Son equipos a los que no tenemos nada que envidiar. De hecho, pienso que no son mejores que nosotros en nada. Esa tiene que ser la filosofía». Sasha opina de igual forma, añadiendo que «los números que hay en la tabla nos tienen que dar igual».
Para el próximo curso, aún no hay nada decidido. «De eso se ocupa nuestro padre, que nos ayuda como agente. No nos dice nada hasta que no hay algo firme sobre la mesa», mantiene Sasha. Ambos no rehúsan firmar otro año más. «Si se dan las condiciones no tendríamos ninguna pega en quedarnos», indica Drazen.
Los consejos del hermano mayor al pequeño
Como todo hermano mayor, Drazen trató de inculcar una serie de valores a Sasha. «Siempre he tratado de recordarle que no se rindiese. Que luchase todo y se esforzase a pesar de que a lo mejor las cosas no saliesen. Porque yo siempre le he visto un talento. Él ha nacido con ello. Yo, en ese sentido, tenía envidia sana. Veía que hacía cosas que yo no. Me daba mucha rabia ver que no se esforzaba al cien por cien», explica Drazen.