Un estudio realizado en adultos españoles muestra que las personas con obesidad no consumen más calorías que quienes tienen un peso normal, pero sí siguen una dieta de menor calidad y con importantes carencias de nutrientes esenciales como la vitamina D y el yodo.

Cuando se habla de obesidad, suele asumirse que el problema es comer demasiado. Sin embargo, una investigación reciente realizada en población adulta española apunta a una realidad más compleja: no es solo la cantidad de comida lo que importa, sino su calidad.

El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition, analizó la alimentación y el estilo de vida de 167 adultos clasificados según su índice de masa corporal en normopeso, sobrepeso y obesidad. Los resultados muestran que la ingesta calórica media fue similar en los tres grupos, pero la calidad de la dieta empeoraba a medida que aumentaba el peso corporal.

Recomendaciones de vitamina D

Uno de los datos más llamativos es la elevada falta de ciertos micronutrientes esenciales. Más del 96 % de los participantes no alcanzaba las recomendaciones de vitamina D, y cerca del 75 % presentaba una ingesta insuficiente de yodo, independientemente de su peso. Estas carencias son especialmente relevantes, ya que ambos nutrientes desempeñan un papel clave en la salud ósea, el sistema inmunitario y el metabolismo.

Aunque las diferencias no siempre fueron estadísticamente significativas, los investigadores observaron un patrón claro: las personas con obesidad tendían a consumir menos fibra, potasio, zinc, folatos y vitaminas A, C y E. Es decir, dietas suficientes en calorías, pero pobres en nutrientes, lo que refuerza la idea de una “malnutrición por exceso”.

Dieta mediterránea

El estudio también analizó el grado de seguimiento de la dieta mediterránea, considerada uno de los patrones alimentarios más saludables. Los resultados fueron claros: las personas con normopeso mostraron una mayor adherencia a este tipo de dieta, mientras que quienes tenían obesidad obtuvieron las puntuaciones más bajas. Además, esta relación se mantuvo incluso al tener en cuenta factores como la edad, el sexo, el nivel educativo, la actividad física o el consumo energético total.

Otro aspecto relevante fue el estilo de vida. Las personas con mayor nivel de actividad física y con estudios más altos tendían a presentar un índice de masa corporal menor, lo que subraya que la obesidad no depende de un solo factor, sino de la combinación de alimentación, hábitos diarios y contexto social.

Según los autores, estos resultados ponen de relieve la necesidad de dejar de centrarse únicamente en las calorías y prestar más atención a la calidad global de la dieta. Promover patrones alimentarios ricos en alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres y aceite de oliva  (como propone la dieta mediterránea) podría contribuir no solo al control del peso, sino también a mejorar la salud nutricional de la población.

El trabajo recuerda, además, que muchas recomendaciones nutricionales se basan en personas con peso normal, por lo que sería necesario seguir investigando para adaptar mejor las guías dietéticas a personas con sobrepeso u obesidad.