El cáncer de páncreas se mantiene como uno de los más letales, a pesar de representar solo el 3% de todos los casos de cáncer en Estados Unidos. Para 2030, se espera que este tipo de cáncer escale posiciones en mortalidad, quedando solo por detrás del de pulmón. La razón principal es la dificultad para diagnosticarlo a tiempo y la complejidad de tratarlo de forma eficiente, a diferencia de otros tipos de tumores que han visto avances considerables.

No obstante, la ciencia no se rinde y avanza con fuerza. Anna Berkenblit, responsable científica y médica de la Pancreatic Cancer Action Network, subraya que nuevas estrategias están en marcha para cambiar el pronóstico de la enfermedad y ampliar las alternativas para los afectados.

Se están desarrollando medicamentos revolucionarios que atacan mecanismos antes considerados inaccesibles. Además, están enfocando esfuerzos en activar el sistema inmunitario para que identifique y combata tumores hasta ahora indetectables. La inteligencia artificial también emerge como una herramienta clave para detectar el cáncer en fases iniciales, cuando el tratamiento tiene mayor eficacia.

  1. Nuevos avances terapéuticos en el cáncer pancreático
  2. Impulso de vacunas para fortalecer la defensa inmunitaria
  3. La importancia del diagnóstico temprano en el cáncer de páncreas

Nuevos avances terapéuticos en el cáncer pancreático

El porcentaje de supervivencia a cinco años oscila solo alrededor del 13%, una cifra preocupante que refleja la resistencia del tumor debido al denso tejido que lo rodea. Esta barrera no solo impide que las terapias lleguen eficazmente, sino que además bloquea la actuación del sistema inmunitario. Por lo general, el diagnóstico se realiza cuando el cáncer ya está avanzado y es difícil de extirpar completamente.

Un avance significativo proviene de los tratamientos dirigidos a la proteína KRAS, presente en más del 90% de los tumores pancreáticos. Las mutaciones de esta proteína mantienen las células en una actividad constante que favorece el crecimiento descontrolado del cáncer. Durante mucho tiempo, atacar esta proteína fue un gran reto debido a que no ofrecía un sitio para que los medicamentos se fijaran.

Recientemente, se han desarrollado fármacos que se adhieren a otras proteínas dentro de la célula para bloquear indirectamente la función dañina de KRAS. En un ensayo con 38 pacientes, el daraxonrasib detuvo la progresión tumoral durante una media superior a ocho meses y redujo la cantidad de ADN tumoral presente en sangre. Con ensayos más amplios en curso y bajo una revisión acelerada por la FDA, se espera que los resultados más definitivos lleguen en la mitad de 2026.

Impulso de vacunas para fortalecer la defensa inmunitaria

Las vacunas en desarrollo no buscan prevenir el cáncer, sino activar el sistema inmunitario para que ataque las células tumorales ya existentes o las que puedan reaparecer. A diferencia de otros tipos de cáncer, el tumor pancreático ha mostrado gran resistencia a estos tratamientos, ya que puede mantener al sistema inmunitario a distancia, según explica Andrew Rakeman, de la Fundación Lustgarten.

Una de las dificultades es el tejido que protege al tumor, que actúa como una barrera contra la inmunidad. Sin embargo, eliminar esta protección permitiría que las defensas se ataquen a las células cancerígenas tras una intervención quirúrgica. En asociación con Elicio Therapeutics, se ha diseñado una vacuna basada en fragmentos mutantes de KRAS que ha dado buenos resultados iniciales: en un grupo reducido, 21 de 25 pacientes consiguieron activar células T, y aquellos con mayor respuesta superaron los tres años de supervivencia con la enfermedad bajo control.

Este avance llevó a la creación de una vacuna dirigida contra siete mutaciones habituales de KRAS, ahora en fase de pruebas con 158 participantes.

Por otro lado, en el Memorial Sloan Kettering se trabaja con vacunas personalizadas según las mutaciones particulares de cada paciente, en colaboración con BioNTech y Genentech. Los pacientes que respondieron a estas vacunas desarrollaron células T específicas que permanecieron activas durante años, lo que prolongó tanto el tiempo sin recurrencia como la supervivencia más allá de dos años. Está previsto un ensayo internacional para validar estos resultados.

La importancia del diagnóstico temprano en el cáncer de páncreas

Detectar el cáncer en sus fases iniciales es fundamental para aumentar las probabilidades de éxito. Compañías como GRAIL están desarrollando pruebas sanguíneas que identifican el ADN tumoral, permitiendo diagnosticar el cáncer antes de que se propague. En un estudio realizado con más de 23.000 personas mayores de 50 años, se detectaron 133 casos de cáncer y la mitad se encontraba en una etapa temprana. Sin embargo, el test también produjo falsos positivos, lo que limita su uso general.

Por este motivo, el cribado temprano se recomienda especialmente para quienes tienen riesgo elevado, como pacientes con antecedentes familiares o anomalías pancreáticas. El estudio CAPS de Johns Hopkins demostró que la vigilancia activa mejora la supervivencia mediana, llevándola casi a diez años frente a 1,5 años en pacientes no controlados.

Además, la combinación de la experiencia médica con inteligencia artificial aplicada a imágenes endoscópicas ha optimizado la detección precoz, permitiendo un pronóstico más acertado sobre el avance de la enfermedad.

También, científicos del MD Anderson han identificado que cambios en el metabolismo de la glucosa y pérdidas de peso inesperadas pueden alertar sobre un cáncer incipiente. Un enfoque clínico que combine pruebas de glucosa con tomografías asistidas por IA podría potenciar la detección temprana y mejorar las tasas de éxito en los tratamientos.

Estas innovaciones apuntan a que, en la próxima década, el cáncer de páncreas deje de ser una de las enfermedades más mortales. Como señala Berkenblit, «en los próximos 10 años creo que veremos una mejora en la supervivencia».