La pasada Semana Santa, Laura Escanes y Joan Verdú protagonizaron una de las imágenes más comentadas del panorama deportivo en redes sociales. Ahora, con la vista puesta en estos días festivos, su experiencia sirve de inspiración para quienes buscan un reto diferente: recorrer una de las rutas ciclistas más espectaculares de Mallorca en plena Serra de Tramuntana. Las imágenes que ambos compartieron entonces —y que acumularon millones de visualizaciones— no solo mostraban el esfuerzo físico, sino también el impresionante telón de fondo del Mediterráneo. Hoy, ese mismo recorrido vuelve a situarse como uno de los planes estrella para esta Semana Santa entre aficionados y deportistas.

El itinerario no está pensado para principiantes. Se trata de un ascenso exigente que obliga a combinar resistencia, técnica y fortaleza mental, con tramos que alcanzan pendientes del 12 %. Precisamente ahí radica su atractivo: en convertirse en un desafío al alcance de quienes buscan superarse sobre la bicicleta. El trazado más emblemático de esta experiencia es la carretera Sa Calobra, un recorrido de 9,9 kilómetros que conecta el nivel del mar con el Coll dels Reis. Con una pendiente media del 7 %, esconde rampas mucho más duras que ponen a prueba incluso a ciclistas experimentados.

Su singularidad no solo reside en la exigencia física, sino también en su diseño. Construida en los años 30 por el ingeniero Antonio Parietti, la carretera despliega 26 curvas de herradura, entre ellas el célebre «nudo de corbata», una curva de 270 grados que se ha convertido en icono del ciclismo europeo. El recorrido atraviesa paisajes únicos de la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2011. Acantilados, vegetación mediterránea y vistas abiertas al mar acompañan cada pedalada.


Un clásico del ciclismo internacional

Lejos de ser una moda pasajera, Sa Calobra lleva años consolidada como lugar de peregrinación ciclista. Figuras como Bradley Wiggins, Chris Froome o Alejandro Valverde han entrenado en estas carreteras, contribuyendo a su fama internacional. Cada año, más de 150.000 ciclistas recorren este puerto, especialmente entre marzo y mayo, cuando las condiciones climáticas —temperaturas suaves y días largos— lo convierten en un destino ideal para el esfuerzo prolongado.

El impacto de rutas como esta va más allá del deporte. El ciclismo se ha convertido en un motor clave para la economía de Islas Baleares, generando más de 300 millones de euros anuales según datos institucionales. El perfil del cicloturista destaca por un mayor gasto medio, estancias más largas y viajes fuera de temporada alta, lo que contribuye a diversificar el turismo tradicional. Para responder a esta demanda, Mallorca ha desarrollado una amplia red de servicios especializados: alojamientos adaptados, alquiler de bicicletas de alta gama y rutas diseñadas por niveles.