La periodista Encarna Snchez.

La periodista Encarna Sánchez.

Pepe Franco/Getty Images

Además de uno de los fenómenos más destacados en la historia de la radio española, Encarna Sánchez ha sido y sigue siendo una fuente inagotable de mitos. Uno de los más recurrentes es el que tiene que ver con la historia de su testamento. Cuando la almeriense falleció, el Viernes Santo de 1996, varias personas de su entorno se pusieron nerviosas al desconocer quién iba a heredar su fortuna estimada en varios millones de euros. Nadie parecía saber si realmente existía un testamento, ya que Encarna evitaba hablar del asunto. Pero todos salieron de dudas cuando sus gestores Gerardo Cordero y Pedro Bonilla, a quienes la finada firmó unos poderes notariales para que pudieran gestionar sus empresas y sociedades, además de encargarse de atender sin retraso sus facturas médicas, acudieron al Registro General de Actos de Última Voluntad y allí les informaron de que sí existía un testamento que databa de noviembre de 1970.

En aquella fecha, tal y como se cuenta en su biografía Encarna, en carne viva, escrita por su jefe de investigación Juan Luis Galiacho y su productor y amigo Pedro Pérez, Encarna tuvo que huir por petición de Carmen Polo, la mujer del dictador que entonces gobernaba nuestro país, que la acusó de haber robado parte de la recaudación de un evento benéfico que ambas habían organizado. Antes de partir hacia América, la almeriense testó a favor de su madre (con una cláusula que nombraba sustituta vulgar a su entonces buena amiga Pilar Cebrián, una actriz radiofónica conocida como Clara Suñer) la única propiedad que entonces tenía: un piso en la colonia madrileña de Mirasierra. Apunte: con el paso del tiempo, la relación entre Encarna y Clara se enfrió y en un momento dado dejaron de tener contacto alguno. Lo que nunca perdió intensidad es el hambre de fama y dinero de una comunicadora que no había tenido una vida nada fácil hasta ese momento.

Nacida en 1935, Encarna era hija de un militar republicano fusilado al finalizar la Guerra Civil. Cuando esto pasó, su madre tuvo que ponerse a fregar escaleras para sacar adelante a su prole, y en un momento dado no tuvo más remedio que internar a Encarna en un orfanato donde, según contó la susodicha a sus allegados, sufrió todo tipo de abusos y humillaciones. A los 14 años, gracias a la mediación de un pretendiente que trabajaba en Radio Almería, empezó a sustituir a una locutora de esa emisora que estaba indispuesta y fue ahí donde comprobó que aquello le gustaba más que cualquier otra cosa. Al cabo de un tiempo hizo la maleta y se fue en busca de gloria a Madrid, donde se hizo con el título de profesional radiofonista y peleó con uñas y dientes un hueco en el entonces machista mundo de la radio. En 1977, tras siete años de periplo americano, Encarna volvió a su país sin un céntimo pero con ganas de seguir demostrando su valía.