Los minerales traza, como el hierro, el zinc, el cobre, el selenio o el yodo, son indispensables para el correcto funcionamiento del organismo. Aunque se requieren en pequeñas cantidades, su déficit o exceso puede alterar procesos metabólicos clave, debilitar el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, neurológicas o metabólicas. A ello se suma la exposición a metales tóxicos como el plomo, el mercurio, el cadmio o el arsénico, que agrava los efectos adversos sobre la salud.

En este contexto, el equipo investigador formado por Marta López-Alonso, Inés Rivas y Marta Miranda, de la Universidade de Santiago de Compostela (Campus Terra, Lugo), revisó la evidencia científica reciente sobre el uso del suero sanguíneo como matriz analítica para evaluar el estado mineral humano. El trabajo, publicado en la revista Nutrients, subraya que el análisis multielemental mediante técnicas avanzadas como la espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente (ICP-MS) constituye una herramienta precisa, accesible y escalable para estudiar tanto el estado nutricional como la exposición ambiental.

Estado nutricional

El estudio destaca que la determinación sérica de minerales esenciales refleja de forma fiable el estado nutricional individual, mientras que la medición de elementos tóxicos permite estimar la exposición y sus posibles efectos a largo plazo. Frente a los métodos tradicionales basados exclusivamente en la estimación del consumo dietético, el análisis directo del suero ofrece una visión más real del equilibrio mineral del organismo. Este enfoque resulta especialmente útil en sociedades donde factores como la edad, el patrón dietético o el entorno influyen de manera significativa en la biodisponibilidad de los micronutrientes.

Las autoras subrayan que los desequilibrios minerales constituyen un problema de salud global, aunque con manifestaciones distintas según el contexto socioeconómico. En los países con menos recursos predominan las deficiencias de hierro, zinc o yodo; en los de ingresos altos son más frecuentes los déficits subclínicos de selenio o zinc, junto con una mayor exposición crónica a metales pesados. En los países de renta media, ambos fenómenos coexisten, lo que exige estrategias integradas de salud pública.

Interacciones

Además de describir las funciones fisiológicas de cada elemento, la revisión analiza las interacciones entre minerales esenciales y tóxicos, que pueden potenciar o inhibir su absorción. Por ejemplo, el cadmio compite con el zinc, el mercurio se une al selenio y el plomo interfiere con el metabolismo del hierro y el calcio. Estas interacciones refuerzan la necesidad de una evaluación multielemental simultánea para interpretar correctamente los resultados clínicos o epidemiológicos.

El trabajo también aborda el papel de los desequilibrios minerales en grandes problemas de salud pública, como las enfermedades cardiovasculares, asociadas al estrés oxidativo y la inflamación; la diabetes tipo 2, en la que la deficiencia de cromo o zinc y el exceso de arsénico o mercurio afectan a la sensibilidad a la insulina; el cáncer, donde se observan alteraciones en los niveles de cobre, zinc y selenio; y los trastornos neurodegenerativos, en los que la acumulación cerebral de hierro, cobre o manganeso, junto con la exposición a metales pesados, contribuye al daño neuronal.

Detección precoz

El artículo concluye que incorporar la evaluación sérica de minerales en los programas de salud pública y en la práctica clínica puede mejorar la prevención y el tratamiento de numerosas patologías. Este enfoque permite la detección precoz de desequilibrios, la personalización de las recomendaciones dietéticas o suplementarias y la identificación de exposiciones ambientales relevantes para la salud poblacional.

En palabras de las autoras, avanzar hacia una “nutrición de precisión” basada en biomarcadores objetivos facilitará intervenciones más eficaces, contribuirá a reducir las desigualdades en salud y optimizará el uso de los recursos sanitarios. El análisis de minerales en suero se perfila así como un puente clave entre la nutrición clínica, la salud pública y la medicina preventiva.