La relación entre Diego Albarracín Muñoz y el hijo de su pareja, Juan David O. M., detenido por matarle, era «tensa» y ya habían mantenido … otros enfrentamientos anteriores. Fue al día siguiente de que el joven se instalase a vivir en casa en Villaviciosa de su madre y su padrastro cuando se desencadenó la tragedia.

«Habían tenido alguna discusión antes, siempre por culpa del hijo de mi marido, pero no podíamos imaginar que acabase así la cosa…», lamenta la viuda, quien exculpa a su hijo: «Lo hizo para defenderse». Según se desprende las investigaciones de la Guardia Civil, Juan David Ospina, empuñó un cuchillo de unos 30 centímetros de hoja y atacó al marido de su madre. Le causó una profunda herida en el cuello que acabó por causarle la muerte.

La víctima, de 44 años, de origen colombiano igual que el detenido, salió de la vivienda en la calle Plácido Jove Hevia para buscar ayuda. Se desplomó en el descansillo del entresuelo, tal y como avanzó EL COMERCIO. Fue allí donde lo encontró el camarero de un bar próximo que se dirigía al piso en el que tienen el vestuario. El presunto agresor estaba justo al lado del cuerpo inerte. Dijo inicialmente que se había caído, sin embargo, cuando llegó la Policía Local y la Guardia Civil confesó que lo había matado él, «en defensa propia». Sacó el cuchillo de entre la ropa y se lo entregó a los agentes, al tiempo que les decía: «Ya había matado a otro hombre en Colombia».

Este extremo fue rechazado por su propia madre, que puntualizaba que «le intentaron relacionar con un joven al que mataron las ‘barras’ del equipo al que él pertenecía, pero no tuvo nada que ver con el asunto».

Diego Albarracín Muñoz llevaba varios años instalado en Villaviciosa, donde se dedicaba al cuidado de personas mayores. Tiene dos hijos de corta edad con la madre de su presunto asesino y al menos otro mayor de edad. En el piso vivían todos ellos y desde un día antes del crimen, también el hijo de su pareja, su esposa y su hija de corta edad.

Las relaciones familiares eran tensas desde hacía tiempo y los gritos y conflictos «eran habituales», según señalaron los vecinos del edificio. «Aquí cada uno va a lo suyo y no los conocíamos casi, pero cada poco tiempo había peleas. El día que lo mataron escuchamos un portazo muy fuerte y a alguien salir gritando, nos dio miedo y cerramos bien la puerta, fue luego al mirar por la ventana de la calle cuando vimos a la Guardia Civil y luego llevarse un cadáver», relatan los vecinos.