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El cáncer de mama triple negativo no responde a los tratamientos convencionales. De ahí sus ‘apellidos’ triple negativo, ya que las células tumorales no tienen, en su superficie, ninguna de las tres dianas a las que apuntan los fármacos diseñados contra los cánceres de mama más habituales. Además, suele tratarse de cánceres agresivos, que avanzan con rapidez y que se detectan, especialmente, en mujeres jóvenes. En total, alrededor del 15 % de todos los cánceres de mama son triple negativos.
Cuando se detecta en sus primeros estadios, se puede realizar una extracción exitosa y eliminar los tumores más pequeños mediante radioterapia o quimioterapia. Lamentablemente, en este tipo de cáncer en concreto, detectarlo temprano es la excepción y no la norma, porque afecta sobre todo a un grupo poblacional al que todavía no se le realizan revisiones rutinarias.
Esta es una de las razones por las que el riesgo de recaídas también es mayor que en otros cánceres, lo que disminuye el ratio de supervivencia y lo convierte en uno de los más preocupantes. Por ello, cualquier nueva estrategia que ayude a complementar los tratamientos actuales es, siempre, bienvenida. Cuantas más armas apunten al tumor en su conjunto, menos posibilidades hay de que una célula tumoral esquive el impacto, se reproduzca y reaparezca en un futuro.

Y en este punto es donde entran las vacunas de ARN mensajero, una tecnología que en los últimos años ha demostrado su valía a la hora de dirigir al propio sistema inmunitario de la persona contra un objetivo concreto. En la pandemia del COVID-19 la vacuna se diseñaba contra la proteína Spike del virus SARS-CoV2, pero modificando las instrucciones también es posible dirigirla contra células tumorales.
Un estudio con 14 pacientes que sienta un precedente
Los resultados presentados por el equipo de Özlem Türeci, con Uğur Şahin a la cabeza abren, sin duda, una puerta a la esperanza, e indican hacia dónde podrían dirigirse las futuras investigaciones contra el cáncer. Muchos otros científicos consideran incluso que esta tecnología podría suponer un cambio de paradigma acerca de cómo entendemos el papel que juega nuestro sistema inmunitario en la enfermedad. Por este motivo, ambos investigadores junto con Katalin Karikó recibieron el premio Paul Ehrlich and Ludwig Darmstaedter en 2022, para muchos considerado la antesala del Nobel (Un acierto en el caso de Karikó).
Freunde der Universität, Uwe Dettmar
Las tres ganadoras del premio (de izquierda a derecha) Uğur Şahin, Özlem Türeci y Katalin Karikó. A la derecha se encuentra Bonnie Bassler, ganadora del premio en 2021.
En el estudio, los investigadores reunieron a 14 pacientes que habían sido diagnosticadas con cáncer de mama triple negativo en estadio temprano. Tras extirpar el tumor, en vez de descartarlo como desecho biológico, tomaron una muestra y la secuenciaron, es decir, leyeron su ADN. Además de esto, secuenciaron también una muestra sana de las pacientes y, así, pudieron comparar la muestra sana con la cancerosa y hallar mutaciones que transformaban a las células en cancerígenas.
Pero lo que buscaban los investigadores no era comprender el origen del cáncer, sino encontrar objetivos a los que poder atacar. En inmunología, estas dianas reciben el nombre de neoantígenos. Una vez encontraron los objetivos deseados, seleccionaron los 20 neoantígenos que tenían mayor probabilidad de funcionar y, los retrotradujeron a una molécula de ARN. Así, tenían en su poder una forma de indicarle al sistema inmunitario de las pacientes que, si encontraban cualquiera de esos neoantígenos en cualquier célula del cuerpo, la destruyeran.
Los casos en los que no funcionó
Seis años tras la inyección, 11 de las 14 pacientes no presentaron recaída, lo que indica que el sistema inmunitario pudo destruir por completo todas las células tumorales que podían quedar en su organismo. De las tres pacientes en las que el cáncer volvió a hacer aparición, una de ellas fue la que recibió la dosis más pequeña de la vacuna, aunque después pudo librarse completamente de los tumores mediante otro tratamiento.

En otro de los casos el tumor había evolucionado para no presentar los antígenos, o dianas en su superficie. Esto provocó que, aunque el sistema inmunitario tenía los “carnés de identidad” de las células tumorales que debía atacar, no las podía encontrar, porque se habían camuflado para no levantar sospechas. Por tanto, el sistema inmunitario no podía detectar el tumor. En el último caso en el que la vacuna no pudo eliminar todas las células fue porque no se trataba de un cáncer de mama triple negativo, sino de una clase distinta, llamada BRCA positivo, que era diferente genéticamente.
Por qué se trata de un avance tan impresionante
En el resto de las pacientes, la vacuna funcionó exactamente como los investigadores la diseñaron. El sistema inmunitario de las propias pacientes destruyó todas las células cancerígenas y evitó la recidiva del tumor. Además, los efectos secundarios fueron mínimos o inexistentes. Por ello, tanto los autores, como otros muchos expertos consideran que se trata de un estudio con unas implicaciones trascendentales en el abordaje del cáncer triple negativo.
Hasta la fecha, los tumores de cáncer de mama triple negativos se consideraban “tumores fríos”, es decir, tumores contra los que el sistema inmune no actuaba, por lo que era prácticamente imposible desarrollar ningún tipo de inmunoterapia, una de las herramientas más efectivas contra el cáncer. Pero gracias a las vacunas de ARN mensajero, esta es la primera vez que se consigue “calentar” uno de estos tumores, hacerlo visible para el sistema inmunológico.
Así pues, en este avance convergen cientos de estudios que han permitido alcanzar el profundo conocimiento que el ser humano tiene sobre un sistema tan complejo como es el inmunitario. Un conocimiento que se puede aplicar desde la medicina para conseguir curar enfermedades que antes eran incurables.