Christine Ruiz-Picasso visitó Málaga por primera vez en 1954. Acompañaba a quien entonces era su novio, Paul, el hijo del pintor más célebre de … todos los tiempos. Su padre le había encargado reunirse con Juan Temboury, historiador de arte y conservador de la Alcazaba, quien le había propuesto enviar obras a su tierra natal. Pero en plena dictadura franquista, las autoridades no estaban por la labor de facilitar el regreso, aunque fuera simbólico, de un comunista declarado. Ese intento no salió adelante, pero fue el germen de lo que hoy es el Museo Picasso Málaga (MPM). «Aquel viaje lo hizo Paul para cumplir el deseo de Picasso de tener obras suyas aquí», declaró la nuera del artista el día antes de la inauguración de la pinacoteca.

Christine Ruiz-Picasso convirtió ese sueño frustrado del pintor en un empeño personal. Con el tiempo, haciendo memoria, reconocería en una entrevista a este periódico lo mucho que significó para ella poder cumplirlo. «El museo es como un hijo para mí, es el producto de una voluntad creadora, que no es una voluntad egocéntrica, y parte del deseo de dar a Málaga un museo, como el mismo Pablo Picasso había expresado en vida», declaró.
Descubrir el «entusiasmo de los malagueños por Picasso» en los años 90 motivó el inicio de las conversaciones para crear la pinacoteca
El siguiente hito en la génesis del MPM sucedería cuarenta años después de aquella primera visita a Málaga. El Palacio Episcopal inauguró en 1992 la exposición ‘Picasso Clásico’, todo un acontecimiento en la ciudad que suponía el reencuentro del artista con su tierra casi 20 años después de su muerte. Comisariaba la muestra Carmen Giménez, quien con el tiempo sería la primera directora del museo. Allí se conocieron ambas mujeres. «Ante el entusiasmo de los malagueños decidí exponer mi colección personal en 1994 en el mismo Palacio Episcopal y fue a partir de ese momento cuando recuperé la idea de hacer realidad el deseo de Picasso», explicó la propia Christine. Si no se hizo antes, dijo en otra ocasión, fue por la muerte «prematura» de Paul: Picasso falleció en 1973 -antes de la muerte de Franco- y su hijo lo hizo apenas 18 meses después.
El texto que la nuera de Picasso escribió para el catálogo de esa exposición de 1994 expresaba con enorme claridad su propósito: “He elegido Málaga como sede de esta primera exposición por distintos motivos. Ante todo, Málaga fue ciudad natal de Picasso. En el curso de las visitas que le hacíamos en el Midi, solía manifestarnos su apego a la tierra andaluza (…) El flamenco era su música preferida. Reivindicaba su origen andaluz y protestaba cuando un periodista mal informado hablaba de ‘Picasso, el pintor catalán’. Pero lo que más le indignaba era la idea de que su obra no estuviera representada en Andalucía. Repetía que Málaga debía tener el más bello museo de Picasso y lo decía muchas veces dirigiéndose a Paul”.
Esa idea se materializó poco después en un gesto sin precedentes que marcó un antes y un después en la historia cultural de Málaga: Christine Ruiz-Picasso y su hijo Bernard hicieron pública su intención de donar a la ciudad su colección particular, obras que recorren ocho décadas de trabajo del artista universal y que muestran su lado más personal. No en vano, son los cuadros, la cerámica y los dibujos que quiso conservar el propio Picasso y su familia.
La Junta de Andalucía, tras muchas conversaciones, recogió el guante y lideró el proyecto museístico con la adquisición en 1997 del Palacio de Buenavista, en la calle San Agustín. En 1998 se certificó la donación de 233 obras, algunas de ellas nunca vistas, de la recién creada Fundación Paul, Christine y Bernard Picasso (que después se fusionaría con la Fundación Museo Picasso Málaga para crear una institución nueva).
El camino hasta llegar ahí no fue fácil. La hemeroteca guarda numerosas páginas con declaraciones cruzadas y momentos de punto muerto en los que las negociaciones no avanzaban. Christine Ruiz-Picasso tuvo claro desde el principio que la sede tenía que ser el Palacio de Buenavista, aunque otras voces apuntaran al Palacio Episcopal. Ella siempre perseveró en su objetivo. «Tengo un compromiso moral con Málaga y quiero cumplirlo», dijo en una ocasión durante el proceso.
Las obras de rehabilitación
Con el acuerdo ya de todas las partes, comenzó el reto de convertir un edificio del siglo XVI en un museo contemporáneo. El Palacio de Buenavista albergaba en esos momentos el Museo de Bellas Artes de Málaga, lo que obligó a almacenar sus fondos hasta la inauguración muchos años después del Museo de Málaga en La Aduana, fruto de la movilización ciudadana. «La principal dificultad fue transformarlo en una institución que respetara los estándares museísticos modernos», recordaba Christine.
En junio de 2001 comenzaron oficialmente las obras de reforma en el Palacio de Buenavista, unos trabajos que costaron unos 66 millones de euros. «El museo tuvo que ser prácticamente reconstruido por completo y los descubrimientos arqueológicos hicieron que el proyecto se tornara aún más complejo (…) Fue entonces cuando el proyecto se convirtió en un proyecto cultural más importante y se añadieron una serie de espacios dedicados a exposiciones temporales, el centro educativo, el auditorio y la biblioteca. En ese momento, el apoyo de mi hijo a este proyecto resultó decisivo», reconocía ella en una entrevista.
En la rueda de prensa previa a la inauguración, el 27 de octubre de 2003, se la veía emocionada y feliz, con la sensación de una misión cumplida. Cuatro años después no ocultaba su orgullo en una entrevista con motivo del aniversario: «Parece que ha sido un catalizador y ha dado lugar a la apertura de otros muchos lugares dedicados al arte en Málaga. Ha sido un efecto de emulación en aras del conocimiento del mundo artístico por parte de los malagueños. Esta apertura del museo ha permitido a Málaga ponerse a la par de otras grandes ciudades».
Sus fondos, junto los de su hijo Bernard, siguen siendo el corazón del museo, que se complementa periódicamente con la selección de obras procedentes de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, con préstamos ocasionales y con adquisiciones de la propia institución. Hoy es la pinacoteca más visitada de Andalucía, con casi 800.000 entradas en 2025.