Siempre educado, discreto y comedido, solo da facilidades y muchas respuestas, aunque sea a costa de minutos y minutos de charla. Pablo Carreño (Gijón, … 1991) ya conoce su ruta más inmediata una vez garantizada su presencia entre los cien mejores del ránking: Trofeo Conde de Godó, Roland Garros y, posiblemente, Wimbledon. Tras un pequeño parón que le trajo a su ciudad natal, ya trabaja en el TEC Carles Ferrer Salat, donde coincide con una joven promesa asturiana: Paola Piñera.
–¿Se ha tomado un descanso? Se ha bajado de la cita de Bucarest.
–Planeé hacer Murcia, Alicante y Bucarest, pero, como me fueron bien los dos primeros torneos, cumplí además el objetivo de clasificarme para Roland Garros, de meterme entre los cien primeros del ránking, y llegué un poco al límite a la final de Alicante, decidimos parar. Si vas forzando y vas forzando, al final puedes lesionarte. Hay que cuidar el físico.
–El objetivo era claro, ¿no? Jugar Roland Garros.
–El corte se hace esta semana. El año pasado estuve peleando hasta el último momento, pero en esta ocasión llegué con un poco más de margen y pude pasar unos días en Gijón con la familia, descansando tranquilo. Esta semana ya viene el Trofeo Conde de Godó.
–¿Cuál es la magia de París?
–Es un grand slam. Lo interesante es estar en estos torneos, que son los mejores, donde a uno le gusta jugar. Además de Roland Garros, con estos resultados, yo creo que prácticamente garantizo la entrada en Wimbledon.
–Ha sido un buen arranque.
–Me costó un poquito en enero y en la primera mitad de febrero porque, sin acabar de jugar mal del todo, tampoco llegaron los resultados. Por ejemplo, en Australia jugué un gran partido, pero perdí en primera ronda. Yo creo que, a partir de Doha, cambié un poco la dinámica. Empecé a ganar partidos, pasé las dos fases previas y después vencí un partido en Dubái. Y luego en Murcia y Alicante se confirmó.
–¿Y cuanto hay de talento y cuánto de sacrificio?
–Cuando me lesioné, estaba cerca del diez del mundo y, cuando volví, había perdido todo el ránking. Me costó mucho recuperarme de la lesión, pero también me ha costado recuperar el nivel y la confianza. Pero, poco a poco, lo estoy consiguiendo. El año pasado también estuve parado por el nacimiento de mi hijo. No jugué durante un mes y medio. Ahora tengo un poco de margen para ganar partidos, sumar puntos, mejorar en el ránking, asentarme entre los cien primeros y, a partir de ahí, ir más tranquilo y disfrutar más.
–¿Cómo se encuentra de físico?
–El codo está perfecto. Físicamente voy bien. Algunos dolorcillos o molestias que puede tener todo jugador, pero nada grave.
–Me decía que había pasado unos días en Gijón. ¿Es fácil desconectar para una persona que vive pegado a una maleta?
–Sí, la experiencia te lo va dando. Además, ahora, cuando estoy con mi hijo, desconecto totalmente del tenis y me centro en él. Eso también me ayuda, cuando vuelvo otra vez a la pista, a estar al 100%.
–¿Es sencillo compatibilizar su responsabilidad en las pistas con esa vida familiar?
–La exigencia que tengo ahora fuera de las pistas en mucho mayor. Antes solo la tenía dentro de ellas y, ahora, cuando las cosas no van tan bien, sabes relativizar un poquito más los problemas.
–¿Cree que la gente idealiza mucho este deporte desde fuera?
–Yo creo que no solo el tenis. Le diría con todos los deportes. Lo que se ve en la televisión es gente que está en los mejores lugares del mundo, en las mejores pistas, en los mejores estadios, con mucho dinero o un poco menos, pero con más que la gente normal, con fama… Todo es bonito. Pero, detrás, hay mucho esfuerzo, sacrificio, lesiones, momentos en los que igual te gustaría estar más tiempo con tu familia o tus amigos y no puedes. Al final, la gente cercana eso sí lo ve y lo valora.
–¿Qué es más duro de llevar? ¿Los entrenamientos, los viajes, estar fuera de casa…?
–Los entrenamientos y los viajes son cosas que llevo haciendo desde los quince años. Lo más duro es perderse momentos importantes junto a las personas que más quieres. Cuando tienes veinte años, priorizas otras cosas, como estar con tus amigos de vacaciones en julio o irte de fiesta a no sé dónde. Pero, ahora mismo, lo que más priorizo es estar con mi hijo, que vaya aprendiendo cosas, verlo crecer. Cuando estoy en una gira de torneos de cinco semanas, al regresar lo veo cambiado.
–¿Y, cuando vuelve, ¿es capaz de ser uno más, de hacer cosas que hacen sus amigos?
–Poco a poco, sí porque, como le decía antes, mi prioridad ya no es 100% el tenis, que sigue siendo muy importante, pero no es mi prioridad número 1. Es mi familia. Pero, aun así, sigo haciendo muchos esfuerzos para poder jugar, que también tienen recompensa.
–¿Pasa inadvertido cuando regresa a Asturias?
–A ver… En Gijón me van reconociendo más porque es una ciudad más pequeña y no hay tantos deportistas de primer nivel. Pero no me molesta ni me sienta mal. Sí que es verdad que otros sitios cuesta un poco más porque, al final, tengo la buena o mala suerte de que he coincidido con Nadal, Alcaraz… Ellos ocupan las portadas y eso hace que los demás seamos un poquito más desconocidos.
–¿Llega a comprender el interés que generan los deportistas de primer nivel como usted?
–Sí lo entiendo porque al final, cuando yo era joven, no un tenista profesional, me gustaba mucho el deporte y, cuando podía estar cerca de un profesional, obviamente me ilusionaba. El deporte tienen unos valores muy buenos y tenemos que inculcarlos también en la gente joven.
–¿Considera entonces que un deportista de primera línea debe ser ejemplar?
–Hombre, yo creo que sí. Va un poquito en la profesión. No hay que dar una mala imagen porque, al final, tienes a muchas personas, mucha gente joven, viéndote, queriendo parecerse a ti… Se debe dar un poco de ejemplo.
–¿A quién ha tenido para inspirarse, como modelo?
–Mi tenista favorito siempre fue Juan Carlos Ferrero. Cuando tenía nueve o diez años, ganaron la Copa Davis y Ferrero firmó el último punto. He tenido la suerte luego de compartir con él muchas cosas, de aprender mucho de él, de estar muy cerca de él.
–¿Cómo ha visto desde fuera el divorcio de Ferrero y Alcaraz?
–Un poco inesperado. Creo que como ellos. Son dos grandes personas. No va a haber ningún problema personal entre ellos y pronto se arreglará todo.
–¿Y cómo vivió que su entrenador, Samu López, se marchara con Alcaraz para sustituir a Ferrero?
–Me pilló por sorpresa porque ya estábamos planeando la próxima temporada. En ningún momento le he reprochado nada. Es una decisión entendible. Es como si te llama el Madrid o el Barcelona, ¿sabe? Fue un momento complicado porque no fue fácil buscar un entrenador en ese momento.
–A Alcaraz se le ha tachado de estar poco comprometido…
–Es un chaval que ha llegado a la fama muy rápido, muy joven, que, de repente, ha pasado de estar normal con sus amigos a no poder salir a la calle. Eso que a mí no me pasa, a él sí le pasa. Que con 22 años quiera irse de fiesta, pues, muy bien, siempre y cuando dé después en la pista el 100%.
–Comparte instalaciones en el TEC Carles Ferrer Salat con una joven promesa asturiana: Paola Piñera.
–Sí, entrena en las mismas instalaciones. Hoy mismo la he visto. Es una chica muy joven, que está tranquila, entrenando y jugando bien. De momento va haciendo los deberes. Hay que dejarla con clama. Cada uno va a su ritmo. No meterle presión, prisa. Que vaya disfrutando.