Se cumplió el deseo de Igor Antón. «Tengo ganas de que llegue la fuga», expresaba en la salida. El diseñador de la etapa de Galdakao … quería una emoción doble junto a los niños de su escuela. «Primero con unos y luego a disfrutar con los de la general». Lo tuvo todo en uno. El triunfo se lo llevó Alex Aranburu, procedente de una numerosa escapada. Atrapado y ayudado por su compañero Ion Izagirre, el primero en darle la espalda a Seixas en una Itzulia que sigue manejando con solvencia. Esta vez no pudo rematar. La pegada la exhibió el ciclista de Ezkio. El poderío vasco.
La rabia animó al guipuzcoano. Su etapa parecía la de Basauri. Un muro a su medida. Pero se le escapó el tren de la fuga. Impotencia. «Estaba con pena», lamentó. Cuando vio entrar el sol por la ventana de su habitación entendió que era una nueva oportunidad. Se lo grabaron en la cabeza sus dos directores vizcaínos, Gorka Gerrikagoitia y Bingen Fernández. Y tendría más colaboradores. Antes de coronar el Vivero por la nueva vertiente de Legina, cuando las piernas más quemaban, el padre de Ion Izagirre le echó agua por encima. Su hijo, abajo, colaboraría en los vibrantes metros finales. Llegó con todo desde atrás. Fuerza. Fue un señuelo para los otros escapados. Permitió a Aranburu calcular y culminar la reivindicación del ciclismo vasco. Su camaradería. Fraternidad. El crédito de Cofidis.
Hay otra cosa que los vascos suelen hacer mejor que el resto de ciclistas. Descender puertos. Las reviradas carreteras les dan arrojo. Experiencia. Paul Seixas, con 19 años, ya sabe que eso es un grado. Por eso, quiso aprovechar bien el pasado domingo. Reconoció la contrarreloj de Bilbao y el equipo también le llevó a conocer la bajada del Vivero. En San Miguel de Aralar ya demostró ser un gran bajador. Ayer soltó a Lipowitz y Roglic, los únicos rivales que le quedan en carrera, cuesta abajo. «Estaba todo bajo control», dice sonriendo. Les sacó otros 20 segundos. Se acerca a la txapela. Este viernes le espera Eibar, la etapa reina. «Si puedo ganar lo intentaré, pero tampoco hay que volverse loco».
Loco, de broma, es lo que le dicen algunos compañeros de pelotón a Ion Izagirre. «¿Pero cómo te vas a retirar?». A los 37 años, vive una segunda juventud que le va a permitir dejar el ciclismo por todo lo alto. Veremos si con un podio en la Itzulia. Sería el séptimo. Tiene ya seis y está a solo un segundo de la dupla del RedBull-Bora. No tiene alergias y sí un equipo volcado. «Vamos a correr por ese objetivo», le devuelve Aranburu.
Su palmarés aún no es tan extenso. Pero, como Izagirre, va camino de hacer de la Vuelta al País Vasco su vivero. Diez triunfos en total y tres son en la Itzulia. La primera, en Sestao, 2021, la logró en solitario tras un perfecto trabajo en equipo con Omar Fraile. La segunda, en 2025, debía ser la más especial. En Beasain, al lado de su casa. Se la quitaron por no pasar la rotonda por donde estaba cortado pero marcaba el libro de ruta. Los jueces se la acabaron devolviendo, pero el desenlace ya se había convertido en pesadilla. Las lágrimas de su familia y amigos hace un año se convirtieron este jueves en rostros de alegría. Johannessen se le agarró en su ataque final en el Vivero. Le soltó en la bajada, pero contactó en los cuatro kilómetros llanos que quedaban. «Pero me quedaba algo de energía». La puso toda en la celebración.
El ciclismo vasco sigue dando la talla en la élite. También por el pelotón español. La Itzulia no arrancó bien. En la crono inicial en Bilbao no hubo ningún ciclista nacional entre los diez primeros. No ocurría desde 1993. Después abandonó Landa. Ayer Ayuso, por problemas estomacales. «Fui más rápido desde la meta hasta el autobús para ir al baño que en la propia etapa», dijo en la salida. Al llegar a la costa de Bizkaia se cayó y no pudo aguantar más.
Igor Antón ni sabe las veces que ha subido al barrio de Elexalde. «Es la subida que me hizo ciclista». Por eso quiso poner la meta allí, junto a la iglesia, como no, de Andra Mari, la cima del municipio de Galdakao. «El Vivero es de Galdakao», reivindica Antón. «Que quede claro que la mayor parte y la cima, el Ganguren, es de Galdakao». Y Galdakao es de Alex Aranburu.
Triple homenaje
La salida se dio en la calle Juan Bautista Uriarte. Allí creció Ramontxu González Arrieta, homenajeado también en la salida junto al olímpico Iñaki Astigarraga, con el brazo en cabestrillo. En Galdakao también llegó a vivir Roberto Heras, en el piso que le facilitó Miguel Madariaga y luego ocupó Samuel Sánchez. La Itzulia hacía tiempo que no se paraba en esta cuna de ciclistas.Desde 1996. Ganó Francesco Casagrande. Antón quería esta vez un ganador local.
El exciclista tenía un guión en su cabeza. «Ojalá se metan en la fuga Pello Bilbao o Ion Izagirre». El de Gernika no lo tenía entre sus planes. «En principio no tengo intención de moverme a la fuga». El de Ormaiztegi era séptimo en la general. No iba a tener ese beneplácito. Aranburu sí. Costó casi 80 kilómetros formar la fuga. El UAE la buscó con todos sus corredores. Envió por delante a Brandon McNulty, perseguido luego por 33 ciclistas. «Tenía miedo de unos cuantos». Marc Soler, Scaroni, Fortunato, Guillaume Martin, Johannessen… otra vez con la miel en los labios. También Haimar Etxeberria y el trío naranja del Euskaltel-Euskadi, con Txomin Juaristi, Gotzon Martín y Jonathan Lastra. La formación naranja sigue haciendo lo que tiene que hacer.
El guión parecía el de una jornada de la tercera semana del Tour. Pero el recorrido tenía la esencia vasca. El perfil emulaba la dentadura inferior de un animal hambriento. Como los perros que le salían a Antón de niño cuando subía por el kilómetro de Elexalde.
«Hasta el rabo, todo es toro», enseña Patxi Vila en inglés a la prensa extranjera. Lipowitz, un jabato, probó a Seixas en la primera subida a Elorritxueta. Roglic, en la segunda. En la tercera, Seixas guardó para sorprenderles en la bajada. A su rueda se le agarraron Izagirre y Pello Bilbao. El otro ganador de la etapa. Poderío vasco.