La quema de un muñeco de Netanyahu ha colocado al pequeño municipio malagueño de El Burgo, con menos de dos mil habitantes, en el centro … de una polémica internacional. Su alcaldesa, Mariló Narváez, no sale de su asombro. Atiende a este periódico abrumada por la avalancha de llamadas recibidas después de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel decidiera elevar a incidente diplomático la combustión de una figura de siete metros que representaba al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la tradicional quema del Judas que esta localidad de la Sierra de las Nieves celebra cada Domingo de Resurrección.
«Es increíble la polémica que se ha generado», reconoce la regidora socialista, todavía sorprendida de que una costumbre tan arraigada en el pueblo haya acabado en la agenda política y mediática: «A nosotros nos preocupa más el asesinato de niños en Gaza». Narváez insiste en que la lectura que se está haciendo del acto no se corresponde con el sentido que tiene la tradición: la quema del Judas forma parte del calendario festivo desde hace décadas y consiste en prender fuego a una figura que simboliza el mal y que la Semana Santa desea dejar atrás.
Israel considera el gesto «una lamentable muestra de odio antisemita»
En esta ocasión, el Ayuntamiento optó por simbolizar en la figura del primer ministro israelí el rechazo a la guerra y al genocidio en Gaza. «En este momento decidimos que el ‘no a la guerra’, el genocidio… Otros años hemos quemado la violencia machista, la pederastia, la corrupción, el terrorismo…», señala la alcaldesa. Pero el Gobierno israelí no ve el asunto con los mismos ojos y este sábado ha anunciado la convocatoria de la encargada de negocios de la Embajada española en Tel Aviv, Francisca Pedrós Carretero, para trasladarle una protesta formal tras la difusión en redes sociales de un vídeo de la voladura del muñeco. En ese mensaje, el Ministerio de Exteriores israelí califica lo ocurrido como «una lamentable muestra de odio antisemita» y lo vincula directamente con el clima político generado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. El gesto ha situado a esta pequeña localidad malagueña en el centro de la controversia.
«Aquí se quema todo lo malo después de la Semana Santa para que el Domingo de Resurrección resucite lo bueno», explica la alcaldesa, que admite que la dimensión que ha adquirido la polémica le ha sobrepasado: «Nos sorprende que les preocupe más la quema de un muñeco que el asesinato de civiles y de niños en Gaza». Desde el Ayuntamiento insisten en que la finalidad de la quema del Judas no es señalar a ningún pueblo ni alimentar enfrentamientos, sino expresar de forma simbólica el rechazo a injusticias, en este caso la guerra.
Preocupaciones sociales
La figura cambia cada año precisamente para reflejar preocupaciones sociales del momento, lo que explica que en cada edición se ponga el foco en un problema distinto. La quema de figuras simbólicas, por otra parte, es una tradición extendida en España, con su máxima expresión en las Fallas valencianas, donde cada año arden monumentos satíricos que representan a personajes públicos de todos los ámbitos.
La reacción del Ejecutivo israelí, sin embargo, se produce en un contexto de creciente tensión política entre ambos países por la ofensiva militar en la Franja de Gaza, que ha provocado en los últimos meses un cruce de declaraciones entre dirigentes israelíes y miembros del Gobierno español. En ese clima, la difusión del vídeo de la quema del muñeco por parte del Ministerio de Exteriores israelí ha amplificado un acto que, en su origen, responde a una histórica tradición de este pueblo malagueño.