El cierre de la ronda vasca, con un trazado de casi 3.000 metros de desnivel, estuvo lleno de atractivos por la incertidumbre del podio, la alternativa de movimientos en la cabeza y la lluvia, después de cinco días de sol.

También por la actitud de Seixas, quien quiso dar un motivo más para pensar que podría ser el elegido para poner fin a la larga sequía de títulos en el Tour de Francia de un corredor francés desde el que conquistó Bernard Hinault en 1985.

El corredor de Lyon, de ascendencia portuguesa, se ha convertido en un puñado de carreras en la gran sensación del ciclismo mundial, con permiso de su gran dominador, el esloveno Tadej Pogacar, de 27 años.

El triunfo en la vuelta vasca, también en puntos, montaña y joven, es uno de los más destacados de Seixas en su segunda temporada como profesional, después de ganar el pasado año el Tour del Porvenir y la medalla de bronce en el campeonato de Europa en ruta por detrás de Pogacar y del belga Remco Evanepoel.

A pesar de no parar de caer agua en toda la ruta, no faltaron los movimientos en la primera mitad de la carrera, con un grupo de cinco fugados que hicieron de punta de lanza, con Mar Soler (UAE) y Juan Pedro López (Movistar), los daneses Mattias Skjelmose (Lidl Trek) y Peter Oxenberg (Ineos) y el irlandés Ben Healy (EF Education).

A una distancia corta, una treintena de corredores de segunda fila, con Johannessen como mejor colocado en la general y que a la postre le valdría subir al podio.

A 60 kilómetros, Javier Romo (Movistar) movió ficha e insufló nervio al ritmo. Tras este aperitivo, llegó el primer plato, cocinado por el mismísimo líder, quien sorprendió a sus rivales con un acelerón a lo Pogacar en la segunda subida a Elosua, a 56 kilómetros de meta.

Un movimiento enfocado más como una acción defensiva que ofensiva al permitirle hacer el descenso a Azkoitia con más calma en un asfalta resbaladizo.